SALUS POPULI SUPREMA LEX EST (La salud del pueblo es la Ley suprema)

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SALUS POPULI SUPREMA LEX EST

LA SALUD DEL PUEBLO ES LA LEY SUPREMA

Este concepto asumido en diversos países, habitualmente después de procesos revolucionarios, llegó a formar parte del «ethos» de algunos de ellos, es decir, de su forma de ser colectiva. Así ocurrió en el Estado español durante la II República y todo el periodo histórico que condujo a ella, en el que las ciencias médicas tuvieron un especial esplendor de ilustrísimos representantes, entre los que se encontraba Negrín (Presidente del Consejo de Ministros durante varios años). No es casualidad que el sector profesional más represaliado -después del profesorado- fuera el sanitario, con un sinfín de fusilados, separados de sus puestos de trabajo o exiliados para evitar la muerte. Actualmente, bajo el Régimen del 78, la máxima que da título a este artículo no forma parte del «ethos» español, entre otras cosas porque la España actual no tiene ni siguiera «ethos». Si el filósofo prefascista Ortega y Gasset se quejaba en su famosa obra «La España invertebrada» (1921) de esa falta de articulación en su época, si viviera ahora comprobaría como esta está más «invertebrada» que nunca en los últimos 150 años. Y ello a pesar de los más de 40 años de franquismo, régimen al que el filósofo no dudó en apoyar, y del postfranquismo que le sucedió, a través de la restauración de la monarquía borbónica.

El franquismo, entre otros muchos efectos nefastos, tuvo el de acabar con nuestra «inteligencia colectiva», por asesinato, depuración o exilio. Los intentos de reconstrucción de una «inteligencia» en las últimas décadas se vieron totalmente frustradas porque el régimen actual sigue odiando la inteligencia y el conocimiento según la máxima de Millán Astray; y así vemos como una gran parte de nuestros mejores profesionales, año tras año, tienen que seguir emigrando, es decir exiliándose. No es de extrañar que, ante una emergencia como la pandemia Covid-19, desde las distintas gobernanzas políticas que ocupan la administración sean incapaces de hilvanar una línea coherente y sostenida de lucha contra esta pandemia; como resultado, y al igual que en la primera oleada, tenemos los peores datos de morbimortalidad de Europa. Intentan manipular a la opinión pública con los datos o poniendo en primer lugar las tensiones partidistas, pero la gente ya no comulga con ruedas de molino y según la última encuesta del CIS, a la que por cierto han dado muy poca publicidad, solo el 31% de la población sigue confiando en la gestión que el Gobierno hace de la pandemia. En nuestra opinión, encarar con un mínimo de rigor la pandemia y poniendo como eje de ello la máxima que da título a este editorial, requeriría un conjunto de cuestiones que, por supuesto, no se están haciendo, y que vamos a describir brevemente a continuación.

Lo primero es tener un método y un marco conceptual, sin ello no se puede afrontar eficazmente problema alguno. Hay que tener una idea lo más clara posible de a qué nos enfrentamos. Hay ya suficientes conocimientos para elaborar ese corpus teórico que tendría que responder al menos a las siguientes cuestiones:

1º ¿Cuáles son las características del patógeno causante? ¿Cuál es su morbimortalidad y su letalidad en general? ¿Cuáles son las formas principales de transmisión? Esos conocimientos nos indicarán en dónde hay que centrarse para romper las cadenas de contagio.

2º Es una epidemia nueva, pero ¿se pueden establecer sobre ella paralelismos históricos según los conocimientos actuales que nos permitan hacer una previsión sobre su evolución?

3º ¿A qué grupos etarios afecta especialmente y cómo van evolucionando estos? ¿a qué grupos sociales afecta gravemente? ¿tiene una afinidad de clase?

4º ¿Cómo es su evolución clínica? ¿Hay margen para la intervención sanitaria? ¿Cuáles son esos márgenes para organizar la correspondiente planificación?

5º ¿Cómo se percibe por la sociedad? ¿Cómo reforzar el conocimiento racional sobre ella? ¿Cómo combatir las ideas erróneas, que pueden suponer en sí mismas un problema para luchar contra la pandemia, tal como son las teorías conspirativas?

6º ¿Cuál es la evolución de la pandemia en función de los datos que conocemos?

7º Y, por último, ¿cuáles son sus consecuencias socioeconómicas y como minimizarlas en la planificación de la lucha contra la pandemia, teniendo en cuenta que el concepto de salud no solo significa ausencia de enfermedad, sino un estado mínimo de bienestar social?

El segundo bloque de cuestiones sobre las que nos tenemos que interrogar son las características de la sociedad sobre las que actúa esa pandemia. En este caso, sobre sus debilidades y fortalezas. Tenemos una sociedad mal articulada en diversos campos: las desigualdades sociales cada vez más acusadas; las desigualdades de género; los conflictos territoriales… todo ello en un proceso de cada vez mayor intensificación. Simultáneamente tenemos un Régimen con cada vez menos legitimidad social, en franca descomposición, y con unas instituciones cada vez más ineficientes y más sectarias, desde las más directamente políticas pasando por las administrativas: Justicia, Policía, etc., por no hablar de los medios de comunicación, que son simplemente de sonrojo para cualquier persona decente. Y llegamos al Sistema sanitario público, que era la gran esperanza… y efectivamente durante 15 o 20 años el SSP fue uno de los mejores de Europa, pero desde el año 1996 se inició un proceso de recortes y privatizaciones del que el PSOE fue cómplice, proceso que se vio brutalmente intensificado durante el primer gobierno de Mariano Rajoy. Esos recortes y privatizaciones debilitaron en extremo al Sistema, pero simultáneamente se introdujo toda una línea de acción menos tangible en el propio Sistema para vaciarlo de sus valores éticos: se cambió la filosofía de “trabajar para los pacientes” por la de “trabajar para los gerentes”.

La lucha contra una pandemia, que no es una suma de enfermos individuales, sino el padecimiento de una enfermedad de forma colectiva, necesita también de implicación colectiva, de ahí que las sociedades con sistemas socialistas o al menos bien socializados tengan resultados mucho más exitosos que las capitalistas en su lucha contra la Covid19; pero si aún por encima el modelo capitalista imperante está basado en los servicios y en el turismo de masas, tal como es el caso de España, el desastre está asegurado en lo epidemiológico y en lo socioeconómico.

Hacen falta además para luchar con éxito contra una pandemia dos cuestiones más: un sistema de información coherente y fiable y una gobernanza capacitada. Desgraciadamente no tenemos ninguna de esas dos cosas.

Las fortalezas que tenemos son las referentes a nuestro pueblo trabajador. Durante la primera fase del confinamiento la inmensa mayoría respondió de forma absolutamente disciplinada cumpliendo todas las normas que se planteaban. Mientras en los barrios obreros, los que ahora han confinado, la gente salía exclusivamente de casa para ir a trabajar, habitualmente en condiciones penosas, en los barrios ricos de Madrid salían a la calle sin limitación alguna y con la complicidad del Ministerio del Interior. Fue esa situación la que impulsó que en diversos barrios y pueblos de Madrid (Getafe, Fuenlabrada, Vicálvaro, Móstoles, Alcorcón, Vallekas, Moratalaz, Carabanchel, Usera, Arganzuela, Ciudad Lineal…) se empezara a salir a la calle para denunciar la tolerancia hacia el fascismo de los barrios ricos. Actualmente desde esos barrios se está impulsando una gran movilización para el 25 de octubre.

Solo cambiando de Régimen, solo instalando una República popular podremos salir adecuadamente de esta triple crisis.

Izquierda Castellana, 1 de octubre de 2020

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