
Una apuesta fallida en el mejor de los casos. Un bluf en toda regla si se consultan las hemerotecas. La Planta de Investigaciones de Biocombustibles y Bioproductos, ubicada en el desangelado polígono industrial leonés de Villarejo de Órbigo (León) se ha convertido, 5 años después de su inauguración, en un fiasco de proporciones sólo comparables a la inversión que supuso su puesta en marcha: 9,2 millones de euros.
El propio presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, fue el encargado de adornar con rimbombantes adjetivos lo que, al cabo de un lustro, se ha convertido en un estrepitoso fracaso. El «centro modernísimo, innovador, único en su género en toda España, con capacidad para generar 14 empleos de alta cualificacion», se ha convertido en tan sólo 5 años en un centro en el que hay más teléfonos que trabajadores, en un espacio de investigación donde todavía hay equipos por desembalar y donde se desaprovechan 200 metros cuadrados de laboratorio, ya que los 5 trabajadores con que cuenta en la actualidad están recluidos en una pequeña oficina y nada tiene que ver con la plantilla de hasta 20 personas que se prometió inicialmente.

Al margen de las pruebas iniciales, fuentes del Instituto Tecnológico Agrario (Itacyl), aseguran que en la Planta de Bioetanol de Villarejo no ha producido ni un sólo litro de este combustible, pese a que en su inauguración el presidente de la Junta alardeaba sin rubor de que su capacidad de producción rondaría los «500 litros diarios».
«Ahora en esa planta, en la que Internet no funciona con regularidad y carece de vigilancia, sólo se trabaja en un proyecto que, en realidad, es una tapadera para poder sufragar los 80.000€ anuales que, al margen de las nóminas del personal, cuesta el mantenimiento de la instalación»: «Puesta en marcha del proyecto de Villarejo», señalan fuentes no oficiales de Itacyl.
Esta planta, que nació para compensar el cierre de la azucarera de Veguellina, según los expertos consultados por últimoCero, «es lo suficientemente grande como para que no se pueda usar para investigar, y lo suficientemente pequeña para que no sea atractiva para el mundo empresarial». La actual plantilla de trabajadores de la planta (1 responsable, 1 técnico superior, un empleado de mantenimiento y dos trabajadores de laboratorio) tiene fecha de caducidad. Todos sus contratos son temporales y finalizan este verano. Fuentes de Itacyl, llegado este punto, recuerdan que en las citadas instalaciones nunca ha estado contratado un investigador y que muchos de los experimentos a pequeña escala que se desarrollan por la exigua plantilla, podrían abordarse sin ningún problema en las propias oficinas del Itacyl de Valladolid.
últimoCero se puso en contacto con fuentes oficiales de la Consejería de Agricultura y Ganadería de quien depende el Itacyl para comentar los pormenores de esta inversión fallida. Preguntadas sobre porqué no se ha producido ni un sólo litro de bioetanol desde que se inauguró, se limitaron a señalar que el fin de esta planta «es la investigación» y no la producción masiva de biocombustible. En su respuesta, no tuvieron en cuenta el guión que en noviembre de 2008 le pasaron al presidente de la Junta para inaugurar la planta y en el que se presumía de una capacidad de producción de 500 litros diarios.
De momento, el litro más caro de bioetanol de Castilla y León, tras una inversión de 9,2 M€ y 5 años de espera, está aún por producirse en Villarejo de Órbigo.
