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Los 85 asesinatos de mujeres en 2010 merecen un esfuerzo en el análisis y un refuerzo de la lucha. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Doris Benegas   
Jueves, 20 de Enero de 2011 18:22

¿Qué es lo que está ocurriendo?. ¿Por qué?

Muchas veces en la historia ha ocurrido que el reconocimiento de unos derechos, aunque sólo fuera formalmente, ha tenido como consecuencia, buscada o no, la paralización del movimiento que pujaba por la conquista de los mismos y el olvido de objetivos más de fondo o estratégicos. Con la desmovilización se perdía también la profundización en el análisis, y muchas veces se producía una involución ideológica, un retorno a lugares olvidados. Así, el reconocimiento de unos derechos concebidos como un paso en la lucha, terminaban siendo una meta o cima sin más allá y el inicio de una involución.

 

Los años 70 fueron años de recuperación del movimiento feminista en todos los sentidos, después del largo paréntesis de la dictadura. Hubo importantes movilizaciones por la igualdad de derechos y contra la discriminación y se profundizó en el estudio y debate sobre el patriarcado y la lucha de clases y la relación entre ambos, sin llegar en muchos casos a conclusiones muy definidas o determinadas. En esas reflexiones estaba presente la idea de que las transformaciones sociales de fondo, para ser tales, requerían la desaparición de las relaciones sociales patriarcales y a su vez que una sociedad sin patriarcado no era compatible con una sociedad capitalista. Algunas concebíamos que el avance hacia el socialismo y la lucha antipatriarcal tenían que caminar juntas, otras posponían la lucha antipatriarcal a las conquistas en el terreno de la lucha de clases.

 

Lo cierto es que desde mediados de los 70, el movimiento feminista se centró mayormente en la lucha por la obtención de reformas legales muchas de las cuales se alcanzaron más o menos rápidamente, así como en la presencia y aprovechamiento de las instituciones una vez abierta esa posibilidad. El movimiento feminista se fue debilitando como movimiento social combativo, así como los análisis que la misma había conllevado sobre las causas de la opresión y explotación de las mujeres.

 

Hoy cuando se habla de violencia de género se suele reconocer que se trata de un problema estructural, con profundas raíces sociales y se presenta como la expresión más fuerte de la dominación de los hombres sobre las mujeres (así por ejemplo se define en la propia Ley Integral contra la Violencia sobre las Mujeres).

 

Actualmente puede decirse que en el terreno jurídico disponemos de los instrumentos para combatir la violencia de género. Todo ciertamente mejorable y con posibilidades de uso acertado o desacertado. Los problemas fundamentales no están en la Ley , aunque algunos, como la consideración estrecha de lo que es violencia de género, sería muy conveniente corregirlos.

 

Pero a partir de esas conquistas, las reflexiones y valoraciones se desvían de lo fundamental y en estos enfoques tienen especial responsabilidad quienes nos vienen gobernando desde hace años.

 

Sin analizar y combatir a fondo los sistemas sobre los que se sustenta la dominación de hombres sobre mujeres, que generan la violencia de género, no se puede avanzar realmente.

 

Con fines disuasorios o despistantes desde el poder, se dirigen las miradas y varas de medir la situación hacía objetivos que, no sin reconocer el valor parcial que pueden llegar a tener, no son los principales, mientras se desvían los análisis y lo que es más importante, se potencian políticas y se toleran situaciones, que generan bolsas de violencia de género importantísimas.

 

Una de esas formas, es reducir a lo individual las valoraciones sobre la violencia de género, en especial sobre los asesinatos de mujeres. Ante ellos se centra la atención en si la mujer asesinada había o no denunciado, si había o no orden de protección, se proporcionan sobre todo cifras y datos estadísticos de los observatorios oficiales (que ni siquiera son del todo fiables cuantitativamente) que desvían la atención de las causas y las verdaderas soluciones y pretenden centrar el problema en si sube o baja el número de asesinadas, en cómo era el asesino, en si la Ley es eficaz o no, … todo ello acompañado de cuantas ceremonias oficiales de “igualdad” pueden. En fin, envuelto todo ello de bastante hipocresía.

 

Cuando decimos que el problema de la violencia de género es colectivo, que nos afecta a todas las mujeres, que no se puede considerar como la suma de las violencias individuales, ello es verdad. Esa violencia busca la intimidación de las mujeres, incrementar el miedo a la libertad, ejemplificar lo que nos puede ocurrir a todas, …. Pero decimos también que la violencia de género se genera y regenera como una necesidad de los sistemas de dominación sobre las mujeres. Nada ocurre por casualidad.

 

El capitalismo neoliberal está basado en la obtención de beneficios cuantiosísimos de la forma más rápida posible, en la especulación, la explotación a ultranza de las personas y en la supresión de los beneficios y prestaciones sociales adquiridas con largos años de lucha. Ese capitalismo salvaje, máxime en este periodo de crisis profunda en el que pretenden una vuelta de tuerca más hacía un cambio de modelo social y económico, está haciendo recaer sobre las mujeres del pueblo la peor tajada de ese podrido pastel, lo que traducido sencillamente significa que las llamadas reformas nos afectan más y la explotación se ejerce y ejercerá más aún sobre las mujeres, provocando un incremento de la violencia de género. No es descubrir nada al decir que los recortes en las prestaciones sociales, la mayor precariedad laboral, la economía sumergida, …, están marcando y agravando especialmente la vida de las mujeres. Pero hay que resaltar que esas políticas económicas generan más violencia hacía las mujeres y precisan de más violencia para facilitar su imposición, para abrirse camino con menores resistencias.

 

¿No creen que las políticas de encarecimiento brutal de la vivienda con los actuales fracasos de las hipotecas y los desahucios por falta de pago de las rentas generan violencia de género, por las tensiones interpersonales y por el hacinamiento y malas condiciones de vida que provocan?.

 

Se toleran enormes bolsas de prostitución y tráfico de mujeres de donde algunos obtienen beneficios millonarios (uno de los negocios más importantes del mundo, …), haciendo pasar por normal la mercalización galopante del cuerpo de las mujeres (véanse los anuncios de “servicios sexuales” en cualquier prestigioso diario). ¿No creen que el consumo de prostitución o compra del cuerpo de la mujer, es una buenísima escuela de violencia de género y una mala educación en el respeto a las mujeres?.

 

¿No creen ustedes que una política de inmigración de cierre de fronteras, de expulsiones masivas, hace especialmente vulnerables a las mujeres y las coloca en situaciones de altísimo riesgo de ser sometidas a violencia de género?.

 

¿No creen ustedes que la divulgación de la publicidad que utiliza como reclamo el cuerpo de las mujeres en la que no se sabe si se vende un objeto de consumo, o la mujer como objeto de consumo, estimula la violencia de género?.

 

¿No creen ustedes que la multitud de películas sobre crímenes, mayormente de asesinatos de mujeres que invaden las televisiones, tienen un efecto sobre la violencia de género?. ¿No les parece que mención aparte merecen muchas series televisivas dedicadas a la juventud?.

 

Todas estas preguntas y otras que podríamos hacernos tienen respuesta afirmativa.

 

Las campañas oficiales de balance sobre violencia de género no denuncian en síntesis que esa violencia tiene como finalidad mantener, y si cabe, incrementar, los niveles de explotación de los que el sistema económico obtiene beneficios millonarios, y pretende aún obtener más a costa de las mujeres

 

Con ésto no queremos decir que no haya responsabilidad por parte de los hombres en el mantenimiento de la violencia de género, claro que la hay pero los mayores intereses hay que saber dónde están para combatirlos mejor y con más fuerza, y sobre todo no ocultarlos o ignorarlos.

 

Hablando en términos generales puede afirmarse que los hombres obtienen ventajas de ésta situación patriarcal, ventajas materiales claras, como tener todo hecho en la casa (planchado, lavado, limpio, cocinado, …), los niñ@s cuidad@s, los enferm@s también, la sexualidad asegurada …., o simplemente un estatus de “superioridad”.

 

Es posible que muchos hombres piensen más o menos conscientemente, que todo ésto está en peligro, que se está perdiendo, quizás porque es cierto que se avanza bastante en algunos terrenos, como los avances profesionales de las mujeres en determinados ámbitos, sin olvidar que muchas veces los prototipos de mujeres que acceden a esferas de poder juegan los roles que el sistema necesita de ellas …, y avalan políticas contrarias a las mujeres.

 

En este ambiente están surgiendo detractores de las mujeres que avanzan, que se emancipan, que se atreven a denunciar. Movimientos que empiezan a tener bastante eco social y apoyo judicial como el del Síndrome de Alineación Parental o la falsedad de las denuncias de las mujeres. Estos movimientos son una clara reacción a esos avances y persiguen que no vaya más allá de lo deseado la persecución de los delitos de violencia de género.

 

En la opresión de las mujeres en general, y en la violencia de género en particular, ambos sistemas de dominación, el capitalista y el patriarcal se necesitan, se apoyan y se nutren mutuamente.

 

En la lucha contra la violencia de género hay que continuar el importante combate de la persecución y castigo de los delitos y de ayuda a las mujeres a salir de las situaciones de violencia particulares que sufren, pero no podemos engañarnos porque ello es absolutamente insuficiente y nos puede hacer olvidar objetivos más de fondo. Hay que llevar adelante un combate social colectivo por salir todas las mujeres de la situación de violencia que se acrecienta sobre nosotras como expresión global de las necesidades y proyectos del sistema económico en crisis y de las reacciones del patriarcado para retroalimentarse en una vía involucionista.

 

Es fundamental denunciar las políticas gubernamentales que están amparando o generando violencia de género, y exigir medidas claras que frenen esas situaciones, no permitamos más hipocresías desde el poder. Es necesario seguir exigiendo que se juzgue y condene a quienes practican la violencia de género.

 

Por último, es necesario que las mujeres confiemos más en nuestras propias fuerzas, es necesario reforzar nuestras organizaciones y movimientos en esta carrera de fondo en la que no podemos perder de vista los objetivos de fondo, los nuestros y los de quienes nos oprimen y explotan.

 

 

 

Valladolid, Enero de 2011

Doris Benegas

 
 

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