Produce rubor que ante problemas reales y complejos se planteen alternativas simples y sin utilidad práctica alguna. Algunas gentes, cuyas biografías políticas no están precisamente exentas de significativos errores de posicionamiento, nos avisan de que en el caso de Grecia la cosa es clara, hay que optar entre Reforma y Revolución; ¡y ya está! Cualquier lector o lectora con dos dedos de frente comprenderá que esa fórmula abstracta sirve para cualquier lugar geográfico y momento histórico, o lo que es lo mismo, en lo concreto no sirve para nada. Como suele ocurrir con esas generalidades, las gentes que las sustentan se cuidan muy bien de no explicar en qué consiste un proceso revolucionario, factible y útil para el pueblo trabajador griego, por supuesto tampoco para los Pueblos del Estado Español.

Esta «santa simplicidad», que diría Lenin, es similar a la que mantienen los que ante una epidemia de cualquier enfermedad infecciosa proclaman que el problema está en elegir entre salud y enfermedad. Obviamente el problema no está en la elección entre salud y enfermedad, que es un obviedad, sino en saber construir la línea de trabajo, las investigaciones pertinentes, los instrumentos adecuados y específicos para combatir esa epidemia y la enfermedad que la sustenta; y a partir de ahí, construir la salud.
Esta es la cuestión central en el caso de Grecia y, por supuesto, en el caso del Estado Español.
El 5 de julio, Fidel Castro escribía una carta dirigida a Alexis Tsipras con el siguiente encabezamiento «…Lo felicito calurosamente por su brillante victoria política, cuyos detalles seguí de cerca por el canal TeleSur...»
No parece qué, a estas alturas, Fidel sea un personaje dudoso en cuanto a sus concepciones revolucionarias o a su inteligencia política.
El premio nobel de Economía, Paul Krugman reconocía, humildemente, su decepción por el pilotaje que Tsipras realizó en su negociación con la UE, señalando la extrañeza que le produjo el que éste, Tsipras, no tuviera un plan B ante el endurecimiento y enrocamiento de la UE en esa negociación.
En una editorial de nuestra página, de fecha 2 de julio, titulada Grecia tiene el derecho democrático a decidir su futuro , decíamos que no teníamos aún perspectiva ni conocimientos suficientes para hacer una valoración global sobre el gobierno Griego hegemonizado por Syriza, pero también manifestábamos que creíamos que éste tenía mas sombras que luces; sin embargo, en lo referente a la convocatoria del referendúm, considerábamos que ésta iniciativa tenía más luces que sombras, porque dicho de una forma sintética, daba la oportunidad histórica al Pueblo Griego de expresar su opinión sobre el modelo de construcción europea que supone la UE. Porque a esa cuestión fue a la que respondió realmente la sociedad helena, al margen de cuál fuera la pregunta concreta.
El Pueblo Griego se convirtió de hecho en el primer sujeto político del Sur de Europa en expresar democráticamente su opinión sobre el proyecto imperialista europeo. Y la respuesta fue absolutamente contundente en el sentido de rechazo a ese proyecto.
Parecía claro que el actual gobierno de Tsipras acabaría aceptando una parte muy sustancial de las cuestiones que la mayoría social griega había rechazado en las urnas. Pero lo que finalmente ha ocurrido es algo mucho más humillante que la aceptación de un paquete de recortes económicos y sociales.
El actual Gobierno griego ha aceptado de hecho convertirse en una colonia de la UE hegemonizada por Alemania. El acuerdo incluye una renuncia casi total a la soberanía de Grecia: se revisarán todas las leyes aprobadas por el actual Parlamento griego desde la Troika. Así mismo, ese instrumento criminal del imperialismo tendrá que conocer previamente y dar el visto bueno a cualquier nueva iniciativa legislativa.
Alemania ha enviado un aviso a navegantes: nada de juegos de reacomodo, nada de reajustes del estatus dentro del Imperio; y menos por parte de miembros de la UE con historias similares a la del Pueblo Griego.
Alemania ha respondido a lo que finalmente era «el farol de Syriza» con una contundencia brutal, no ha querido dejar pasar la ocasión de dar un escarmiento a «l@s revoltosos». Y desgraciadamente, el gobierno de Tsipras no parece que tuviera prevista la reacción germana, que era por otro lado bastante previsible. No tenían, desde luego, plan alternativo alguno para moverse en ese escenario.
Obviamente, si Tsipras fuera un revolucionario -que está claro que no lo es-, hubiera tenido un plan alternativo que incluyera la hipótesis de la salida de la eurozona y el abandono del euro. Simplemente si Tsipras hubiera tenido mayor capacidad de análisis, aún sin ser un revolucionario, hubiera hecho previsiones en este sentido; pero ha demostrado serias limitaciones en su capacidad política, no solamente desde el punto de vista revolucionario.
Sobre lo ocurrido en Grecia se pueden hacer diversas reflexiones, y seguramente varias de ellas tengan su parte de verdad. Pero sobre todo de la experiencia griega hay que aprender, sacar conclusiones, teóricas y prácticas, para la lucha por la ruptura democrática en el Estado Español.
Una reflexión que tiene su parte de verdad es que detrás de todo el proceso de llegada al gobierno de Syriza, hay un impulso del propio Sistema Griego, que ante la agudización de las contradicciones en esa sociedad y el aumento de la movilización y organización popular, necesitaban montar un gran señuelo que canalizara una buena parte de los sentimientos de cambio hacia posiciones institucionales, con la previsión de que antes o después se verían frustradas; y que ello, a su vez, traería como consecuencia un dramático retroceso de la lucha popular, de la confianza en las propias fuerzas y en la organización propia. Esta reflexión se puede aplicar de una forma literal a Podemos en el caso del Estado Español, proyecto que por cierto está haciendo aguas porque se le ha visto ya demasiado el plumero. Pero sólo se puede aplicar de una forma parcial al caso de Syriza, que tiene un largo proceso de construcción, conocido y complejo; y con diversas sensibilidades, tal como también se ha demostrado en la actual crisis.
En nuestra opinión, el proceso griego, a pesar de los últimos episodios, es de un gran interés; y deseamos y esperamos que las fuerzas populares griegas, incluyendo los sectores más coherentes de Syriza, sepan articular en el menor tiempo posible una alternativa capaz de llevar adelante las transformaciones imprescindibles que el pueblo trabajador griego necesita.
Hay un aspecto de la crisis Grecia-UE, que nos parece que puede tener un gran relevancia para el Estado español. Nos referimos a la falta de previsiones sobre la reacción del Imperialismo germánico al atrevimiento heleno de «convocar un referéndum». Y derivado de ello, la ausencia de un plan alternativo con los apoyos adecuados para sostener tal atrevimiento.
En nuestra opinión, algunos de los agentes que impulsan el proceso soberanista catalán, infravaloran las potenciales reacciones jurídico-represivas del Régimen del 78. Esa impresión no nos lleva a aflojar nuestro apoyo a ese proceso soberanista, ni a realizar análisis en clave de si esos agentes son revolucionarios o no, que por supuesto una parte significativa de ellos no lo son, sino a comprometer parte de nuestras energías para colaborar en la neutralización y en su caso, dar la respuesta social y política más amplia, a esa potencial reacción represiva del Estado Español que estamos absolutamente segur@s que se va a poner en marcha.
¿Pero acaso alguien se creía que los procesos transformadores son fáciles y sencillos? ¿O qué sólo con la aportación de los nominalmente revolucionari@s se pueden llevar a cabo?
El proceso soberanista en Cataluña es el proceso político de la mayoría social de un Pueblo, que por primera vez en el Estado español cuestiona la legitimidad y legalidad del Régimen del 78. Ese proceso puede y debe de ser un estímulo de primer orden para el Proceso Destituyente – Procesos Constituyentes en el Estado Español. De tod@s, no sólo de los catalanes y catalanas, depende que ese proceso tenga éxito.
Ese proceso, el soberanista catalán, es una pieza clave en la lucha por la democracia y la libertad en el conjunto del Estado Español.
Con similar perspectiva, en lo referente a la lucha contra el proyecto imperialista europeo hegemonizado por Alemania, hay que observar el proceso griego. De momento ha sido vencido, pero esperamos y estamos segur@s de que así será, tiene potencialidad para levantarse y seguir en marcha.
Otra cuestión sobre la que nos parece de especial interés reflexionar es sobre la imagen que dan la mayoría de los medios de comunicación actualmente sobre Grecia. Describiéndolo como un Estado casi fallido, con una situación social, económica, etc. insostenible sin el aporte externo. Sobre este aspecto de la cuestión publicaremos un artículo en los próximos días.
Izquierda Castellana
Castilla a 23 de julio de 2015