Quiero hacer un llamamiento a las Residencias de ancianos. Sé que son muy malos momentos los que estamos atravesando, lo sé de buena mano, soy médico y trabajo en un hospital de Madrid. Pero al fin y al cabo, tenemos que tener presente que estamos hablando de personas, de seres humanos que se encuentran en la etapa más frágil de su vida. Cerrar las residencias fue una medida que había que tomar, para intentar protegerles. Pero luego se ha perdido la empatía y se han olvidado los derechos humanos. Mi abuela ha estado dos semanas en aislamiento en su habitación por la infeccion, y allí no llegaba el teléfono de la residencia según nos decían, por lo que además de no poder verla desde antes de la cuarentena, no hemos podido hablar con ella mientras ha estado enferma. Hemos llamado a la residencia a diario mil veces para lograr que nos informasen solamente algunos días de la situación de mi abuela, y otros días no lográbamos ni siquiera contactar. Hoy al empeorar mucho su estado de salud, sí nos han llamado ellos para decirnoslo. No voy en contra del personal de la residencia, pues sin duda están absolutamente desbordados y al fin y al cabo son trabajadores y no me cabe duda de que lo están haciendo lo mejor que está en su mano. Este llamamiento es a las autoridades responsables; a ellos les digo que las residencias viven una situación de abandono total, que son personas, que los familiares que tenemos abuelos en las residencias vivimos o hemos vivido una situación de absoluta desinformación, de total impotencia por no poder hacer nada. Tenéis orden de no llevar a ningún anciano a los hospitales (cuando si el anciano vive en su casa en vez de en una residencia, sí tiene posibilidad de ingresar en el hospital), les aisláis hasta que muchos de ellos fallecen en total soledad (sin siquiera la posibilidad de hablar por teléfono con su familia, como en mi caso!) y tampoco tenéis permiso de dejar que la familia se despida en el último momento, cosa que se permite incluso en la mayoría de hospitales. La situación recuerda a una dictadura, a una cárcel…es desolador. Además prácticamente ningún anciano tiene hecha la PCR así que ni su contagio ni su fallecimiento computa en las cifras oficiales sobre el COVID en nuestro país. Hago un llamamiento a la empatía y al sentido común. Que estemos atravesando por una crisis sanitaria y global terrible, no nos exime de intentar hacer las cosas lo mejor posible, de intentar humanizar la situación lo máximo que se pueda. Es fundamental mantener a las familias de los contagiados informadas a diario o casi a diario. Es fundamental disponer al menos de un teléfono para poder decir a nuestros enfermos que aunque no nos podamos ver, estamos allí con ellos de corazón, que les queremos y que todo va a salir bien. Y si el desenlace fuese el fallecimiento inminente, es fundamental dejar que algún familiar pueda despedirse de la persona a la que tanto quiere y a la que lleva sin ver semanas. Nuestros queridos ancianos son los que nos han dado la vida a nosotros, y aunque lógicamente por su edad y patologías no sean candidatos a ingresar en una UVI ni a beneficiarse de otros tratamientos que escasean en este momento, no nos podemos olvidar de que son personas, de que tienen derechos, y de que ellos hubieran luchado por nosotros hasta el final. Por eso hago este llamamiento; por favor no os olvidéis de las residencias, de tantos ancianos y sus familias que están sufriendo. Con cuatro modificaciones básicas, podríamos cambiar radicalmente el panorama, podríamos humanizar la situación. Yo ya no gano nada, pero muchas familias sí. Por favor, escuchadme.