La Reforma Luterana y la Revolución Cmunera fueron dos movimientos de gran importancia para la época y de gran transcendencia histórica, acontecidos durante la fase inicial del mandato Imperial de Carlos V. La Reforma Luterana ha pasado a la historia como si hubiera supuesto una gran conmoción social en todos los órdenes. La Revolución Comunera como un intento fallido de revuelta popular.
Nos proponemos hacer una reflexión en paralelo sobre ambos procesos, porque ponen claramente de manifiesto cómo la reforma luterana se ajustaba perfectamente a los intereses de la burguesía emergente y otras clases dominantes en Alemania, y es por ello que tuvo un tratamiento de complicidad por parte de estos sectores y de absoluta benevolencia por parte del joven emperador Carlos V. Y como la Revolución Comunera era auténticamente un proceso revolucionario protonacional castellano, antiimperialista, de carácter interclasista, pero con un claro y hegemónico componente de las clases populares.
El indicador más claro de la diferente naturaleza y objetivos de estos dos procesos, es el tan desigual trato que reciben del poder imperial. Represión brutal y generalizada en Castilla contra el movimiento popular comunero, complicidad o benevolencia con el movimiento luterano en Alemania.
En los inicios del Siglo XVI, el Sacro Imperio Romano-Germánico estaba en una auténtica crisis. El desarrollo del capitalismo mercantil produjo la emergencia de una nueva clase social muy poderosa, la burguesía, que en alianza con los sectores de la nobleza que supieron “adecuarse a los tiempos”, estaban interesados en el desarrollo de nuevos marcos políticos bajo su control global, incluyendo el de la espiritualidad. La obediencia a Roma, al Papado, no sólo tenía repercusiones en lo espiritual, sino en lo temporal y era por tanto un tremendo condicionante para esas transformaciones. La Reforma Luterana, no es más que una adecuación de la Iglesia Católica a las nuevas realidades nacionales, que avanzan con fuerza en Europa de la mano del desarrollo capitalista en su primera etapa. Posteriormente vendría la reforma Anglicana en Inglaterra, que es más de los mismo.
En ambos casos, estas reformas que tienen una justificación teológica, no afecta o cuestionan la estructura del poder político o económico de las realidades sociales sobre las que se desarrollan, excepto en lo que afectan a las propiedades de la Iglesia Católica. Muy al contrario están al servicio de la consolidación del poder político y económico existente en esa realidades. Esta cuestión, las diferencia muy claramente de la Revolución Comunera, ésta no plantea ninguna diferencia teológica, peor si plantea y además desde una perspectiva nacional castellana, la reorganización de la estructura de poder político y económico en Castilla. Y un claro rechazo al papel que Carlos V le adjudica a nuestro pueblo dentro de su proyecto imperial. Según el proyecto imperial de Carlos V, Castilla deberá pasar a ser exclusivamente una productora y exportadora de lana para la industria textil flamenca, iniciando por tanto un proceso de liquidación de la que por aquel entonces muy importante industria textil castellana.
Castilla, con la Revolución Comunera, organizó un movimiento de resistencia contra un provecto Imperial de nueva planta, y ya de carácter capitalista global, que limitaba severamente sus libertades tradicionales, y cortaba lo que era un floreciente proceso de desarrollo urbano, industrial y comercial auto-centrado. Efectivamente ese es uno de los polos principales de la contradicción que se planea en esos momentos. El proyecto Imperial de Carlos V, no es en absoluto una mera continuidad de lo que eran en aquel entonces, los restos del Sacro Imperio Romano-Germánico, sino que utilizando los elementos formales y simbólicos de la estructura de aquel imperio en auténtica crisis, Carlos V se planeta el crear un auténtico imperio de nueva planta, de carácter capitalista-burgués, de ámbito global y globalizador y con una clara división del trabajo dentro de los territorios bajo su dominación. En este contexto, a Castilla se le empieza a condenar a ser una colonia interior del imperio.
Los avances tecnológicos de aquellos momentos, especialmente en la navegación, la colonización de América, el inicio de la trata de esclavos africanos hacia América en forma masiva, la intensificación de las relaciones comerciales con Oriente, el saqueo del oro americano, todo ello en el marco del desarrollo de la primera fase del capitalismo, marca en muy buena medida el futuro d ella humanidad, cuyos condicionantes aún sobreviven en muchos aspectos.
Podríamos decir sin exageraciones que la Revolución Comunera, es el primer gran movimiento de resistencia a la globalización imperial capitalista de corte soberanista, en lo económico, en lo político y en lo social.
En la represión del movimiento comunero podríamos considerar dos etapas; una primera inmediata con la ejecución de los jefes militares de la revolución, más selectiva, y una segunda etapa ya con Carlos V y su corte en España, brutal, sistemática, y tan amplia que incluso provocó que las cortes castellanas de 1523 emitieran una protesta. Cientos de comuneros fueron ejecutados, presos y expropiados. Muchos tuvieron que irse al exilio, una buen aparte de ellos a Portugal en donde hubo una fuerte y mantenida presión sobre las autoridades para conseguir su extracción. Otros muchos huyeron a América, donde contribuyeron a la forja de los movimientos soberanistas y revolucionarios en Latinoamérica. Doña Maria de Pacheco, jefa de la resistencia comunera en Toledo, última ciudad en ser derrotada en febrero de 1522, nunca fue indultada, murió en Portugal en el exilio y está enterrada en la catedral de Oporto.
En resumen,la historia de dos conflictos en un mismo marco histórico y socio-político. Uno solo afectaba a la reorganización entre las clases dominantes, otro era del pueblo contra el poder imperial. La Revolución Comunera, fue y sigue siendo un ejemplo, una referencia para el movimiento popular castellano. Es por ello que cada 23 de abril la conmemoramos en Villalar, no como una derrota, sino como un proceso por finalizar.
Luis Ocampo. Abril, 2006