Una primera reflexión sobre las Elecciones Generales del 10N: el fascismo avanza si no se le combate
El azar, algo de gran importancia para el movimiento popular y la vida en general, ha hecho coincidir las Elecciones Generales en el Estado español con la materialización del proceso golpista en Bolivia. También aunque eso no ha sido por azar, con el decimosegundo aniversario del asesinato de Carlos Palomino por un fascista y soldado profesional del Ejército español.
En nuestro último editorial comentábamos la aceleración de la recuperación neofascista en el Estado español a través de la matriz jurídico-política-mediática del Régimen del 78. Los resultados electorales del 10N son otro paso más en esa dirección.
También comentábamos en nuestras reflexiones anteriores que Pedro Sánchez buscaba la articulación de un Gobierno de Salvación del Régimen de la II Restauración Borbónica, pero que eso a medio plazo era totalmente inviable porque lo que realmente padece una crisis estructural es el propio Régimen. Las Elecciones del 10N y el proceso de constitución del Gobierno al que asistiremos en las próximas semanas han sido y serán muy clarificadoras sobre esa cuestión.
Las posibilidades de constituir un “Gobierno progresista” desde el punto de vista de la aritmética parlamentaria siguen completamente abiertas, tal como ocurría después de las Elecciones Generales de abril. La suma de PSOE, UP, Más País, ERC y PNV consiguen la mayoría absoluta (178 escaños), pero ese hipotético Gobierno tendría al menos que poner en marcha un amago, un postureo, de búsqueda de soluciones políticas al conflicto de Cataluña con el Régimen del 78. En cualquier Estado de nuestro entorno con una democracia parlamentaria eso no supondría mayor problema, pero aquí sin duda sí. La derechona política y mediática se echarían encima de Pedro Sánchez y el PSOE. Tampoco se le ve a Pedro Sánchez el menor interés en avanzar en esa dirección.
La otra alternativa que tiene Sánchez es pactar con el PP y C’s su abstención en la sesión de investidura, y conformar un Gobierno con personas independientes o incluso de la órbita de Ciudadanos, de Más País o algún catalán “independiente” que diera la imagen de un Gobierno con un apoyo más allá del grupo parlamentario del PSOE. Ese posible Gobierno tampoco tendría largo recorrido, y si consiguiese mantenerse un año sería ya un tremendo éxito para ellos.
Cualquiera de las opciones de Gobierno por las que opte Pedro Sánchez van a ser precarias, a pesar de haber logrado en bastante medida dos de sus objetivos: laminar a Ciudadanos y debilitar a Unidas Podemos, quizás menos de lo que esperaban por el fracaso de la “Operación Errejón”.
Ninguna de las opciones que tiene Pedro Sánchez va a estabilizar al Régimen, aunque sí a quemarle como político y a debilitar en gran medida al PSOE. El Régimen del 78 no tiene salvación posible desde la perspectiva progresista, y su permanencia, como decíamos, es el marco más favorable para la continuación del crecimiento del neofascismo/neofranquismo.
Nuestra posición política a favor de la abstención, basada en esta previsión, una vez más se ha confirmado por la realidad; de hecho la abstención respecto a abril ha aumentado en unas 530.000 personas en Castilla, probablemente de manera más significativa entre las izquierdas. Algun@s compañer@s han criticado nuestro posicionamiento; lo entendemos, porque la ansiedad y la incertidumbre no son las mejores compañías para el análisis y la reflexión serena. Pero estábamos convencid@s de nuestra posición y nos ratificamos en ella: solo mediante esta se podía conseguir un choque en el activismo y la militancia de aquellas fuerzas sociales y políticas que están por un cambio imprescindible, en el sentido de abrir una reflexión de que las cosas no pueden seguir haciéndose como hasta ahora. Que la lucha por las libertades, la justicia social, la República requiere seriedad en los análisis teóricos así como en la práctica política y social. También pretendíamos dotar de una argumentación política a la mayoría de la gente de izquierdas honesta y combativa que quería expresar su hartazgo del “juego” absolutamente inadmisible de los partidos políticos.
Estamos a tiempo de conseguir ese cambio totalmente imprescindible en nuestros métodos y formas de trabajo, que nos permita avanzar en la construcción de una auténtica confluencia de fuerzas, de un auténtico proyecto de unidad popular, capaz de confrontar exitosamente con el fascismo político, institucional y mediático, que como decíamos avanza si no se le combate, y aún de manera más significativa si ese combate no se hace correctamente.
Solo una correlación de fuerzas sociales y políticas en la calle suficientemente potente puede permitir que se materialicen las aspiraciones del pueblo, también las electoralmente expresadas. Lo que está ocurriendo en Bolivia es un dramático ejemplo de ello. La victoria electoral de Evo Morales y el MAS no se ha podido sostener en las calles, al menos de momento, porque no hay fuerza para ello; y las instituciones armadas del Estado Boliviano, a pesar de los grandísimos avances sociales de todo tipo que supusieron los casi 14 años de Gobierno del MAS, se sitúan como cómplices y agentes activos del golpe que se está llevando adelante en ese país hermano. Es muy conveniente comparar ese proceso con el de Venezuela o Nicaragua, en donde el imperialismo y la reacción no han conseguido implementar los golpes porque el movimiento popular, incluyendo sus Fuerzas Armadas, son de una gran potencia y socialmente hegemónicos.
La evolución política y social en el Estado español será negativa a corto plazo: más represión y pres@s, más recortes sociales, más manipulación mediática, más amoralidad, más corrupción… No nos debemos engañar sobre esto. Sin embargo, a medio plazo se están generando las condiciones para la derrota del Régimen y la victoria de los pueblos del Estado español. Para conseguirlo solo hay un camino: el compromiso activista y militante. La organización y la lucha popular. Con corazón, pero por supuesto también con inteligencia.
Izquierda Castellana, 11 de noviembre de 2019