Sesenta minutos antes de la hora anunciada de llegada del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, a Villalar, la plaza de la localidad presentaba un aspecto impresionante por lo tempranero y el frío que se dejaba sentir. Todo hacia presagiar que el Día de Castilla y León iba a ser multitudinario. Sin embargo, los que ocupaban el espacio ante el Ayuntamiento y alrededor del Monolito, salvo contadas excepciones, no habían acudido allí movidos por su espíritu comunero. Eran policías de paisano -más de un centenar-, decenas de guardias civiles uniformados, cargos del PP dispuestos a arropar a su presidente y detrás, los representantes de los medios de comunicación.
Minutos antes de las 10, Herrera hizo acto de presencia y todo el dispositivo de seguridad rodeó al presidente, que sin dirigir la mirada al Monolito, enfiló raudó la calle Nuevo Mester de Juglaría para dirigirse a la iglesia de Santa María, que alcanzó en breves minutos. Lo que no impidió que tuviera que escuchar los primeros reproches, cuestionando su representatividad y el abandono del sector del carbón.
A la puerta del antiguo templo, el todavía secretario regional de UGT, Prieto, se echó encima del presidente de la Junta para fundirse en un efusivo saludo, ante la mirada de los mineros de Lacina (León), con camisetas blancas; de los trabajadores de Metales Extruidos (Valladolid), con camisetas naranjas; de Puertas Norma (Soria), con viseras de color rojo… Mientras se escuchaban nuevos gritos de ‘No hay pan para tanto chorizo’.
Allí también le aguardaban más cargos del PP y de la cúpula de CCOO. Todos pasaron al interior, previa recogida de un pañuelo morado con la leyenda: ‘Villalar. Día de la Comunidad. Fundación Villalar. Castilla y León. 30 Aniversario Estatuto de Autonomía’, que mayoritariamente fueron anudados al cuello de los invitados.
La comitiva recorrió los paneles de la exposición de fotografías de Eduardo Margareto, titulada ‘El Perímetro de Castilla y León’, y presenció un mediocre vídeo con los tres apartados de la muestra: Agua, Fuego y Aire, que fue proyectado sobre las piedras del ábside.
Más de treinta agentes de la Guardia Civil formaron un cordón en el exterior. La consejera de Economía, Pilar del Olmo, disfrazada de Indiana Jones, departió amigablemente con mandos del dispositivo de seguridad, que al cabo de media hora, serviría para proteger la huida del presidente de la Junta por una calle lateral de la sede de la Fundación Villalar, seguido de sonrientes dirigentes de Nuevas Generaciones. Mientras se escuchaban gritos de «Cobardes», «Escapan por la puerta de atrás», «No le interesan los problemas de la gente»…
Para entonces, a los mineros, a los de Metales Extruidos, a los de Puertas Norma… se han sumado los zamoranos de Alstom, los Parad@s en Movimiento de Valladolid, los de Arribes Vive… y las banderas tricolores ondean ya en la calle. Todos enfilaron para la campa. Entre las pancartas de las empresas en lucha, una portada por una familia: «Mi papá al paro y yo sin futuro».
SITIADOS EN LA CASETA DE LA FUNDACIÓN
La presencia de los políticos del PP, ya sin su presidente al frente, y de otras formaciones políticas, así como de CCOO y UGT, y, sobre todo, el despliegue de la Guardia Civil en la carpa de la Fundación Villalar plantada en la campa, arremolinó a centenares de personas. Entre ellas, a los trabajadores de las empresas ya mencionadas, que el dirigente de IU, Cayo Lara, acompañado del coordinador regional, José María González, fue saludando uno a uno, antes de partir en manifestación para realizar la ofrenda floral en el Monolito.
Despejada la zona de los militantes de IU y PCE, el número de concentrados ante la carpa de la Fundación menguó, y sólo quedaron las banderas comuneras de Izca, cuyos portadores se desgañitaron en gritar: «Fuera fascistas de Villalar».
Momento de forcejeo entre los manifestantes y la Guardia Civil. Foto: C. Arranz
Los momentos de tensión vividos al principio, en los que se registraron forcejeos entre manifestantes y agentes de la Guardia Civil, se prolongaron durante un tiempo. El nerviosismo de las autoridades del PP relacionadas con el Orden Público era evidente, y sus consultas con los mandos uniformados constantes. Mientras, dentro se procedía a la lectura del Manifiesto de la Cumbre Social.
El escrache se desactivó ante la retirada de los acosadores y la llegada de nuevos refuerzos de la Unidad de Intervención de la Guardia Civil. Los acosados pudieron salir fuertemente rodeados de agentes, que les escoltaron fuera de la campa, entre gritos de «Cabrones», «Sinvergüenzas»…
CLEMENTE DIMISIÓN
El exterior de la carpa de la UCCL invitaba a entrar. «Juan Vicente, ¿sabes en qué emplea el dinero la Clemente? Pasen y vean». En un lateral, otro cartel decía: «¡Ya basta! Silvia Clemente dimisión».
En el interior, además del tradicional buen vino, chorizo y queso que ofrece la organización agraria, en esta ocasión una profusa cartelería informaba: «Así se compra el silencio de los medios: Silvia Clemente pagó entre 2008 y 2012 a El Norte de Castilla al menos 827.710 euros en concepto de publicidad y promoción. En ese periodo, Agropopular (programa de la COPE) recibió 561.127 euros por los mismos conceptos».
Otro cartel: «Así se mantiene una familia: El conglomerado de empresas Patatas Meléndez (propiedad del compañero y padre del último hijo de Silvia Clemente), ha recibido en este periodo más de 4 milones de euros en ayudas. Algunas de estas ayudas son de hasta el 100%».
Un tercer cartel tenía por título: «Así se destruye la agricultura y ganadería: Silvia Clemente debe al campo más de 150 millones de euros en concepto de planes de mejora, medidas agroambientales, etc. Otras ayudas, como la de la remolacha, las ha eliminado del todo sin pagar lo firmado y comprometido».
«Así se crean pesebreros», era el título del cuarto cartel: «ASAJA, UPA Y COAG se reúnen en privado con Silvia Clemente firmando acuerdos a espaldas del sector. Se excluye sistemáticamente a la UCCL como interlocutor por sus voces críticas. Como último ejemplo, hace una semana se impidió la entrada de la UCCL en la mesa de la remolacha».
LUIS LÓPEZ ÁLVAREZ
Fiel a su cita. Un año más. El autor del poema Los Comuneros, Luis López Álvarez, aguardaba ante la carpa del PCAS, rodeado de amigos -entre ellos, Luis Martín, del Mester de Juglaría- la llegada de la hora para leer el manifiesto que el Partido Castellano había consensuado con Izquierda Castellana.
A escasos metros, los socialistas Óscar López y Julio Villarrubia departían bajo un sol que empezaba a picar.
Al otro lado de la campa, la carpa de la CNT se sacudía con las versiones de Los Lokomotores, tocadas a ras de suelo y ante un caldero para recoger ayuda económica para la Pantoja. Calentado el ambiente, tomó la palabra el vallisoletano Pedro Serna, flamante secretario general.
Todavía quedaba mucha Fiesta en Villalar. «Si los pinares ardieron / aún nos queda el encinar», como dijo el poeta.
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