Artículo de Duarte Correa, extraído de Sermos Galiza y traducido al castellano por Victor Acuña.
En la noche del 25 de enero y una vez conoció su victoria, en las elecciones legislativas, Syriza puso en las redes sociales la frase “Llegó la esperanza”; pasados casi seis meses, el pasado 5 de julio en el discurso de valoración del resultado del referéndum en el que más de un 61 % de l@s votantes dijeron un claro NO a los recortes y a las propuestas del Eurogrupo, el propio Alexis Tsipras dijo: “El pueblo griego hoy ha dado respuesta a la pregunta: Qué Europa queremos. Y respondió: Queremos la Europa de la solidaridad y la democracia (…) Al mismo tiempo, ya estamos listos para continuar con la negociación. Con un plan de financiamiento creible. Con un proyecto de reforma, pero que tendrá la aceptación de la sociedad griega. En términos de justicia social, es decir, la transferencia de cargas de los débiles a los economicamente fuertes (…)”.
En la campaña electoral para las elecciones de ayer (20 de septiembre), Syriza no centraba su mensaje en que era la esperanza ni en hacer pagar más a quien es economicamente más fuerte; su mensaje podríamos resumirlo en “ votad por nosotros para tener estabilidad, estabilidad para garantizar la aplicación del tercer rescate”, un rescate aceptado por Tsipras pocos días después de la victoria del NO en el referéndum y que echó por tierra muchas esperanzas dándole una bofetada a un pueblo que confiaba en la posibilidad de poner en marcha otras políticas que pusieran fin al sufrimiento.
Si queremos dar un calificativo a las elecciones celebradas ayer podemos decir que fueron las elecciones de la “desilusión” y el “escepticismo”, algo comprobado en una campaña fría y poco participada y también en la afluencia de votantes a los locales electorales, ya que votó el 56,6% del electorado frente a un 63,6% en las elecciones del pasado mes de enero o un 62,5% en el referéndum de julio.
Tal y como indicaban todas las ecuestas, Syriza revalidó la victoria aunque con un castigo escaso y menor de lo esperado, pues con el 92% de los votos escrutados obtuvo un 35% del apoyo perdiendo sólo 1 punto y cuatro escaños; un resultado que teniendo en cuenta que la legislación electoral griega concede de manera automática 50 diputad@s a la fuerza ganadora, permitirá a Tsipras repetir gobierno con la suma a sus 145 escaños de los 10 obtenidos por quien fué su socio de gobierno, ANEL.
Los mecanismos para conformar gobierno en Grecia son muy rápidos, mañana mismo o en un par de días a lo sumo tendremos la certeza de si repite el más probable gobierno Syriza-ANEL que se anunció esta misma noche a las pocas horas de cerrar las urnas o finalmente Tsipras intenta ampliar sus apoyos con el objetivo de contar con más fuerza en la ampliación de las medidas contenidas en el acuerdo al que llegó con la Troika, una ampliación que podría pasar por la entrada también del socialdemócrata Pasok en el gobierno, un partido al que muchos daban por amortizado con su fracaso en las elecciones en el mes de enero, pero que acaba de conseguir el cuarto puesto en el parlamento recuperando votos y escaños presentándose en alianza con un pequeño partido escindido de Syriza hace unos años.
Es preocupante la ascensión de la extrema derecha de Amanecer Dorado, que aumenta en apoyos y en diputados consolidándose como tercera fuerza en el parlamento griego, al recoger mucho voto desencantado con la “ política y con los políticos” de personas que en su momento desertaron fundamentalmente del Pasok hacia Syriza y ahora delante del comportamiento de ésta y del miedo inducido a los efectos que puede tener para su futuro la llegada de miles de refugiados pasan a acreditar en los discursos demagógicos y xenófobos de la extrema derecha.
La Unión Europea no lo va a tener difícil a partir de ahora en Grecia con un Tsipras que se consolida y que consiguió con estas elecciones anticipadas impedir la organización de la oposición interna y la presencia de su escisión Unidad Popular en el parlamento heleno dado que no consiguieron ningún escaño; así algunos de los que se han enfrentado duramente a la aceptación por parte de Tsipras de las condiciones impuestas por el Eurogrupo como la presidenta del parlamento Konstantopoulou o el exministro Lafazanis no lo podrán hacer de nuevo, por lo menos desde un escaño.
La oposición de izquierda en la plaza Syntagma toda vez que la Unidad Popular no obtuvo representación estará en manos únicamente del partido comunista KKE que, pese a su capacidad de movilización y sus acertados análisis sobre la actuación de Syriza, no es capaz de recoger el voto de importantes sectores de las clases populares que habían confiado en Tsipras y ahora se sienten decepcionados y traicionados. El KKE mantiene sus 15 escaños y tiene una leve subida en el porcentje de voto.
En nueve meses escasos lo que algunos, también en Galiza, anunciaron como el parto de una nueva alternativa que se extendería sumando fuerzas con otras de distintos pueblos en la construcción de una Unión Europea más justa no fué más que un aborto que bajo la máscara de una supuesta izquierda radical ocultaba a un grupo de políticos capaces de vender humo pero incapaces de mantenerse firmes haciendo valer la decisión adoptada por su pueblo en referéndum de no aceptar nuevos recortes.
Much@s no entenderán como puede ser que la gente mantuviera el voto a Syriza, ciertamente es difícil de entender así en caliente pero no debemos olvidar que después de años de duros sacrificios lo que se les vende es que la política de Tsipras es la menos mala, que cualquiera de las otras opciones es peor; y también debemos considerar que de la aceptación del tercer rescate a las elecciones de ayer pasaron escasos dos meses, muy poco tiempo para que una persona no ideologizada supere la desilusión y empiece a acreditar en la existencia de otra alternativa.
Es posible que en los próximos meses ante la aplicación de algunas duras medidas incluidas en el tercer rescate se reproduzcan las grandes movilizaciones pero tampoco debería extrañarnos que el resultado electoral de ayer provoque desmovilización de los que estaban a la cabeza de la contestación a las políticas aceptadas por Syriza, pues por lo menos electoralmente esta batalla la ganaron Tsipras y la Unión Europea.
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