AL FINAL ERA VERDAD, ESPAÑA SE HA ROTO.
Tras muchos años de dar la alarma y hacer predicciones apocalípticas sobre la quiebra del proyecto español, no queda más remedio que dar la razón a la troupe de profetas de la derecha que vaticinaban el final de ese gran proyecto común llamado España. España se ha roto.
Hoy ya la soberanía nacional con la troika dirigiendo la economía, la patronal redactando las reformas laborales o la iglesia haciendo el desembarco en cuestiones como los servicios sociales, la educación o el aborto, no es sino un chiste de mal gusto.
La marca españa se arrastra por el lodazal de la prensa internacional entre imágenes de policías cargando contra quienes solidariamente intentan evitar que el banco desahucie a su vecina y los datos de empleo, precariedad, transparencia o pobreza dibujan un escenario en llamas, una imagen más propia de apocalipse now que de aquellas alegres peliculas de Manolo Escobar.
Entre la población crece la angustia y la infelicidad, el consumo de fármacos antidepresivos y ansiolíticos se ha triplicado en los últimos diez años, la pobreza infantil española es de las más altas de la UE sólo superada por Letonia y rumanía y somos campeones también en otros indicadores como la tasa de paro, el fracaso escolar, el consumo de cocaína o las muertes en el trabajo.
Hoy España es el segundo país de la UE con más desigualdades sociales y organizaciones como el relator para la tortura de la ONU o Amnistía internacional denuncian el abuso de la fuerza en la represión de manifestaciones y los malos tratos por parte de las fuerza de seguridad del estado.
En lo relativo a la corrupción merece una mención especial el papel que ha jugado la burbuja inmobiliaria en el lavado de dinero negro, aspecto este fundamental en el desembarco de todo tipo de mafias que veían en España la nueva Tailandia Europea, un paraíso para la economía criminal en el que narcos, políticos y banqueros han sabido ponerse de acuerdo.
Ninguna institución del estado se libra. Los escandalosos privilegios de la iglesia en mitad de una aumento devastador de la pobreza. La judicatura con sus indultos, dobles varas de medir y sus servidumbres con respecto a otros poderes. La patronal, con su anterior presidente entre rejas (Eso si, con una fianza para salir de la cárcel que en un principio se estableció en 30 millones de euros, luego en diez y hoy se vuelve a rebajar hasta los 5), y con el presidente actual denunciado públicamente por pagar en negro a sus empleados y lucrándose, que curiosos son los liberales anti-estado, con todo tipo de contratos con la administración pública.
Los sindicatos mayoritarios están desaparecidos, castigados en las encuestas y con niveles de afiliación de risa, o la corona, a la que los escándalos y desmanes le rompen el velo campechano que patéticamente habían sostenido los medios durante décadas,forman el cuadro de un estado al que le queda el fútbol y poco más a la hora de venderse de forma exitosa.
Al final, parece que no va a ser «el aparato logístico de ETA», el invasor en patera o alguno de los villanos independentistas tipo Carod Rovira o Arnaldo Otegui los que desmembren a España.
Ahora que se le ha caído la capucha, resulta que el verdugo ni siquiera era el mandatario de algún pérfido gobierno latinoamericano de esos que nos amenazan a todos cuando ponen coto a los desmanes de Repsol o telefónica.
Al final la amenaza, como siempre, estaba dentro y no fuera.
Quienes han agitado de forma obsesiva y agresiva la bandera rojigualda, son a la postre los mismos que han dejado al toro de osborne famélico mediante el vaciado de las arcas públicas vía sobres, exenciones fiscales o «inyecciones» a los bancos y grandes empresas privadas o mediante la venta de las empresas públicas solventes.
Aquellos que han introducido modificaciones legales para priorizar el pago de la deuda privada o endurecer el código penal para castigar y reprimir las protestas, no eran en última instancia los enemigos públicos que nos señalaban los carteles en el telediario, sino una casta económica y politica que se parapetaba detrás del consenso de la transición y se organizaba electoralmente en un blindado sistema bipartidista.
Jugando la baza de la vuelta a la España Imperial han enganchado a no pocos incautos que han apoyado un proyecto político que llena las arcas en Suiza de una elite post franquista mientras que lanza a la gran mayoría social a una fabelización progresiva en la que ni siquiera están garantizados los mínimos derechos sociales, económicos ni políticos.
La próxima vez que les oigan llamarnos para defender a España, hagan la traducción simultánea pues cuando dicen españa, hablan en realidad de sus intereses, no de los nuestros.