Frente a los enemigos de la paz es la hora de fortalecer los lazos democráticos
Los enemigos de la paz, aquellos que declaran la guerra al pueblo trabajador a golpe de precariedad, a golpe de desahucio, golpe a golpe…; Hoy levantan el martillo del terror, esgrimiendo bajo su sombra, la amenaza de una condena de 50 años para unos/as jóvenes, a los que el cuarto poder, los medios, ya se han encargado de arrebatar su presunción de inocencia.
Y es que en este estado, la presunción, como la justicia, parece ser un derecho reservado según el fondo de tus caudales. Hoy nadie recuerda, o mejor dicho nadie quiere recordar, el primer informe tanto de las fuerzas forales, como estatales, en las que nunca se hablo de terrorismo, ni linchamiento. ¿Qué ocurrió después?.
Quizás que muchos/as estén empezando a descubrir, que pese a lo que dice el ministro Rafael Catalá “fuera de la constitución, no hay democracia”, es allí donde realmente reside esta, más allá del orden constitucional. Un orden capaz de hacer temblar las vidas de unos jóvenes con una mano y condecorar a un ministro franquista con la otra.
Nos toca construir la nota sonora capaz de pronunciar la palabra solidaridad sin ambages, por encima de su tenebroso silencio, y aquel silencio cómplice de los hijos rebeldes de la constitución. Para afirmar que enterramos a Gobbels y lo volveremos a hacer, porque una mentira repetida cien mil veces no se convierte en una verdad, si no que la verdad como decía Lenin, es siempre revolucionaría.
La verdad sobre un montaje que hoy arruina la vida de unos/as jóvenes, y sus allegados, la verdad de un pueblo que lejos de esa imagen ocre con la que pretendieron teñirlo, sabe sonreír luchando, la verdad de una juventud que cansada y lastrada por la carestía de la vida, los ataques a su identidad o la violencia patriarcal, se niega a callar, y por ello a golpe del uso del monopolio de la violencia se la quiere silenciar, esa es la verdad.
Como decía aquella canción de la resistencia democrática al golpe fascista, “cien mil veces que lo tiren, cien mil veces que lo haremos”, hablaban de un puente, aquellos heroicos demócratas del cuerpo de ingenieros republicano, y continuaban, “tenemos cabeza dura los del cuerpo de ingenieros”. Pues bien, nosotras cien mil veces que lo tiren, ese puente de lazos internacionalistas democráticos, con sus mentiras, su criminalización y aislamiento, cien mil veces que lo haremos, porque tenemos cabeza dura las gentes del común, los/as comuneros.
Desde Castilla nuestro abrazo solidario.
Iker, Izquierda Castellana