La Asamblea Docente de Guadalajara quiere, en primer lugar, felicitar a nuestros estudiantes que secundan dos días de huelga defendiendo con fuerza su futuro y el nuestro, convocados por el SINDICATO DE ESTUDIANTES. Nosotros, como docentes, os miramos con orgullo. Orgullo por no cesar en la lucha para defender activamente uno de los pilares de cualquier sociedad democrática: la educación pública.
Creemos que esta defensa ha de unir a docentes, estudiantes y padres. Y queremos que esta unión perdure para seguir luchando. Por ello, como docentes, reclamamos a nuestras fuerzas sindicales que lideren una estrategia seria, integradora y constante con estudiantes y padres para acabar con la política del Partido Popular que está desangrando nuestra educación. Esta estrategia ha de pasar, necesariamente, por una movilización permanente y masiva que aspire a lo aparentemente imposible: la rectificación de estas políticas. Otro servicio público amenazado -la Sanidad- nos ha mostrado el camino. Y recientemente las Marchas de la Dignidad han vuelto a hacer patente la fuerza de la ciudadanía en la defensa de sus derechos. Nuestra educación no puede salvarse a sí misma: la tenemos que rescatar entre todos.
Un país azotado por una crisis, que casi parece endémica, sufre un gobierno que no ve otro camino para salir de ella que cercenar su futuro, recortando brutalmente en lo que más debiera invertir: la educación. Emperrado en bajar la prima de riesgo, en rescatar a la banca, en reducir el déficit, en endeudarse hasta las cejas, el gobierno del Partido Popular no tiene un plan de futuro para este país, salvo agrandar la brecha social profundizando en las desigualdades hasta límites insostenibles.
La clave del desarrollo de un país reside en la educación que ofrece a sus ciudadanos. Y las políticas del Partido Popular nos arrastran al subdesarrollo, a intentar competir inútilmente con países donde el estado de bienestar es una quimera. El Ministerio de Educación ha reducido un 30% su presupuesto desde 2010. Castilla-La Mancha se ha situado como la comunidad autónoma que más ha reducido el dinero que destina a educación, un 32% menos. Nuestra región también lidera los recortes en el profesorado, pues ha eliminado en los dos últimos cursos al 15% de sus docentes. El conjunto del sistema educativo español lleva acumulados hasta este año 4 casi 7300 millones de euros en recortes. Todas estas macro cifras recortadoras tienen fácil traducción:
– Miles de profesores menos para un sistema que este curso tiene medio millón de estudiantes más en su conjunto que hace cuatro años.
– Hacinamiento en las aulas, gracias a la subida de ratios.
– Menos becas para los estudiantes: 10.000 alumnos las han perdido este curso.
– Subida salvaje de tasas universitarias.
– Eliminación de programas de apoyo para los alumnos que más lo necesitan.
– Desaparición de ayudas para libros de texto para más de un millón de alumnos.
– Reducción de las becas de transporte, servicios gratuitos de comedor, dinero para la formación del profesorado, para gastos corrientes de los centros, programas de implantación tecnológica, etc.
Y en medio de toda esta orgía de recortes, el gobierno del Partido Popular ha aprobado una ley educativa -la LOMCE- que quiere imponer un modelo educativo de carácter claramente regresivo, al introducir factores ideológicos reaccionarios que conducen a la desigualdad, inequidad y clasismo en el sistema educativo, disimulados por conseguir una supuesta calidad y eficiencia en el mismo.
La educación tiene un papel crucial para evitar la creación de una sociedad dual y asimétrica, con una casta depredadora en la cúspide sostenida por una gran masa de trabajadores retribuidos míseramente. Una sociedad no puede progresar en conjunto si descuida formar a sus ciudadanos. Sin dejar atrás a nadie, ofreciendo oportunidades para todos. Pero nos proponen una economía basada en el turismo, la hostelería y la precariedad laboral. Una economía en la que la educación no sea un bien público, sino un valor más de mercado.
Nuestra lucha no es sólo una cuestión laboral. Ni tampoco es únicamente defender derechos en peligro. Ni siquiera intentar que nuestros hijos puedan sobrevivir en un sistema feroz. Nuestra lucha es todo eso y mucho más, pues en ella nos jugamos nuestro futuro como sociedad. Y estas cuestiones capitales hay que defenderlas con todos los medios posibles. Sin medias tintas, ni componendas. Con la determinación que nos están enseñando nuestros estudiantes.