¿Cúal es la acción que resulta verdaderamente responsable para el pueblo sirio?

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China se sumó el pasado sábado a Rusia, para vetar un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, con el cual el organismo internacional intentaba abordar el conflicto en Siria. Al actuar así, China no ha hecho más que reafirmar su apego una posición de principios que implica resolver los diferendos de manera pacífica y mediante el diálogo.

La situación siria va de mal en peor, según aumenta el número de civiles muertos. La postura china, contraria al proyecto del Consejo de Seguridad, no significa tolerar el continuo empeoramiento del conflicto, sino que demuestra una actitud responsable, interesada en velar por los intereses fundamentales del pueblo sirio. Lo que hoy ocurre en ese país es muy complicado. Apoyar a alguna de las partes rivales enfrentadas, para presionar a la otra, podría propiciar oportunidades de resolver el problema en apariencia. Sin embargo, lo que ocurriría en la realidad es que se estarían sembrando las semillas de males peores.

Lo sucedido en Libia sentó un precedente negativo, que no debe repetirse. Los países miembros de la OTAN se excedieron en la aplicación de la resolución del Consejo de Seguridad sobre la zona de exclusión aérea en Libia, aprovechándose de dicha medida para prestar apoyo armado a una de las partes enfrentadas. ¿Se priorizó en ese caso la premisa de proteger a los civiles? Por el contrario, dicho proceder repercutió en detrimento de la población civil, haciendo más sangrienta la de por sí desastrosa guerra civil en el país norafricano. Basta tener un ápice de sentido común en el terreno militar para llegar a esa conclusión sin espacio para la duda.

La promoción de la resolución pacífica de los conflictos en cualquier país constituye una medida efectiva para impedir la extensión de la violencia, contribuyendo a sentar cimientos sólidos sobre los cuales descanse la estabilidad perdurable en la referida nación. Ya se sabe que la aplicación de violencia siempre engendrará más violencia.
Para la más poderosa alianza militar del mundo, no es nada difícil cambiar el régimen de un pequeño país recurriendo a la guerra. El problema se produce, sin embargo, cuando más adelante esos mismos gigantes foráneos se muestran incapaces de cumplir con el deber básico de proteger la seguridad de los civiles y la seguridad nacional, incluso en el caso de que sus fuerzas armadas permanezcan ocupando el referido país por cierto tiempo. Los desastres de Irak y Afganistán deberían bastar para abrir los ojos al mundo. Como cuestión de principio, parecería más que justificado recurrir a la fuerza para impedir una catástrofe humana, bajo el manto de ejercer la justicia y la responsabilidad. Pero se impone entonces la interrogante de si acaso no constituyen por igual una catástrofe la ola de ataques y explosiones que han continuado por más de una década tras el cambio del régimen, sin que los ocupantes hayan sido capaces de detenerlos. Los países miembros del Consejo de Seguridad deben tomar en cuenta las posibles consecuencias adversas y mostrar más respeto y cautela al disponerse a resolver los conflictos en cualquier país.
Actualmente, hay quienes sostienen la necesidad de propiciar un cambio de régimen en Siria, como forma de responder adecuadamente a las aspiraciones democráticas del pueblo sirio. Desde luego que la elección de un gobierno constituye un derecho democrático de ese pueblo. Sin embargo, el odio y la escisión a la larga constituirán cadenas inevitables, que como Espada de Damocles penderán sobre cualquier gobernante que asuma el poder. Sin importar quiénes formen el gobierno, estos tienen la obligación de salvaguardar la estabilidad del país y proteger la seguridad del pueblo. Para este fin, se hace indispensable la reconciliación nacional. ¿Por qué entonces no acometer ese propósito cuanto antes, dado que todos procurarán la concordia nacional? ¿Acaso resulta más fácil lograr la reconciliación mediante la masacre?

Es precio agotar todos los esfuerzos para la resolución del problema, aún cuando exista solo un resquicio de esperanza. Es necesario que la comunidad internacional conceda más oportunidades a la paz, lo que demostrará una actitud auténticamente resposable ante el pueblo sirio.

El principio de la Carta de la ONU es la salvaguardia de la paz y la seguridad internacionales. La organización es capaz de impedir la agresión, pero no obligar a un país a cambiar su régimen. En la primavera de 2003, cuando Estados Unidos aconsejaba que el Consejo de Seguridad le autorizara para lanzar ataques militares contra Irak, el enconces secretario de la ONU, Kofi Annan, dijo que él conocía que había personas en el Capitolio de Washington que abrigaban diferentes opiniones sobre el problema iraquí, pero que no le interesaba. La ONU no tiene competencia para cambiar el presidente de un país y esto es ilegal para esta organización, según afirmó Annan.

China se adhiere a su postura consecuente de impulsar la resolución pacífica del problema sirio y promover el desarrollo de la situación en el Oriente Medio en procura de la estabilidad. Esto se corresponde con los intereses fundamentales del pueblo sirio y también muestra el alto sentido de responsabilidad hacia la paz mundial que abriga China como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Por Zhong Sheng

Publicado en Pueblo en Línea:¿Cúal es la acción que resulta verdaderamente responsable para el pueblo sirio?


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