Ucrania, la manipulación en la prensa y la guerra de propaganda.
Antes de empezar, quiero dar las gracias a todos aquellos que han leído, estando de acuerdo o no, con el anterior escrito. Jamás pensé que un escrito mio, censurado (porque medios alternativos, incluso, se han negado a publicarlo) llegase a tener tal cantidad de visitas. No es, pienso humildemente, que el escrito fuese «la leche». Más bien pienso que entre muchos que prefieren tragar el cuento oficial de la «dulce revolución» del Maidán, hay una gran cantidad de personas críticas que se niegan a creer un cuento que, cada día que pasa, comienza a desmoronarse.
Parece una ironía, pero es realidad, que sea un asunto de política exterior, de una tierra tan alejada de nosotros, el que verdaderamente muestre la cara más repugnante de los medios de prensa generalistas españoles y de sus intereses económicos. Muchos hemos vivido en nuestras carnes como en manifestaciones, protestas, conflictos como Gamonal, la prensa o una buena parte de ella, tergiversaba, mentía o directamente ocultaba la información delante de nuestras narices. Pero ha sido gracias al asunto ucraniano, mucho más descarado que en el caso de Libia, que ya entonces denuncié en este blog, cuando se ha podido ver, de una manera unánime y bochornosa, cual es el papel y la verdadera función de los medios de comunicación. Se han caído, y bien caídas, muchas máscaras.
Para no repetir como el «ajo», como se dice coloquialmente, no hablaré en exceso del carácter fascista ocultado por los medios españoles respecto a parte de la revolución del Maidan y a quienes dirigen, cada vez con más fuerza, los hilos del poder en Kiev. Eso ya lo hice en mi anterior escrito, si bien es cierto que ha sido destapada o conocida mucha información nueva de la que antes no disponíamos. Tiroteos a autobuses de civiles a los que se orinó y apalizó por parte de «defensores del Euromaidan», filtraciones telefónicas donde una Comisaria Europea es preguntada por los francotiradores de la oposición, etc.
Lo que en este nuevo escrito quiero es desenmascarar el papel de la prensa, no solo en Ucrania, sino globalmente, también localmente. Y, por suerte, Ucrania ha desenmascarado a los voceros al servicio del régimen y de nauseabundos intereses e impuesto una unanimidad editorial y periodística que demuestra que la cacaerada libertad de prensa, que todavía algunos alaban, no es sino una farsa. La libertad de prensa es y será la libertad del dueño del periódico a decidir como engañarnos o convencernos con un fin y un interés. ¿Cómo si no se entendería que el poder mime a todos los periódicos y cadenas de TV con multimillonarias subvenciones y campañas, que superan, con mucho, a cualquier ayuda realizada a otro sector económico?
Soy de los que sabe y es consciente que dentro de la prensa generalista no existe ningún medio de comunicación de izquierdas, pero también soy plenamente consciente de que muchos lo consideran así. Por ello es necesario desgranar algunos datos para hacer comprender este concepto a gente que aún piensa que la Sexta o EL PAÍS es de izquierdas.
Para empezar EL PAÍS y la SER son medios de comunicación vinculados a Liberty Found Acquisition, un fondo de inversión norteamericano cuando en 2010 PRISA (Promotora de Informaciones S.A) pactó con ellos. Liberty está formado por grandes magnates, algunos de ellos reconocidos sionistas, vinculados a la derecha estadounidense y EL PAÍS se encarga, en su sección internacional, de dejarlo claro cada día. Uno de ellos es Nicolas Berggruem, un multimillonario de la lista Forbes, promotor de «visiones» positivas sobre la gobernanza mundial o europea. De hecho, desde aquello, la línea editorial, por ejemplo sobre el Estado de Israel, ha virado de forma que cualquier lector de EL PAÍS puede haberlo notado. Además de despedir sin aviso a un dibujante crítico con Israel, se omiten informaciones críticas en exceso contra dicho estado.
