Los motivos, muy variados. El primero, el desánimo que se ha apoderado de un sector que sufre un duro castigo laboral desde hace años. Y ese desgaste ha llegado ahora a un punto extremo. Expediente de regulación tras expediente de regulación, despidos tras despidos, lo cierto es que apenas queda oxígeno para organizar alguna ‘revuelta’.
«Tendremos presencia en la campaña, eso es cierto, pero no podremos llegar a las grandes movilizaciones que se lograron en su día. Eso hoy es imposible», se ha advertido a la conclusión de la reunión del comité intercentros.
En la campaña la minería volverá a realizar cortes de carreteras, se producirán encierros en organismos públicos y previsiblemente habrá presencia en los diferentes actos electorales. «Es el último grito», se remarca desde el sector.
‘Ley mordaza’
Pero la realidad es que a ese desgaste acumulado por el paso del tiempo y por la muerte de las explotaciones de interior que mantiene a las plantillas sumidas en el desempleo, ahora se suman las consecuencias de la ‘ley mordaza’.
Ésta castiga duramente los enfrentamientos con los cuerpos de seguridad y pena incluso con cárcel acciones que en su día eran habituales en cualquier movilización del sector.
A mayores está «el poder sancionador que también tiene la oficina electoral» y que en ningún caso permitirá que se altere la jornada del 20-D. «A la altura en la que estamos y con todo lo que se ha pasado lo último que queremos es que un compañero termine en prisión. Era lo que nos faltaba», también se ha señalado.
Así la minería tiene claro que estará en esta cita electoral y que se escuchará su voz, pero no será ni con la intensidad de movilizaciones anteriores ni con la efectividad. «Es triste, pero es así», se reconoce ya abiertamente.
Este jueves habrá nuevas reuniones para fijar un calendario de movilizaciones que tomará cuerpo a lo largo de la próxima semana.