Carta abierta a Francisco Gill Hellín, Arzobispo de Burgos

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Gil-Hellin-1El pasado 23 de abril medios de comunicación locales daban a conocer la notica de la ocupación por parte de un grupo de personas sin vivienda de un local  de 400m2 propiedad del Arzobispado de Burgos que llevaba casi una década en estado de abandono. Frente a la denuncia realizada por los representantes de la archidiócesis burgalesa, los ocupantes iniciaban una campaña de movilización con un llamamiento de solidaridad y una concentración frente a las mismas puertas del arzobispado. Tras un mes desde aquellos hechos que generaron un vivo debate en este blog y otros medios alternativos, publicamos una carta abierta dirigida a Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos, firmada por nuestro colaborador habitual Modesto Agustí.

A la atención de su Excelencia Reverendísima Francisco Gill Hellín, Arzobispo de Burgos:

Más de un mes ha pasado, mi estimado Monseñor, desde que medios de comunicación de nuestra ciudad de Burgos divulgarán la noticia de la ocupación por parte de un grupo de personas sin vivienda del primer piso del número tres de la calle Santa Casilda, propiedad de su arzobispado. Como bien sabe su Excelencia, y permítame que de ahora en adelante me apee del trato protocolario que me resulta cuanto menos farragoso, aquel piso  en el pasado sirvió para muchas actividades. Fue, entre otras cosas, una residencia de estudiantes, un hogar para madres sin recursos, pero sea como fuere, y sin menoscabo de todo lo anterior, desde hace casi una década los 400m2 de aquel espacio han servido de apeadero donde paran las cucarachas. Unos curiosos animales que durante todo este tiempo han hecho de él su vivienda, generando una extensísima prole alumbrada en alegre y libidinosa mancebía, pues como todo el mundo sabe, tales insectos, a pesar de ser hijos de Dios, nada saben del sacramento del matrimonio.

Perdone de ante mano mi ironía caustica con la que no quisiera zaherirle. Pero en estos tiempo que corren donde la escasez de viviendas y el drama de los desahucios se han convertido en “el pan nuestro de cada día”, mi imaginación se excita al pensar como durante todos estos años el espacio de estas seis viviendas se ha convertido en la peculiar geografía donde estos insectos han establecido su reino, o quizás su república socialista, con su retahíla de normativas ciudadanas y ordenanzas cívicas, con sus conflictos y alianzas, con sus guerras interminables y tratados de paz bilaterales que frenasen la política expansionista de otras tantas especies de invertebrados o similares. Vaya usted a saber, quizás a fuerza de contemplarnos también a estos bichos les ha dado por adoptar el comportamiento perturbado de los humanos. Pero no se enoje, prometo no concederle más licencias a mi imaginación desbordada.

Me consta que usted es una persona cultivada que se ha formado en las mejores universidades de la cristiandad, que no ha dejado de publicar extensísimos volúmenes, que conoce incluso las entrañas de la curia vaticana  y que comprende cómo nadie los entresijos teologales y doctrinales de su iglesia. Yo, humilde juntaletras que ha dejado ya atrás los arrebatos apasionados de la juventud, poco o nada sé de todas estas cosas. Sólo soy un humanista libertario que ha hecho de la justicia social su caballo de batalla, ateo recalcitrante quizás me llame usted, pero con todo y con esas, algo sé también de su religión. A fin de cuentas es la misma que de niño me impusieron obviando si la quería como propia o no.

Sé que faltar a la verdad es mentir, y mentir es un pecado desde que Moisés bajase de la montaña con las Tablas de la Ley que el mismo Yavé esculpiese de su puño y letra, que era el mismo Dios de Abraham, etcétera. Disculpe que no prosiga pero nunca se me dieron bien las genealogías.

Y miente usted señor Arzobispo, o lo hace su equipo de prensa, cuando dice en un comunicado que los ocupantes del piso de Santa Clara han ocasionado quejas de los vecinos. Falta usted a la verdad y levanta falso testimonio, pues si existieran dichas quejas no le quepa la menor duda de que hubieran sido ampliamente aireadas por los mismos medios en los que usted, o su equipo de prensa, acostumbran a difundir sus comunicados.  Si bien es cierto que existió una fuga de agua que afectó a una aseguradora que se encuentra en la planta baja y que les informó de la situación, ninguna queja o molestia han manifestado los vecinos del inmueble al respecto, más bien, y usted lo sabe, todo lo contrario.

Dice usted también como si de una arenga o encíclica se tratase que “la iglesia de Burgos apuesta por la dignidad de las personas y por el derecho a la vivienda”. Permítame que ponga en duda una declaración que, no discuto que albergue buenas intenciones, pero que contrasta con la amplia polémica ocasionada por el privilegio que se le otorga a su iglesia al estar exenta del pago del IBI y otra serie de situaciones, cuanto menos irregulares, como es el caso de las inmatriculaciones o apropiaciones indebidas de propiedades inmobiliarias. Eso, señor arzobispo, se llama robar, y robar a parte de ser un pecado, supone atentar contra el séptimo mandamiento de las Tablas de la Ley que esculpiese el Dios de Moises, que era el mismo que el de Abraham, y me parece que también el de Noé y Adán, aunque ya sabe que no ando muy ducho en genealogías.

Permítame que tenga la osadía de añadir que la oferta de solución del problema de la vivienda a través de los mecanismos y fórmulas que ofrece Caritas no es una realidad. La caridad es lo diametralmente opuesto a la justicia social y no contribuye a paliar la situación de desigualdad y exclusión de nuestras sociedades sino que la perpetúa ad secula seculorum.

No se lo ponga difícil a la llamada base social de su iglesia que trata de orientar la movilización social contra los desahucios a través de sus postulados (que se pueden compartir o no, pero créame cuando le digo que aquí no radica la esencia del problema) y que tras actuaciones como la de su arzobispado, que se presenta como acusación particular en el sumario incoado a las personas sin vivienda, tiene que desplegar toda su artillería dialéctica para explicar lo inexplicable.

Usted que conoce el triste camino de los perseguidos por la justicia ya que ha en su juventud fue Canónigo Penitenciario, no  se convierta en una espina más en el calvario de los procesados, no haga usted como el centurión Longino y clave su lanza en el costado. No se lave usted las manos como Pilatos.

Recuerde que el credo que usted procesa tiene su origen en las andanzas de aquel judío singular que predicara su palabra en la Judea y Galilea ocupada por el Imperio Romano en los primero años de nuestra era. Recuerde que él también fue un perseguido por el poder civil y religioso de su época. No sea usted fariseo o rememore al arzobispo de Castro que años atrás lo precediera en el cargo, ahora tiene la oportunidad de demostrar que nos equivocamos quienes pensamos que desde el Concilio de Nicea la suya ha dejado de ser una religión de perseguidos para convertirse en otra de perseguidores.

Ahora que el número tres de Santa Casilda ha vuelto a quedarse vacio quien sabe si de nuevo las cucarachas y otros invertebrados volverán a instaurar su reino, monarquía parlamentaria, republica o comuna autogestionada, reproduciéndose de nuevo en tan vastísimas genealogías como en aquellas en las que yo me pierdo.

Disculpe si en algún momento he sido osado o virulento, le ruego que perdone mis muchos pecados de los que yo tampoco estoy exento.

Reciba un cordial saludo


Modesto Agustí

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