40 aniversario del atentado contra el despacho de Doris Benegas.
La impunidad del terrorismo fascista que no cesa.
El pasado día 8 de diciembre se cumplieron 40 años del incendio intencionado del despacho laboralista de Doris Benegas en Valladolid, en el que fallecieron dos personas. Ese atentado fascista, reivindicado como tal, nunca fue investigado por las fuerzas policiales, y por supuesto sus autores gozaron de total impunidad, tal como ha ocurrido con la gran mayoría de atentados de este tipo en el Estado español, desde el inicio de la Transición hasta la actualidad. No es de extrañar: si no se han construido un Régimen y una cultura democráticas, si los crímenes del franquismo siguen totalmente impunes, si los herederos del franquismo y los cómplices de sus actividades ocupan las más altas magistraturas del Estado, desde la Jefatura de este hasta los cargos de mayor responsabilidad en el poder judicial, económico o mediático, no debería de sorprender que aquellos que al amparo de la inexistencia de una ruptura con el Régimen genocida dirigido por Franco, pero plenamente apoyado por los Borbones y en general por el bloque español, entiendan que la violencia fascista/franquista es un método legítimo para desarrollar sus actividades.
No nos engañemos, aquí no ha cambiado nada sustancial en el sistema de poder. En todo caso, lo que ha cambiado es la aparición de tendencias a la claudicación entre algunos sectores de los que hasta hace bien poco y realmente -no de postureo- estaban por la ruptura con el Régimen del 78. Craso error esta actitud. Cuando las condiciones objetivas son más favorables para la derrota del Régimen monárquico postfranquista algunos se echan a un lado. Más pronto que tarde tendrán que explicar el porqué de tal deriva.
Reproducimos a continuación la crónica realizada por el periodista Fernando Valiño en el Diario Digital últimoCero en 2016:
A las 3 de la madrugada Doris Benegas es avisada de que su despacho, en el que el Movimiento Comunista (MC) tenía su sede, está ardiendo. Era la madugada del domingo 8 de diciembre de 1979. En el incendio, reivindicado por un Comando Antimarxista, falleció un matrimonio que vivía en el piso superior: Manuel Álvarez y Victoria Arranz. El atentado nunca fue investigado por la Policía. Hoy, 37 años después, la extrema derecha ha vuelto a actuar contra Doris Benegas, destrozando cuatro murales realizados en su memoria en cuatro barrios de la ciudad.
“Me avisaron de que la sede ardía, a las tres de la madrugada. Fue un domingo…», recordaba Doris Benegas al ser preguntada en 2009 por el trágico suceso, que marcó el inició de la escalada de la violencia ultraderechista que, en connivencia con la Policía, campó por la ciudad durante tres años haciéndola acreedora al nombre de ‘Fachadolid‘.
El despacho y a la vez sede del MC estaba muy cerca de la Plaza Mayor, en la calle Matías Sangrador. Una calle por tanto céntrica pero muy pequeña, que se recorre con 55 pasos. En la actualidad, en el único portal existente, el número 3, tienen su despacho varios abogados, administradores de fincas, inmobiliarias, consultorias fiscales… En 1979, los almacenes Casa Sierra, negocio al que suministraba la víctima Manuel Álvarez; un taller de costura y la sede/despacho.
Cuando Doris Benegas llegó aquella madrugada a la puerta de su despacho quedó sobrecogida. El edificio antiguo ardía como una tea ante la impotencia de los bomberos para sofocar las llamas. A pie de calle, el alcalde socialista Tomás Rodríguez Bolaños, que llevaba en el cargo tan solo 5 meses y unos días, seguía las operaciones de extinción. A Doris se le impidió en un primer momento el paso y tuvo que regresar a su domicilio a por el contrato de alquiler con el que acreditar que tenía arrendado el piso de la segunda planta.

Dependencia tras el incendio de la calle Matías Sangrador. FOTO. CACHO.
Fue Doris la que, cuando el día empezaba a clarear y el fuego parecía estar bajo control, insistió en saber qué había pasado con sus dos vecinos del inmueble, con los que mantenía «una relación cordial». Ella y el alcalde subieron linterna en mano escaleras arriba escoltados por varios bomberos hasta el tercer piso, donde se encontraba la casa abuhardillada que compartían desde hacia años Manuel y Victoria. Tras forzar la puerta no vieron nada. Una densa humareda envolvía la estancia destrozada.
Los cuerpos calcinados del matrimonio no aparecerían hasta doce horas después. El de ella, sepultado por los escombros, había caído a la segunda planta al hundirse el piso por las llamas y el de su pareja, detrás de la puerta de la vivienda. Poco antes del informativo de las 14.30 horas, cuando aún no habían sido localizados los dos cádaveres, una llamada a Radio Popular reivindicaba la autoría del atentado: ‘El incendio de la sede del Movimiento Comunista ha sido efectuado por un comando antimarxista. ¡Viva Franco! ¡Arriba España!’.
Aunque parezca mentira el incendio en el que murieron dos personas no fue investigado. Doris Benegas denunció el hecho. Pero nunca hubo detenciones ni juicio.
La Jefatura de la Comisaría de Felipe II reconoció en 2009 al periodista Pablo García no disponer de ninguna información. «No hemos encontrado nada de documentación dado que no hubo detenciones y ha transcurrido tanto tiempo», dijo la policía.
La inexistencia de documentación era tónica generalizada en aquellos años, en lo que respecta a los grupos de extrema derecha, muy activos entonces. Los archivadores policiales solo contenían carpetas con nombres de personas vinculadas a la izquierda. Así sucedió hasta la llegada, en vísperas del Golpe de Estado del 23 F, a Valladolid de Carlos Enrique Gómez de Ramón y Oñate, que sustituyó al hasta entonces jefe superior de policía Eutiquiano de Prado y a sus colaboradores, entre ellos, al jefe del Servicio de Información el ‘borrachín’ Luis Quintanilla, procedente de la Brigada Político Social, donde se formó al igual que los torturadores de José Luis Cancho en 1974: Manuel Díez, Cirpriano Bellver, Manuel Cinos y José Antonio Benayas, que amparaban, cuando no señalaban, los objetivos a los Milans del Bosch (Santiago y Alfonso), Gusurreta, Hernansanz, Triana, De Prada, Cid, Mielgo, Lobón, F.J. Ramos, Miguel Marcos ‘El Calamar’, Calero, Del Campo, Santander, Bedoya, Cillero, Paco ‘El Pistolas’, Rebollo, Garrán, Martín Cesteros, Cano, Bravo, Moreno, Arrarte, Rodríguez Martín, Jauregui, Trigueros, Jiménez Álvarez, Artigas, etc… Conocidos por sus fechorías por gran parte de la ciudadanía menos para las autoridades.
La reorganización policial, su reestructuración administrativa y las detenciones de los terroristas de extrema derecha habían sido solicitadas por los parlamentarios socialistas, con Gregorio Peces Barba a la cabeza, diputado por Valladolid, después del atentado a la sede del PSOE de la calle General Ruiz, la noche del 20 de enero de 1981, en la que una bomba de más de 4 kilos de pólvora prensada destrozó el local. Habían transcurrido más de dos años desde el incendio del despacho de Doris Benegas, en los que la impunidad de los ultras, principalmente vinculados a Fuerza Nueva, había sido total.
Dos años en los que el rosario de atentados había sido frecuente a sedes de partidos y sindicatos (MC, PCE, CNT, PCE m-l, PSOE…); librerías (Villalar de la plaza de la Universidad); cines (como el Cervantes); periódicos (El Norte de Castilla) y quioscos; instituciones (el Archivo Municipal); bares (El Largo Adiós, El Minotauro…)… Así como agresiones semanales a militantes de izquierda, periodistas o por el hecho de llevar el pelo largo o un distintivo no del gusto de los seguidores de Blas Piñar.

Respuesta antifascista
La pasividad policial y gubernativa con José Estevez Méndez en el Gobierno Civil llevó a que los partidos de izquierda organizaran su respuesta a la extrema derecha. Primero con la constitución de la Comisión Ciudadana Antifascista y después con la Unión Popular Antifascista (UPA).
A las pocas horas del atentado a la sede del MC se colocó una pancarta informativa atada a las columnas de los soportales de la parte posterior a la calle de Matías Sangrador que denunciaba la autoría fascista del incendio.
Al día siguiente, lunes, una manifestación recorrió el centro de la ciudad al grito de ‘Facistas vosotros sois los terroristas’, al frente de la misma iba Doris Benegas. La policía lanzó pelotas de goma y botes de humo.
El miércoles 12 hubo una convocatoria de ‘Jornada de lucha con paros generalizados’ suscrita por seis sindicatos (CCOO, UGT, USO, CNT, CSUT y SU) y siete partidos (MC, PSOE, PCE, PTE, ORT, PCE ml y LCR).

Después de las navidades se organizó un festival pro-víctimas del incendio del despacho de Doris Benegas y sede del MC… Nada hizo cambiar la actitud de la Policía, que siguió dando cobertura a la extrema derecha.
Las familias de las dos víctimas del incendio no tuvieron una posición activa por conocer qué había pasado y quiénes habían sido sus autores. Así lo reconoció Antonia Álvarez, hermanastra de Manuel, en 2009 al periodista Pablo García, que la localizó treinta años después del atentado y reconstruyó las vicisitudes familiares del matrimonio y sus recuerdos.
“Nos comunicaron que había estallado una bomba de butano. Cuando nos presentamos en el lugar, nos dijeron que mi hermano y su mujer estaban bien. Pero en realidad no estaban. Tuvimos que esperar 12 horas hasta que encontraron los cuerpos”, relató Antonia a sus 85 años.
Pablo García añadió: «La familia de Manuel pareció desentenderse del caso. La Jefatura Superior de Policía abrió en el momento diligencias que fueron rápidamente archivadas. La muerte de Manuel y Victoriana no llegó a los tribunales. No consta que los hijos de uno y otro peleasen por una indemnización. ‘Algo raro, porque había muertos de por medio’, opina Doris Benegas».
Casualidad o no, los murales diseñados por Manolo Sierra y y pintados colectivamente bajo su dirección el pasado mes de octubre, días antes del homenaje Comunero e Internacionalista que se rindió a Doris Benegas en Valladolid, donde había fallecido el 29 de julio como consecuencia de un cáncer, fueron tapados por neonazis cuando se cumplía el 39 aniversario del incendio con gasolina de su despacho de la calle Matías Sangrador.
Aquella noche, los fascistas de entonces, mataron a dos personas y arrasaron un inmueble. Esa misma noche Conchi, amiga y colaboradora estrecha de Doris Benegas en el movimiento feminista, daba a luz a Eva, hoy militante activa en la misma organización que la abogada desaparecida.
Los tiempos han cambiado. Valladolid no volverá a ser ‘Fachadolid’ porque hay muertos que dejan simiente de victoria.