Los hospitales de la región cerrarán 1.068 camas en julio y 1.188 en agosto para ahorrar gastos

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La reducción de las camas funcionantes y la redistribución de la organización de servicios para poder cerrar plantas hace tiempo que dejó de concretarse en los meses de verano para extenderse, con una creciente línea ascendente, a todo el año con mayor incidencia en determinados meses, como los del otoño o la primavera, en los que las patologías sobre todo respiratorias dan un alivio a los servicios y bajan en cierta medida la necesidad de ingresos. Esta tendencia registró un considerable aumento ya en abril y el verano sumará más cierres y, desde luego, en mayor medida que en otras épocas estivales en las que las causas de estas clausuras respondían más a mantenimiento, pintura o instalación de aire acondicionado que al máximo aprovechamiento de recursos. Las hemerotecas así lo constatan.

Este verano, en toda Castilla y León, serán 43 los servicios, unidades o laboratorios afectados por este cierre.En la comunidad el número de camas cerradas es de 757 este mes que suponen el 10,41% del total –hay 7.269 instaladas en los 14 hospitales–; 1.068 en julio, el 14,69% y 1.188, el 16,34% en agosto.

El consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado, destaca que «es cuestión de organización y no se cierran en todos los hospitales de la comunidad (Palencia y Segovia se mantienen al completo)solo en los que la actividad lo hace posible. Es absurdo tener, como ocurre en verano, un índice de ocupación de entre el 65% y el 70% y el 100% del personal. La media anual está en el 74% y lleva mucho tiempo sin cambiar. Es cuestión de eficiencia el reorganizar las plantas para evitar tener que contratar personal para las sustituciones».

El sindicato UGT no se ahorra críticas en este sentido e, incluso, añade sospechas de intencionalidad por parte de la Junta en el impulso al sector privado sanitario.

Destaca al secretaria general de Sanidad de UGT, Carmen Amez, que «esta reducción de camas pone en peligro la actividad sanitaria en la comunidad. Las prestaciones se quedan reducidas, es indiscutible y vemos cómo muchos pacientes que llegan a urgencias y que en otras épocas se les indicaría el ingreso cómo apenas se les puede hacer oferta en la pública y cómo todo esto compensa a la privada. Es peligrosísimo y pone en una situación delicada a la calidad asistencial, es una agresión». Añade esta portavoz de los trabajadores que, además, esta situación «aumenta la presión sobre los trabajadores. No es lo mismo tener que atender al doble de pacientes, el estrés es mayor y las posibilidades de cometer errores crecen y luego las cuentas por cualquier despiste o negligencia se le piden al trabajador. Es cómodo para la consejería: Doy vacaciones y no tengo que contratar a nadie. El deterioro de la sanidad en Castilla y León es ya una realidad, las encuestas ya recogen el menor grado de satisfacción aunque todavía los resultados sean buenos y ya hay también informes que apuntan a pérdida de esperanza de vida. La sanidad que tenemos ahora no siempre es ni rápida ni eficiente, estás horas en urgencias para que te puedan ver».

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