«El rechazo a las macrogranjas es masivo en la comarca»

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El portavoz de la plataforma Pisoraca y comarcas vivas asegura que industrias como las proyectadas en Palencia y Burgos «no solo no frenan la despoblación, sino que la aceleran». Como alternativa, solicita un mayor apoyo a la producción local

«Defienden las macrogranjas los implicados en el proyecto» – Foto: Juan Mellado

Pisoraca y comarcas vivas es una plataforma de reciente creación cuyo objetivo es informar a la población y evitar la instalación de 14 macrogranjas en las provincias de Palencia y Burgos. Como alternativa al proyecto presentado por Decamed Trading SL, el colectivo exige iniciativas y proyectos «verdaderamente sostenibles» que propicien el desarrollo en el medio rural. Pedro Gutiérrez es agricultor, vecino de la comarca del Boedo y la Ojeda y portavoz de la agrupación.

En primer lugar, ¿podría explicar cuál es exactamente la propuesta de Decamed Trading y por qué se oponen a ella?
La propuesta consiste en 14 instalaciones: dos granjas de madres ubicadas en Espinosa de Villagonzalo y en Montoto de Ojeda; dos de transición, que es donde van los cochinillos y estarían en Espinosa y en La Vid de Ojeda; y diez cebos, dos de ellos en Hijosa de Boedo y el resto en Olmos de Pisuerga, Naveros de Pisuerga, San Martín del Monte, San Quirce de Río Pisuerga, Prádanos de Ojeda, Dehesa de Romanos, Payo de Ojeda y Cuevas de Amaya, en la provincia de Burgos.
«Defienden las macrogranjas los implicados en el proyecto»

El motivo por el que nos oponemos son las consecuencias negativas constatadas en todos los sitios donde hay este tipo de explotaciones. No hay ni un solo lugar donde haya habido efectos positivos para la población.

Frente a quienes creen que esta es una oportunidad que no se puede dejar pasar, ustedes aseguran que «en las poblaciones donde se han instaurado estas fábricas, muchos de los negocios existentes se han visto obligados a cerrar porque nadie quiere vivir, ir de vacaciones o hacer turismo en un lugar donde no se puede usar el agua ni para lavar los platos»
La contaminación del agua y la despoblación que ello acarrea son los efectos principales de este tipo de proyectos. Quien tiene medios para irse, se va, y así es como desaparece toda la infraestructura de empleo de la zona. Estos proyectos se venden como algo que crea trabajo, pero no es verdad. De hecho, esta iniciativa viene con dos empleos por granja, pero en muchos otros sitios se ha constatado la creación de un único puesto para 7.000 cerdos, y, además, su efecto provoca el cierre de otros negocios. Por tanto, macrogranjas como las que se pretende implantar en las provincias de Palencia y Burgos no solo no frenan la despoblación, sino que la aceleran.

«Defienden las macrogranjas los implicados en el proyecto»«Defienden las macrogranjas los implicados en el proyecto» – Foto: Juan MelladoAnte eso, ¿qué alternativas propone la plataforma?
Sobre todo, lo que pedimos es que se apoye a la producción local. Constantemente están cerrando ganaderías extensivas que son beneficiosas para el medio ambiente y para la población donde se instalan. No tienen ninguna ayuda y encima tienen que competir con monstruos de este tipo. Es evidente que un cebo de 700 cerdos no puede hacerle la competencia a otro de 7.000.

También aseguran que las macrogranjas repercutirían de forma negativa en el turismo
Nadie va a ir a una casa rural a estar un fin de semana oliendo a mierda, eso está claro. La zona cuenta con joyas del románico como el claustro de San Andrés de Arroyo, San Juan de Moarves, Santa Eufemia de Cozuelos, Vallespinoso de Aguilar… Prácticamente, cada pueblo de La Ojeda y sus zonas limítrofes, que también se verían afectadas, tiene una iglesia Monumento Nacional. No entendemos que se apueste por el turismo cultural, el ecoturismo, las rutas de senderismo o el cicloturismo junto al Canal y, a la vez, se vaya a permitir su contaminación.
La instalación de las macrogranjas no solo afectaría al turismo, sino también al agua de consumo de un montón de poblaciones, entre las que se encuentran Palencia o Valladolid y otras muchas más pequeñas.
Confederación Hidrográfica del Ebro emitió un informe el año pasado con el que constató que dos de cada tres granjas contaminan el acuífero sobre el que se asientan. Insisto, no entendemos que se consienta esto en la cabecera de los valles que dan agua al Pisuerga, que es el que vertebra la provincia, y casi me atrevería a decir que la Comunidad. Llegado el caso, tampoco sería comprensible que Confederación Hidrográfica del Duero no tuviera en cuenta todas estas cosas.

A juicio de la plataforma, este tipo de negocios van en dirección contraria a los Objetivos de Desarrollo Sostenible promovidos por Naciones Unidas y a las políticas medioambientales de la Unión Europea
Europa ya ha advertido a España sobre el tema de la contaminación de las aguas por nitrógeno. En junio se actualizó la declaración de zonas vulnerables en Castilla y León y se ha pasado de 67 municipios contaminados a 387 en diez años. Esto evidencia que no se están haciendo las cosas bien. España es el único país de Europa que aumenta las emisiones de amonio. Las tres plantas que más contaminan son la química de Torrelavega y dos que tiene Fertiberia en Huelva y en Palos de la Frontera, pero el 94% de las empresas que han excedido sus límites de emisiones de amoniaco han sido granjas, el 73% de ellas porcinas. Por tanto, no parece que apostar por ese sector, en esas condiciones, sea la manera de cumplir con esos objetivos.

En el momento actual, también apuntan a la relación entre este tipo de industrias y las zoonosis
El origen de la gripe de 2009, el H1N1, se rastreó en las macrogranjas del Estado de Veracruz, en México. En 2003, Holanda restringió durante varios meses el movimiento de purines y de cerdos por una alerta sanitaria. Las concentraciones de animales a esos niveles son fuente de enfermedades. El propio coronavirus proviene de una zoonosis, no es ciencia ficción, está demostrado.
Hay un estudio que hicieron dos médicos del hospital de Albacete que constata las afecciones pulmonares derivadas de la proximidad de las macrogranjas por los gases que emanan los purines (amonio y sulfuro de hidrógeno) y los que van en las partículas de restos de pelos, piel y purín que flotan en el aire, así como los riesgos de beber agua contaminada por nitratos o la resistencia a antibióticos, que ahora mismo mata en España a más gente que los accidentes de tráfico. No es casualidad que estos médicos sean de Albacete; el sur de la provincia, y también Cuenca, Murcia y Granada están plagados de macrogranjas.
Otro tema es la situación en la que se encuentran los animales en este tipo de explotaciones. Los proyectos para las provincias de Palencia y Burgos incluyen un cubículo por animal de 0,67 metros cuadrados. Dicen los promotores que no les gusta el término de «macrogranja». A mí lo que no me gusta es que se incluya la palabra «granja». Igual que en FASA entra por un lado hierro y por otro sale un coche, aquí por un lado entra un cochinillo y por el otro sale un cerdo muerto. Es un animal que no ha visto la luz del sol, ni ha pisado hierba. No tiene nada que ver con lo que es la ganadería de toda la vida, es una fábrica de carne.

Hace algunas meses, Milagros Marcos, secretaria nacional de la Sectorial de Agricultura y Despoblación del PP, aseguraba en una entrevista a Diario Palentino que «falta información y sobra ruido respecto al porcino». También decía no entender la «animadversión general contra el sector ganadero» y recordaba que ninguna explotación será dada de paso «si no se ajusta a la normativa ambiental». Desde la plataforma, manifestaron su malestar ante estas declaraciones
Milagros Marcos lleva tres años dando este discurso. Se lo han desmontado mil veces, pero sigue con él.
¿Animadversión contra el sector ganadero? Todo lo contrario, precisamente, los ganaderos son los mayores perjudicados de este tipo de explotaciones, incluso hay una sentencia de un tribunal en Aragón denegando el uso de suelo para una empresa de estas porque lo considera una industria, no una ganadería.  En lo que sí estamos de acuerdo con Milagros Marcos es en que falta información, de hecho, eso es lo que pedimos, que nos la den toda.
Respecto a que los proyectos no se van a aprobar si no cumplen la ley, ya vamos mal, porque están llenos de datos falseados para hacerlos encajar en la normativa. Y, sobre todo, una vez montadas estas granjas hay una total dejadez en el control de los vertidos. En Soria, por ejemplo, he visto varias denuncias que nunca llegan a nada, y en una comarca de Orense al que están atacando es al ecologista que las denuncia. En diciembre de 2019, se pilló a una granja en Santomera (Murcia) tirando los purines directamente al pantano que tenía denuncias por vertidos continuados desde 2006.Su cierre había sido ordenado por el Ayuntamiento en 2009 y ratificado por el TSJ de Murcia en 2015, pero seguía funcionando. Por tanto, leyes hay para impedir la contaminación, el problema es que no se exige su cumplimiento, no hay un seguimiento. Esto entronca con lo que decía antes de la Confederación Hidrográfica del Ebro: si hay un 64% de las granjas que contaminan los acuíferos donde se instalan, eso quiere decir que no hay un control sobre ello.
Alemania el año pasado prohibió la aplicación de purines directamente al campo, ahora tienen que pasar obligatoriamente por un centro de tratamiento, lo cual elimina gran parte del problema al convertirlos en un fertilizante sólido. Aquí, por el momento, no parece que haya voluntad de hacer cumplir esa normativa.

Afirman que el rechazo ante esta iniciativa es «mayoritario» en las comarcas afectadas
Quienes están a favor son, básicamente, las personas que están implicadas en este proyecto. Todos los ayuntamientos afectados han hecho una moción contraria a la instalación de las macrogranjas, salvo el de Espinosa de Villagonzalo, que tiene solicitado un expediente de exclusión de dos tierras de un Monte de Utilidad Pública para venderlas y hacer la granja de madres y de transición. El Consistorio tiene constancia por escrito del rechazo mayoritario en el pueblo, pero intenta hacerlo todo sin que nos enteremos. El resto de pueblos ha apoyado las manifestaciones y concentraciones que se han celebrado y hemos recogido más firmas que la gente que habita en la zona. Es evidente el rechazo absoluto que hay en la comarca.
El tema está ahora mismo en todas partes. Zamora está en pie de guerra, también Segovia o Cuenca, entre otras provincias. En todos los sitios donde se están proyectando este tipo de industrias hay un rechazo masivo de la población.

Hay quién critica que muchas de las personas que se manifiestan contra estos proyectos sean de fuera
El caso es que los más afectados somos los que estamos allí, sobre todo la gente mayor. Yo puedo irme a buscar trabajo a otro sitio, pero un jubilado con una pensión de 700 euros no puede irse a vivir fuera.

Habla de otros territorios en los que se está tratando de evitar que se implanten estas industrias. ¿Están en contacto con otras plataformas o tienen pensado unirse a ellas para hacer más visible su lucha?
Sí, por supuesto. Hemos estado en contacto desde el primer momento con Valdavia Viva, que consiguió parar la instalación de una macrogranja en Castrillo de Villavega. También con Granja No, de Llanos de Bureba. Ambos colectivos nos asesoraron muchísimo cuando no sabíamos ni por donde empezar. Además, hay relación con otras plataformas, el problema es que la situación es muy mala para coordinar cualquier tipo de actuación. La intención es conseguir que se legisle como está haciendo el resto de Europa para evitar estos monstruos. Pero, como digo, es mal momento para cualquier tipo de coordinación al estar restringidos los movimientos y las concentraciones de personas. Hemos pillado mala época para protestar.

En ese sentido, ¿podría hablar de los inicios de la plataforma y de cómo se coordina la acción?

Funcionamos a través de videoconferencias y whatsapp. En cuanto a la creación, fue a raíz de empezar a conocerse los proyectos. Se hizo una primera reunión en Herrera y, posteriormente, tuvo lugar el acto de constitución de la plataforma. Paralelamente, se celebró un encuentro entre los alcaldes de todos los ayuntamientos de la zona, salvo tres, con el que se presentó un escrito rechazando la instalación de las macrogranjas. A partir de ese momento empezamos a trabajar para informar a la gente y para organizar la vía de reivindicación con el objetivo de dejar claro el rechazo generalizado de la comarca a este proyecto.

¿Qué acciones ha llevado a cabo a lo largo de los últimos meses el colectivo al que representa y cuáles serán sus siguientes pasos?
La plataforma surgió a principios del mes de marzo, una semana después de que el ingeniero que ha redactado esta chapuza de proyecto lo presentara en Herrera, y una semana antes del confinamiento. A lo largo de este tiempo se han recogido y entregado más de 10.000 alegaciones y se han celebrado diferentes concentraciones, la primera en Valladolid a raíz de la aprobación por parte de la Junta de un decreto por el cual se reducen los trámites de información pública en la concesión de licencias ambientales. También se han hecho otras en Aguilar, Espinosa de Villagonzalo y Herrera. En los mercadillos de esta última localidad hemos estado todos los miércoles del verano y también hemos instalado mesas informativas en Aguilar, Cervera y Villadiego (Burgos). La población de la zona está muy envejecida y hay que tratar de acercarse a ella, si no es imposible que se entere de este tipo de cosas. En definitiva, hemos hecho todo lo posible para decir «estamos aquí y no queremos esto».
En cuanto a los siguientes pasos, estamos trabajando en la elaboración de un vídeo como alternativa a las concentraciones para dejar constancia de que hay un montón de gente en contra de que este tipo de empresas envenenen la comarca.

El pasado 29 de octubre, los cuatro grupos políticos de la Diputación respaldaban una moción contraria a la instalación de granjas porcinas intensivas. El escrito apela a la Junta para que analice de modo global su impacto ambiental. ¿Cómo valoran este hecho?
En mi opinión, se queda corto. Es positivo, pero también ha tenido un efecto negativo. Diputación no tiene competencias en esta materia, por lo que su oposición no significa que esto se haya acabado. Ojalá la Junta atienda a sus sugerencias.

La presión social ha conseguido frenar la implantación de algunos proyectos en la provincia, como la incineradora de Salinas de Pisuerga, o en comarcas cercanas, como el vertedero de Valderredible. ¿Confían en que ocurra lo mismo con las macrogranjas?
Ojalá. En Ampudia, la plataforma Meseta Limpia consiguió parar un proyecto de una incineradora y parece que también se ha conseguido parar la macrogranja de Meneses. Evidentemente, deseamos que el resultado sea el mismo, pero está por ver cómo va discurriendo todo. Desde luego, el rechazo es evidente, nadie puede negarlo.

https://www.diariopalentino.es/noticia/Z9A3957D1-D966-1C43-07DBE7BD7A56AD18/202011/el-rechazo-a-las-macrogranjas-es-masivo-en-la-comarca

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