Una coyuntura histórica (y no es una frase hecha)
Con frecuencia se abusa de esa caracterización –la de que algo es histórico- para adjetivar situaciones que no van más allá de algo que se sale de lo ordinario o habitual. No es el caso.
Actualmente estamos de lleno, y lo estaremos aún más en los próximos meses y años, en una coyuntura “realmente histórica”. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que todo “el andamiaje” en el plano estructural y todas “las certezas” en el plano subjetivo y cultural se están viniendo abajo; y eso no solo ocurre a nivel del Estado español o de Europa occidental, sino a nivel global, o al menos en el mundo occidental. Las profundas tensiones que están generando las elecciones presidenciales en EEUU son un buen ejemplo de ello. Definitivamente está en quiebra el modelo que en términos generales se puso en pie después de la II Guerra Mundial, modelo que ya sufrió una profunda corrección con la caída de la URSS y en general de los regímenes del llamado “socialismo real” en Europa.
Era de cambios, cambio de era y lucha de clases
El mundo, para bien o para mal, será en los próximos años muy distinto del que hemos conocido; no sabemos exactamente cómo, pero desde luego diferente. Como todo cambio histórico, y más si es de la amplitud y profundidad que parece caracterizar a este, será un proceso complejo cuyo resultado se dirimirá a través de la lucha de las clases, no en su acepción mecanicista o economicista, sino en su acepción leninista. Es decir, esa lucha de clases a nivel de cada nación, de cada Estado y a nivel global, tendrá un terreno de importancia en el plano económico, pero solo será uno de ellos. La lucha de clases en el terreno de las ideas, cultural, artístico, científico, de género…, por citar algunos, serán campos en los que esa lucha será de profundísima envergadura. De cómo se resuelva dependerá el futuro de la humanidad.
Estamos en una coyuntura en la que no existe la opción de quedarse como estamos: o salimos de ella con un proyecto de sociedad mucho mejor -porque ganamos las fuerzas revolucionarias-, o salimos con un proyecto de vida mucho más nefasto que el actual porque gana la reacción.
El terreno para la fantasía –política y social-, muy especialmente para las clases populares aunque también para los bloques dominantes, ha desaparecido casi por completo; el ejemplo de la lucha por el control de la Covid19 es todo un ejemplo.
Estamos inmers@s en una guerra político-social con un claro contenido de clase, nacional y de género, y hemos de organizarnos para ganar esa guerra; también para dar cada una de las batallas con esa perspectiva, la de ganar la guerra. No es tan importante ganar la batalla concreta en lo formal, sino que cada resultado suponga mejorar la correlación de fuerzas y las expectativas de la victoria en la guerra.
Pero para poder ganar esa guerra de clases de la que hablamos hemos de tener una referencialidad que lo permita. En nuestra historia tenemos claros ejemplos de tales procesos. En la guerra contra la invasión imperial napoleónica, la llamada Guerra de la Independencia, mientras solo existía la referencialidad del ejército y la burocracia napoleónica por un lado y la referencialidad del ejército y el régimen monárquico borbónico por otro (por cierto, en clara descomposición), el proyecto imperialista francés tenía todas las de ganar. Solamente con la irrupción del movimiento popular y su propia organización armada en forma de guerrillas las tornas empezaron a cambiar. Similar reflexión podríamos hacer en relación con la resistencia antifascista ante el criminal golpe de julio de 1936, en el que lo determinante fue la participación del pueblo, especialmente del pueblo armado.
Pues bien, en la actualidad es esencial, imprescindible, construir ese polo popular referencial, porque será el único instrumento que nos pueda llevar a la victoria. La manifestación del 25 de julio pasado (“por la República popular”), así como el proceso de construcción de la del domingo 25 de octubre, son pasos del mayor interés en esa dirección, aunque por supuesto no se ha hecho más que iniciar la andadura de ese camino.
Sobre la moción y la vida útil del Gobierno
Mientras se mantenga la falacia de que no hay más alternativas viables que las que representan la izquierda del Régimen (Gobierno de coalición) o el Trifachito -tal como se ha sustanciado en la Comunidad Autónoma de Madrid, además de Andalucía o Murcia-, estamos perdid@s.
La materialización de la moción de censura a Pedro Sánchez, que estaba concebida como un ejercicio de refuerzo al Gobierno actual, al margen de las intenciones subjetivas de los que encabezaban tal moción, ha supuesto al final una gran oportunidad para Pablo Casado, que ha sabido aprovechar la situación para postularse hábilmente como un Presidente alternativo, viable y fiable para el bloque dominante español.
No conocemos las tripas del actual engranaje del Régimen con tal precisión como para hacer una hipótesis específica del recorrido exacto de la moción de censura, pero hay unas cuantas cosas evidentes: que los más perjudicados por la moción fueron precisamente sus promotores, es decir, se han dado un tremendo tiro en el pie. Por otro lado, ha quedado evidenciado que Vox no es el gran problema, tal como pretendían vendernos interesadamente desde algunos espacios aledaños del “Gobierno de progreso”; no son, ni tan siquiera, tal como siempre hemos sostenido desde esta organización, el reflejo en el Estado español de los movimientos neofascistas europeos o en general del mundo occidental. Vox es un movimiento cutre-neofranquista con un liderazgo especialmente torpe. El actual líder del PP lo describió en su intervención de la moción de censura con bastante precisión. El problema de verdad sigue siendo el Régimen del 78, que, si fue malo desde sus orígenes, con el paso del tiempo cada vez se va haciendo peor, hasta llegar a su actual estado de putrefacción. Le ha sucedido como a los malos vinos: con el tiempo ha empeorado.
La hipótesis de que el Gobierno de Pedro Sánchez iba a ser potencialmente el mayor beneficiado de la moción de censura, en el sentido de reforzar la dialéctica del “o nosotros o ellos”, tampoco ha sido tal, porque los asesores políticos de Pablo Casado tuvieron una clara intuición de la gran oportunidad que se les ofrecía para relanzar su imagen como presidenciable en un momento de acumulación de problemas para el actual Gobierno; y ciertamente lo consiguieron.
La conclusión fundamental del debate de la moción de censura es que el bloque dominante español ya da por amortizado al Gobierno de Pedro Sánchez. Obviamente se mantendrán unos meses más, para que se coman -al menos según sus previsiones- lo que queda de pandemia y los primeros golpes y por tanto más intensos de la crisis socio-económica, a cuyo agravamiento lleva aquella. Pero la suerte está echada de la misma forma en que lo estaba para Mariano Rajoy cuando se inició el movimiento para la moción de censura que le removió del poder.
Estamos en época de asesores mágicos. Iván Redondo, que antes asesoró al fascista Xavier García Albiol para su campaña a la alcaldía de Badalona en las elecciones municipales de 2011, o entre 2012 y 2015 como director del Gabinete de la Presidencia al señor José Antonio Monago en la presidencia de la Junta de Extremadura por el PP, está fallando estrepitosamente. Este “pequeño Rasputín hispánico del S. XXI” está ya en fase de pre-cianuro; no sabemos quiénes serán los “duques” encargados de suministrárselo, pero ellos seguro que ya lo saben. Intentarán salvar al Zar Pedro, pero ya es misión imposible. Y llegados a este punto, recuperamos el hilo clave de este editorial, tal cual es la construcción de la alternativa por parte del movimiento popular como tarea clave e inaplazable. La manifestación del domingo 25 tiene que ser un paso importante en esa dirección.
Izquierda Castellana, 23 de octubre de 2020
