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	<title>droga &#8211; Izquierda Castellana</title>
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		<title>Viaje al corazón del kush, la droga que arrasa en África occidental</title>
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		<dc:creator><![CDATA[IzCa]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Sep 2025 11:17:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Una letal mezcla de cannabis y opioides sintéticos hasta 25 veces más potentes que el fentanilo provoca decenas de muertos y se convierte en una <a class="mh-excerpt-more" href="https://izca.net/2025/09/16/viaje-al-corazon-del-kush-la-droga-que-arrasa-en-africa-occidental/" title="Viaje al corazón del kush, la droga que arrasa en África occidental">[SIGUE]</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="a_e_txt _df">
<h2 class="a_st" style="text-align: justify;">Una letal mezcla de cannabis y opioides sintéticos hasta 25 veces más potentes que el fentanilo provoca decenas de muertos y se convierte en una emergencia de salud pública en países como Liberia o Sierra Leona</h2>
</div>
<div class="a_e_m" style="text-align: justify;">
<p class="">La habitación huele a sudor y miedo. Una gruesa cadena con candado bloquea la puerta de rejas y en su interior, acostados sobre colchones en el suelo, tres jóvenes dormitan gracias a una mezcla de cansancio y diazepam. Cada poco, la enfermera Saio Keita se acerca a comprobar sus constantes y los jóvenes se revuelven en su duermevela. Ibrahima (nombre ficticio) es uno de ellos. Conectado a un gotero, la observa inexpresivo y aturdido desde algún lugar profundo de su cabeza. Los tres son consumidores de <a title="https://elpais.com/planeta-futuro/2025-07-11/las-mujeres-que-sobreviven-vendiendo-kush-la-droga-que-hace-estragos-en-liberia-si-pudiera-lo-dejaria-manana-pero-no-tengo-alternativa.html" href="https://elpais.com/planeta-futuro/2025-07-11/las-mujeres-que-sobreviven-vendiendo-kush-la-droga-que-hace-estragos-en-liberia-si-pudiera-lo-dejaria-manana-pero-no-tengo-alternativa.html" target="_self" rel="" data-link-track-dtm="" data-mrf-link="https://elpais.com/planeta-futuro/2025-07-11/las-mujeres-que-sobreviven-vendiendo-kush-la-droga-que-hace-estragos-en-liberia-si-pudiera-lo-dejaria-manana-pero-no-tengo-alternativa.html">kush, la peligrosa droga de moda en África occidental</a>, compuesta por cannabioides y opioides sintéticos hasta 25 veces más potentes que el fentanilo, que desde su irrupción en esta región hace tres años se ha convertido en una plaga mortal que ha llevado incluso a Liberia y Sierra Leona a declarar la emergencia de salud pública.</p>
<figure class="a_m a_m-h "><span class="_db a_m_w _pr lb_btn"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="_re lazyload a_m-h aligncenter" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/PW5T6ISW2ZC7XFIB2GCV4AM7J4.jpg?auth=1b1abf7e473d8e1c7c8788de79c27a91bc05d940f723135096e82176428dbb04&amp;width=414" sizes="(min-width: 1199px) 760px,(min-width: 1001px) cal(100vw - 62vw),(min-width: 768px) 767px, 100vw" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/PW5T6ISW2ZC7XFIB2GCV4AM7J4.jpg?auth=1b1abf7e473d8e1c7c8788de79c27a91bc05d940f723135096e82176428dbb04&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/PW5T6ISW2ZC7XFIB2GCV4AM7J4.jpg?auth=1b1abf7e473d8e1c7c8788de79c27a91bc05d940f723135096e82176428dbb04&amp;width=828 640w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/PW5T6ISW2ZC7XFIB2GCV4AM7J4.jpg?auth=1b1abf7e473d8e1c7c8788de79c27a91bc05d940f723135096e82176428dbb04&amp;width=980 1000w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/PW5T6ISW2ZC7XFIB2GCV4AM7J4.jpg?auth=1b1abf7e473d8e1c7c8788de79c27a91bc05d940f723135096e82176428dbb04&amp;width=1960 1960w" alt="Tres pacientes dormitan en colchones en el suelo tras los barrotes de la sala de urgencias del centro Sajed para drogodependientes de Conakry.
" width="822" height="548" /></span><figcaption class="a_m_p" aria-hidden="true">Tres pacientes dormitan en colchones en el suelo tras los barrotes de la sala de urgencias del centro Sajed para drogodependientes de Conakry.<span class="a_m_m">Juan Luis Rod</span></figcaption></figure>
<p class="">Hay que saber bien dónde está para encontrarlo. Tras bajar por una calle de tierra llena de baches y atravesar un pequeño descampado del barrio de Dabompa, en la periferia de Conakry, se llega al centro Sajed para la atención a drogodependientes. Es una de las pocas instituciones que ofrece ayuda a las personas consumidoras de sustancias como el crack, el cannabis o la cocaína en Guinea-Conakry. Sin embargo, en los últimos meses, el kush ha irrumpido con fuerza. “Es muy destructivo y peligroso y estamos viendo cada día sus consecuencias con frecuentes casos que acaban en la muerte”, asegura la doctora Marie Koumbassa, responsable de este espacio. “Los adictos suelen ser personas de los barrios más desfavorecidos. Es la droga de moda”, añade.</p>
<p class="">El kush surgió en <a title="https://elpais.com/planeta-futuro/2024-01-23/kush-la-droga-que-hace-estragos-en-africa-occidental.html" href="https://elpais.com/planeta-futuro/2024-01-23/kush-la-droga-que-hace-estragos-en-africa-occidental.html" target="_self" rel="" data-link-track-dtm="" data-mrf-link="https://elpais.com/planeta-futuro/2024-01-23/kush-la-droga-que-hace-estragos-en-africa-occidental.html">Sierra Leona</a> en 2022, según un reciente informe de la <a title="https://globalinitiative.net/wp-content/uploads/2023/09/I%CC%81ndice-global-de-crimen-organizado-2023.pdf" href="https://globalinitiative.net/wp-content/uploads/2023/09/I%CC%81ndice-global-de-crimen-organizado-2023.pdf" target="_self" rel="" data-link-track-dtm="" data-mrf-link="https://globalinitiative.net/wp-content/uploads/2023/09/I%CC%81ndice-global-de-crimen-organizado-2023.pdf">Iniciativa Global contra el Crimen Nacional Organizado</a>, y desde entonces se ha extendido con rapidez por países vecinos como la propia Guinea-Conakry, Liberia, Guinea-Bisáu, Gambia y Senegal, convirtiéndose en un punto de inflexión en el panorama del consumo de drogas en la región. “La escala de su expansión en el mercado y sus efectos letales para la salud pública no tienen parangón”, asegura el citado informe. En Sierra Leona y Liberia han declarado incluso la emergencia nacional de salud pública ante el gran número de fallecidos. “Hay muertes masivas saturando los sistemas funerarios, obligando a cremaciones de emergencia en grupo y provocando que los cuerpos sean abandonados en las calles”, dice el estudio.</p>
<blockquote class="a_q">
<div>“Es muy destructivo y peligroso y estamos viendo cada día sus consecuencias con frecuentes casos que acaban en la muerte”</div>
<p><cite class="_db">Marie Koumbassa, médico en el centro Sajed en Conakry</cite></p></blockquote>
<p class="">En realidad se trata de una agresiva mezcla de varias sustancias en constante evolución, entre ellas potentes opioides del grupo nitazenes y cannabinoides sintéticos, que se consume fumada al igual que la marihuana o el hachís. “Lo hemos visto combinado con acetona, formol, cannabis, anfetaminas, tramadol o fentanilo y genera una gran dependencia”, revela la doctora Koumbassa. En el centro que dirige, lo primero que hacen con los pacientes es realizar un test de orina para medir su hemoglobina. Los usuarios suelen llegar en plena crisis, así que les administran un combinado de tranquilizantes y vitaminas por vía parental. “Manifiestan cefaleas, vómitos, convulsiones, fiebre y en ocasiones son muy agresivos. Nos vemos obligados a usar métodos de contención”, añade. También recurren a antipsicóticos y ansiolíticos, dependiendo de los casos.</p>
<p class="">En Kolabouy, un cruce de caminos hacia el norte del país, un grupo de jóvenes fuma kush sin esconderse demasiado. “No hacen nada en todo el día”, asegura Mariama, una vecina, “esta droga les atonta”. Unos días después de haber ingresado en el centro Sajed, Ibrahima se siente recuperado. “Malas decisiones me han traído hasta aquí, he perdido el interés por todo y esto es lo único que me da un respiro. Yo era fumador de crack, pero el kush hace que me olvide por completo de mis problemas, es una trampa mortal porque te hace perder hasta a la familia. Ellos no quieren saber nada de mí. Esta sustancia se adora y se odia a la vez”, explica angustiado.</p>
<p class=""><a title="https://www.unodc.org/unodc/es/press/releases/2025/June/unodc-world-drug-report-2025_-global-instability-compounding-social--economic-and-security-costs-of-the-world-drug-problem.html" href="https://www.unodc.org/unodc/es/press/releases/2025/June/unodc-world-drug-report-2025_-global-instability-compounding-social--economic-and-security-costs-of-the-world-drug-problem.html" target="_self" rel="" data-link-track-dtm="" data-mrf-link="https://www.unodc.org/unodc/es/press/releases/2025/June/unodc-world-drug-report-2025_-global-instability-compounding-social--economic-and-security-costs-of-the-world-drug-problem.html">El último informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC)</a>, presentado en Bamako el pasado mes de junio, ya alertaba sobre la irrupción del kush y el enorme daño que provoca, así como sobre la conversión de África occidental en uno de los principales puntos de tránsito de la cocaína hacia Europa y del incremento de su consumo en la región. “La cocaína la toman sobre todo personas de clase media mientras que el kush es más la droga de los pobres”, asegura la doctora Koumbassa. En Dakar, la capital de Senegal, una dosis se puede encontrar en la calle a menos de un euro y los vendedores pululan allí donde se junta la población más joven. Según una encuesta de la propia UNODC y el Gobierno de Guinea-Conakry, un 1% de los estudiantes de entre 15 y 18 años asegura haberlo consumido, convirtiéndose ya en la tercera droga más utilizada tras el cannabis y los inhalantes como el pegamento en esa franja de edad.</p>
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<figure class="a_m _pr gallery-photo-1 gallery-slider__photo a_m-h"><span class="a_m_w _db"><img decoding="async" class="_re  a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/4BG5TDIOOBFQVGFWVW2ZJD6XDI.jpg?auth=fdbb7e34fa746f9d2da6b82bafc877cf81f35b081a5a5ee8bf75c7c7f0d98a70&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/4BG5TDIOOBFQVGFWVW2ZJD6XDI.jpg?auth=fdbb7e34fa746f9d2da6b82bafc877cf81f35b081a5a5ee8bf75c7c7f0d98a70&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/4BG5TDIOOBFQVGFWVW2ZJD6XDI.jpg?auth=fdbb7e34fa746f9d2da6b82bafc877cf81f35b081a5a5ee8bf75c7c7f0d98a70&amp;width=828 828w" alt="Sala de televisión del centro Sajed para atención a personas drogodependientes de Conakry.
" width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/4BG5TDIOOBFQVGFWVW2ZJD6XDI.jpg?auth=fdbb7e34fa746f9d2da6b82bafc877cf81f35b081a5a5ee8bf75c7c7f0d98a70&amp;width=414" /></span><figcaption class="a_m_p" aria-hidden="true">Sala de televisión del centro Sajed para atención a personas drogodependientes de Conakry.<span class="a_m_m">Juan Luis Rod</span></figcaption></figure>
<figure class="a_m _pr gallery-photo-2 gallery-slider__photo _dn a_m-h "><span class="a_m_w _db"><img decoding="async" class="_re lazyload a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WC3XG7QAAREMDKCY625JIPQGWA.jpg?auth=c68feb0bb06a7d0eae906054a15b9528add3a8452efe3fc9597cfca71f09f7c2&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WC3XG7QAAREMDKCY625JIPQGWA.jpg?auth=c68feb0bb06a7d0eae906054a15b9528add3a8452efe3fc9597cfca71f09f7c2&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WC3XG7QAAREMDKCY625JIPQGWA.jpg?auth=c68feb0bb06a7d0eae906054a15b9528add3a8452efe3fc9597cfca71f09f7c2&amp;width=828 828w" alt="Un consumidor de kush yace sobre un colchón de la sala de urgencias y recibe un tratamiento de vitaminas y tranquilizantes en el centro Sajed.
" width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WC3XG7QAAREMDKCY625JIPQGWA.jpg?auth=c68feb0bb06a7d0eae906054a15b9528add3a8452efe3fc9597cfca71f09f7c2&amp;width=414" /></span></figure>
<figure class="a_m _pr gallery-photo-3 gallery-slider__photo _dn a_m-h "><span class="a_m_w _db"><img loading="lazy" decoding="async" class="_re lazyload a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/GOQOYJN2WVBQDH5RJRCBZGCR64.jpg?auth=3397b6aa8ad438d85f0915b6f1423dae7b26072fa3bf878da63407d89b2b3f37&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/GOQOYJN2WVBQDH5RJRCBZGCR64.jpg?auth=3397b6aa8ad438d85f0915b6f1423dae7b26072fa3bf878da63407d89b2b3f37&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/GOQOYJN2WVBQDH5RJRCBZGCR64.jpg?auth=3397b6aa8ad438d85f0915b6f1423dae7b26072fa3bf878da63407d89b2b3f37&amp;width=828 828w" alt="Yamoussa Bangoura, responsable de psicoterapia, y la doctora Marie Koumbassa, directora, en el laboratorio del centro Sajed de atención a las drogodependencias de Conakry." width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/GOQOYJN2WVBQDH5RJRCBZGCR64.jpg?auth=3397b6aa8ad438d85f0915b6f1423dae7b26072fa3bf878da63407d89b2b3f37&amp;width=414" /></span></figure>
<figure class="a_m _pr gallery-photo-4 gallery-slider__photo _dn a_m-h "><span class="a_m_w _db"><img loading="lazy" decoding="async" class="_re lazyload a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/7OPGKASCTFCSPKMHSROXLY6ILA.jpg?auth=03425322ab880bbb1ba943f36ef37570c09631cd87fa8dcc583f64604b68d1d7&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/7OPGKASCTFCSPKMHSROXLY6ILA.jpg?auth=03425322ab880bbb1ba943f36ef37570c09631cd87fa8dcc583f64604b68d1d7&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/7OPGKASCTFCSPKMHSROXLY6ILA.jpg?auth=03425322ab880bbb1ba943f36ef37570c09631cd87fa8dcc583f64604b68d1d7&amp;width=828 828w" alt="La enfermera Saio Keita pasa delante de la oficina de la presidenta y la habitación reservada a los hombres del centro Sajed.
" width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/7OPGKASCTFCSPKMHSROXLY6ILA.jpg?auth=03425322ab880bbb1ba943f36ef37570c09631cd87fa8dcc583f64604b68d1d7&amp;width=414" /></span></figure>
<figure class="a_m _pr gallery-photo-5 gallery-slider__photo _dn a_m-h "><span class="a_m_w _db"><img loading="lazy" decoding="async" class="_re lazyload a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/SNXRBFA7CBHCZCVNTL2QHLEIEI.jpg?auth=c6e689c86b4f5448886ef5ead9f98aa5176f6dd919210e4e4e9fbd3e71f0b46f&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/SNXRBFA7CBHCZCVNTL2QHLEIEI.jpg?auth=c6e689c86b4f5448886ef5ead9f98aa5176f6dd919210e4e4e9fbd3e71f0b46f&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/SNXRBFA7CBHCZCVNTL2QHLEIEI.jpg?auth=c6e689c86b4f5448886ef5ead9f98aa5176f6dd919210e4e4e9fbd3e71f0b46f&amp;width=828 828w" alt="La enfermera Saio Keita toma la temperatura a uno de los pacientes consumidores de kush ingresado en la sala de urgencias del centro Sajed.
" width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/SNXRBFA7CBHCZCVNTL2QHLEIEI.jpg?auth=c6e689c86b4f5448886ef5ead9f98aa5176f6dd919210e4e4e9fbd3e71f0b46f&amp;width=414" /></span></figure>
<figure class="a_m _pr gallery-photo-6 gallery-slider__photo _dn a_m-h "><span class="a_m_w _db"><img loading="lazy" decoding="async" class="_re lazyload a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WKZJE3IBF5F2TI6SR7UGLKDGRI.jpg?auth=baab0670504c5c4449fd0cd2955571365283413d1d6f86a2bc3fc3edd8c2313d&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WKZJE3IBF5F2TI6SR7UGLKDGRI.jpg?auth=baab0670504c5c4449fd0cd2955571365283413d1d6f86a2bc3fc3edd8c2313d&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WKZJE3IBF5F2TI6SR7UGLKDGRI.jpg?auth=baab0670504c5c4449fd0cd2955571365283413d1d6f86a2bc3fc3edd8c2313d&amp;width=828 828w" alt="La doctora Marie Koumbassa, en el centro, junto a parte de su equipo en la puerta del centro Sajed de atención a personas drogodependientes en Conakry.
" width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/WKZJE3IBF5F2TI6SR7UGLKDGRI.jpg?auth=baab0670504c5c4449fd0cd2955571365283413d1d6f86a2bc3fc3edd8c2313d&amp;width=414" /></span></figure>
<figure class="a_m _pr gallery-photo-7 gallery-slider__photo _dn a_m-h "><span class="a_m_w _db"><img loading="lazy" decoding="async" class="_re lazyload a_m-h" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/RHS5N6S7UBD2HACOFZKDMRACIA.jpg?auth=ac139bd2c29f6813aef483628d08e022a381374d6553d0a58b693f111a264e32&amp;width=414" srcset="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/RHS5N6S7UBD2HACOFZKDMRACIA.jpg?auth=ac139bd2c29f6813aef483628d08e022a381374d6553d0a58b693f111a264e32&amp;width=414 414w,https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/RHS5N6S7UBD2HACOFZKDMRACIA.jpg?auth=ac139bd2c29f6813aef483628d08e022a381374d6553d0a58b693f111a264e32&amp;width=828 828w" alt="Un miembro del equipo de seguridad del centro Sajed para drogodependientes de Conakry abre el candado de la sala de urgencias.
" width="414" height="276" data-src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/RHS5N6S7UBD2HACOFZKDMRACIA.jpg?auth=ac139bd2c29f6813aef483628d08e022a381374d6553d0a58b693f111a264e32&amp;width=414" /></span></figure>
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<p class="">Los ingredientes del kush proceden de China, Países Bajos y probablemente el Reino Unido, según la investigación llevada a cabo por Iniciativa Global y llegan hasta Sierra Leona, el principal país productor, a través de servicios de mensajería postal y rutas marítimas. Una investigación liderada por los profesores Michael Lahai y Ahmed Vandy, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Freetown, llegaba a asegurar que en ocasiones se añade polvo de huesos humanos a la mezcla por su alto contenido en azufre, que potencia sus efectos. Traficantes han sido detenidos por desenterrar cadáveres en cementerios del país. En 2023, el 59% de las personas que ingresaron en el único hospital psiquiátrico con que cuenta el país habían consumido esta droga. Al principio en manos de unos pocos grupos criminales, su elaboración y distribución se ha fragmentado, lo que complica la lucha contra estas redes.</p>
<blockquote class="a_q">
<div>Según una encuesta de la propia UNODC y el Gobierno de Guinea-Conakry, un 1% de los estudiantes de entre 15 y 18 años asegura haberlo consumido, convirtiéndose ya en la tercera droga más utilizada tras el cannabis y los inhalantes como el pegamento en esa franja de edad.</div>
</blockquote>
<p class="">En Conakry, Yamoussa Bangoura, responsable de la psicoterapia del centro Sajed, se queja de la falta de medios en la atención a las personas adictas a esta sustancia. “Desde 2019 hemos tratado a más de 500 pacientes pero nos falta de todo, medicamentos, personal y recursos para ir allí donde está el problema”, comenta. Con capacidad para mantener ingresadas a 16 personas en tres habitaciones, una para mujeres y dos para hombres, cuenta también con un laboratorio, una sala de televisión y una cocina. Reciben fondos de donantes privados, más bien pequeñas cantidades, que les permiten mantener su actividad, pero aspiran a crear dos nuevos establecimientos, uno en Boké y otro en la Guinea Forestal. Por estas dos zonas fronterizas y alejadas de la capital, el kush campa a sus anchas.</p>
</div>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://elpais.com/planeta-futuro/2025-09-15/viaje-al-corazon-del-kush-la-droga-que-arrasa-en-africa-occidental.html">Viaje al corazón del kush, la droga que arrasa en África occidental | Planeta Futuro | EL PAÍS</a></p>
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		<title>‘Cale’ y ‘Paco’: confesiones de dos policías corruptos en un Kia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[IzCa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Feb 2018 11:20:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Político Social]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción policial]]></category>
		<category><![CDATA[droga]]></category>
		<category><![CDATA[Narcotráfico]]></category>
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					<description><![CDATA[Cale y Paco saben que no deben hablar demasiado por teléfono. Por eso, solo preguntan por las asignaturas que ha suspendido el niño. O por <a class="mh-excerpt-more" href="https://izca.net/2018/02/26/cale-y-paco-confesiones-de-dos-policias-corruptos-en-un-kia/" title="‘Cale’ y ‘Paco’: confesiones de dos policías corruptos en un Kia">[SIGUE]</a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="cuerpo_noticia" class="articulo-cuerpo">
<p><em>Cale</em> y <em>Paco</em> saben que no deben hablar demasiado por teléfono. Por eso, solo preguntan por las asignaturas que ha suspendido el niño. O por el próximo viaje con la mujer. Si hay que discutir negocios sucios, lo mejor es buscar un entorno seguro. Como el interior de un coche. En el Kia Sorento de <em>Macu</em>, un albanés charlatán dedicado supuestamente al tráfico de cocaína, <a href="https://elpais.com/ccaa/2017/12/08/catalunya/1512751609_566812.html" target="_blank" rel="noopener">el inspector antidroga Calixto M.</a> G. y el policía jubilado Francisco Ll. M. se despacharon a gusto. Durante meses, un dispositivo instalado por los Mossos en el todoterreno captó las conversaciones en las que detallaban sus planes para <a href="https://elpais.com/ccaa/2016/04/01/catalunya/1459501691_327521.html" target="_blank" rel="noopener">traer cientos de kilos de cocaína a España</a> a través del puerto de Barcelona.</p>
<p>Calixto M. G., de 52 años, ahora en prisión provisional, era inspector del veterano Grupo I de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional, especializado en grandes incautaciones. Está acusado de dedicarse, en sus ratos libres, a hacer justamente lo contrario. Sus expectativas laborales estaban puestas en el puerto. Creía que, si lograba plaza allí, podría extraer directamente la mercancía sin tener que pagar “los correspondientes sobornos a estibadores, empresas de logística y otros operadores de seguridad”, detalla un informe de Asuntos Internos del <em>caso Romeo</em>, que ha sacado a la luz la corrupción policial en torno a los muelles.</p>
<section id="sumario_1|html" class="sumario_html derecha"><a name="sumario_1"></a></p>
<div class="sumario__interior">
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<p class="texto_grande">El jefe antidroga intentó ser destinado al puerto: “Tengo acceso cuando quiera”</p>
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<p>El 26 de septiembre de 2016, mientras esperan que un socio colombiano envíe dos buques —“lápices”, los llaman, uno de ellos con 1.100 kilos de cocaína—, <em>Cale</em> entra en el Kia de <em>Macu</em>. El inspector confía en trasladarse pronto a la comisaría del puerto. “Si nos sale, cuando esté ahí ya no dependemos de nadie. Salgo por la puerta y <em>Paco</em> saca el coche. Blanco y en botella, a mí no me van a parar”. El presunto traficante responde que “con cinco o seis faenas al año” será suficiente para ganar mucho dinero. En otra conversación, en diciembre, el inspector alardea de su facilidad para moverse por las instalaciones portuarias. Ignora que le escuchan. “Me lo estoy trabajando, conozco al jefe de operaciones y estoy entrando ahora casi cada día. Tengo acceso libre cuando quiera”.</p>
<p>Francisco Ll. M., de 55 años, jubilado anticipadamente del CNP por un “trastorno adaptativo” y dueño de diversas empresas, se dejaba caer aún más a menudo por el todoterreno. Si <em>Cale</em> era el jefe y estratega, <em>Paco</em> estaba a pie de calle; “se ensuciaba las manos”, ilustran fuentes de la investigación. El policía maneja precios —“acuérdate que nos sale a nosotros a 25,8 euros”— y tipos de cocaína, como la King Coca. “Es buenísimo porque vale para fumar y para la nariz, escama muy buena”. <em>Paco</em> se presta a viajar él mismo a los países de origen de la droga cuando <em>Cale</em> esté en el puerto. “Si hace falta me voy a buscar [la droga] a Cádiz y vamos a buscar otra vuelta también con marineros de Santo Domingo y vamos a triunfar sí o sí. Cantidades grandes, somos los reyes del mambo. Y todo para fuera, y aquí con nuestras empresas a funcionar”.</p>
<section id="sumario_2|html" class="sumario_html derecha"><a name="sumario_2"></a></p>
<div class="sumario__interior">
<div class="sumario-texto">
<p class="texto_grande">Asuntos Internos fue alertada cuatro veces de actividades ilícitas de los policías</p>
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</section>
<p>Pero los <em>lápices</em> no llegan. El socio colombiano está teniendo problemas en su país. Cansados unos y otros de esperar —también los investigadores— finalmente la juez ordena la detención de todos los implicados en septiembre de 2017.</p>
<p>El sumario desvela que las sospechas sobre <em>Cale</em> y <em>Paco</em> venían de lejos, aunque nunca sirvieron para apartarles del servicio. Y menos aún para abrirles una causa penal. Asuntos Internos admite que, hasta 2009, recibió cuatro avisos sobre actividades dudosas. En 2005, una información confidencial señaló que Francisco Ll. M. —entonces destinado en la UDYCO— ofrecía protección a discotecas y clubes de alterne a través de sus empresas de seguridad. En 2008, la Guardia Civil alertó de los vínculos de un detenido por tráfico de hachís con <em>Cale:</em> el inspector podría haber “facilitado material técnico a la organización para ejecutar con garantías los alijos de droga”</p>
<p>Aquellas sospechas quedaron archivadas en un cajón. Y <em>Cale</em> y <em>Paco</em>, convertidos —presuntamente— en jefes de una banda de traficantes cuyas actividades salieron a la luz gracias a dos confesiones y a una casualidad. <a href="https://elpais.com/ccaa/2017/01/12/catalunya/1484242772_430445.html" target="_blank" rel="noopener">En enero de 2016, los Mossos recibieron un correo anónimo alertando de las actividades de Juan Carlos Duarte, un conocido traficante colombiano</a>. “Está coronando en Barcelona vía marítima importantes cargas de cocaína. Les escribo por aquí por miedo a represalias, ya que hay gente muy conocida en Barcelona con él y policías que les dan protección”. El mensaje se envió desde una cuenta de Hotmail a nombre de <em>Puyolcat</em>, aunque la policía averiguó que su autor es un marroquí que vive en Ceuta.</p>
<p>El segundo indicio llegó andando: en abril, Javier Z. se presentó en la comisaría de El Vendrell para denunciar que le habían amenazado de muerte y le seguían. Confesó que había participado en una descarga de cocaína del puerto en 2015. Como jefe de almacén, permitió que un camión entrara en su empresa logística y que unos individuos sacaran de un contenedor procedente de Brasil cuatro bolsas de deporte. Allí viajaba la droga. A los pocos minutos, alguien le entregó medio millón de euros, que gastó como si no hubiera un mañana comprando empresas, coches y una casa. Le propusieron volver a hacerlo. No quiso. Y empezaron las presiones. Aseguró que dos de los que le animaron a seguir fueron <em>Cale</em> y <em>Paco</em>.</p>
<p>La coincidencia que cerró el círculo fue Vapores Suardiaz, la empresa de Javier Z. En una operación antidroga anterior —bautizada como <em>Julieta</em>—, los Mossos encontraron papeles de esa empresa en el almacén del narcotraficante Duarte. Los investigadores disponían de buen material para iniciar <em>Romeo</em>. Las conversaciones del KIA Sorento hicieron el resto.</p>
</div>
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