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¿Españolistas y revolucionarios en el siglo XXI? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Izquierda Castellana   
Jueves, 20 de Noviembre de 2008 11:34

Es momento de clarificación ideológica

Si algo nos enseña el largo proceso de resistencia política contra el intento de imposición del Régimen post-franquista, Monárquico-Borbónico, es que esa articulación de la resistencia sólo tiene un camino eficaz, partir de la identidad específica de cada una de las realidades nacionales hoy dominadas por el Estado Español.

L@s revolucionari@s, no podemos confundir la flexibilidad, la comprensión dialéctica de la realidad con la ambigüedad y/o el eclecticismo.

L@s revolucionari@s, tenemos la obligación de investigar y conocer la realidad que nos rodea, sacar conclusiones operativas de ese conocimiento y ser capaces de elaborar estrategias claras y firmes; y tácticas adecuadas a cada coyuntura política concreta.

El ámbito de organización de las fuerzas de la revolución, el ámbito de organización de las fuerzas populares, es una cuestión estratégica de primer orden y sobre ella hay que tener tremenda claridad, no se puede adoptar una posición de "ya veremos", "las cosas son cambiantes", "dependerá de...". Eso es puro oportunismo ideológico, o en el mejor de los casos confusionismo total.

Esas consideraciones sirven para una cuestión táctica, que ciertamente es variable y depende de la coyuntura, pero no es válida para resolver una cuestión estratégica de primer orden.

Si comprendemos el carácter opresor e imperialista del proyecto nacional español, si comprendemos que el Estado Español tiene como objetivo principal garantizar el mantenimiento de ese proyecto.

Si comprendemos que obviamente hay un proyecto nacional-español, de carácter opresor para el conjunto de Naciones y Pueblos existentes bajo su jurisdicción, y que nos toca sufrir día a día.

Si comprendemos que ese proyecto nacional-español tiene un claro carácter de clase y de género, es decir es el proyecto nacional-estatal que sirve esencialmente a los intereses de la gran burguesía española y a sus diversos instrumentos de dominación.

Si comprendemos estas cuestiones, deberíamos de asumir que en los Pueblos del Estado Español es imposible avanzar en la construcción de un movimiento popular, sin vincular la lucha por los derechos nacionales con la lucha social y la lucha de género. Eso es la lucha de clases en nuestro marco.

Si comprendemos que los aparatos armados del Estado y especialmente la doctrina militar del ejército español y su reflejo en la constitución de 1978, tienen como finalidad casi exclusiva el mantenimiento de ese proyecto nacional-imperial, aún en contra de la opinión mayoritaria de los Pueblos hoy dependientes del Estado.

Si comprendemos que no puede haber avances serios en la lucha de clases y de género en los diversos Pueblos del Estado sin romper ese cinturón represivo que significa el Estado Español.

Si comprendemos que la experiencia de la llamada "izquierda revolucionaria estatal" (P.T., M.C., L.C.R...) en los años setenta y primeros de los ochenta, es decir cuando se inicia el proceso de resistencia a la maniobra de imposición del actual Régimen post-franquista, que contó con el apoyo de la socialdemocracia europea y del imperialismo yanki especialmente a través de la CIA, fue simplemente patética, a pesar de la gran base militante de la que partían esas organizaciones, pero con unas direcciones absolutamente incapaces de elaborar una estrategia alternativa a la del bloque dominante español, con el que colaboraba en estrecha alianza la izquierda española reformista especialmente el PCE, convirtiéndose de hecho en legitimadores, también la llamada izquierda revolucionaria española, eso si desde posiciones hipercríticas, del proceso de reforma política del Régimen Franquista.

Las posiciones del PCE de claudicación son bien conocidas, no ya durante la transición si no bastante antes, durante la última etapa del franquismo, baste recordar por ejemplo la condena ante la eliminación de Carrero Blanco, o la oposición frontal a cualquier tipo de movilización popular para impedir la ejecución de Salvador Puig Antich en 1974 o la de los tres militantes del FRAP y dos de ETA el 27 de septiembre de 1975.

Quizás son menos conocidas y por eso es más necesario recordarlas, las claudicaciones de esa autodenominada "izquierda revolucionaria española", que aceptaba entrar en cualquier migaja de negociación que el bloque dominante español les ofrecía, como por ejemplo las famosas preautonomías, legitimando de facto todo el proceso de reforma.

Mientras los movimientos nacional-populares, los movimientos patrióticos, especialmente en Euskal Herria y Galicia, se enfrentaban en la calle con el Sistema y su proceso de transmutación, exigiendo un auténtico y real proceso democrático, es decir de ruptura con el Franquismo.

Pues bien, si se conoce y se comprende suficientemente todo eso, desde el campo revolucionario no se puede seguir mareando la perdiz, sobre el marco principal de construcción de las fuerzas de la revolución. El análisis teórico-político objetivo y la experiencia de la lucha en estos últimos treinta años, nos da una respuesta clara, contundente, a esa pregunta.

El marco principal es el de cada Nación, el de cada Pueblo del Estado Español.

Salvo que ante esta nueva oportunidad de conseguir una ruptura política con este Régimen heredado del Franquismo, se quieran volver a cometer los mismos errores que en los primeros años de la transición, pero esto ya sería muy grave, en aquel caso se pudo achacar en parte a la inexperiencia, al desconocimiento, pero en esta ocasión sólo se podrá achacar a la mala fe, a la intención de desviar al movimiento popular de su auténtico camino. Eso sí aunque se haga con una fraseología tremendamente izquierdista, anticapitalista y obrerista, que eso también ya lo hemos vivido; y desde luego hay auténticos expertos en esas artimañas.

Son aquellos que reclaman medidas cuanto más radicales mejor en la teoría y en el verbo, pero que en la práctica no hacen nada significativo para impedir que el bloque dominante actual se salga con la suya. En el segundo quinquenio de los años setenta, nos hablaban de la socialización total, de acabar con toda opresión y explotación, vamos del "paraíso terrenal", pero en la práctica su actividad legitimaba estratégicamente la imposición del Régimen Borbónico que aún hoy sufrimos.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a una ofensiva "del españolismo de izquierdas", con una cierta sutileza, adoptando formalmente alguno de los valores de los movimientos nacional-populares, sin entrar en el fondo del asunto. Y el fondo del asunto es lo que antes señalábamos por un lado y por otro la concepción del derecho de autodeterminación, no como una cuestión formal sino como un proceso de autoorganización y de acumulación de las propias fuerzas populares.

No hay que olvidar por supuesto que los diversos Pueblos del Estado tenemos un enemigo común inmediato, el Estado Español y el bloque dominante al que sirve; y esa realidad requiere un importante grado de coordinación y apoyo mutuo entre las diferentes luchas nacional-populares, para conseguir resultados determinantes, pero partiendo de la soberanía de cada una de ellas, no mediante el intento de imposición de una estrategia única y uniformizadora que históricamente se ha demostrado inútil desde el punto de vista revolucionario.

Hoy la situación social y política en Castilla, en el Estado Español y en general a nivel internacional, esta llena de dificultades pero también de posibilidades.

A nivel internacional el proyecto imperialista, hoy aún hegemónico, sufre serios reveses.

En Latino América, con dificultades, pero va avanzando la construcción de un bloque antiimperialista, patriótico y libertario, que ya no es solo de Resistencia, si no de construcción de una auténtica alternativa.

El Estado Español está demostrando cada vez con más evidencia su carácter de eslabón débil del capitalismo europeo occidental, el gobierno de Zapatero en su proceso de derechización no conseguirá si no la desafección de cada vez más sectores populares de las diversas naciones del Estado, al actual Régimen.

En Castilla los movimientos sociales están demostrando un gran vigor y una gran capacidad de respuesta en cuestiones parciales pero cada vez mas en cuestiones globales, que cuestionan al Sistema como tal, el movimiento antifascista es un buen ejemplo de lo que decimos.

Por otro lado por primera vez en nuestra historia reciente como Pueblo, estamos asistiendo a un proceso de debate y a una progresiva compresión en el movimiento popular, de Castilla como formación social especifica, y por tanto sujeto de una estrategia revolucionaria propia.

Hay que confiar en la gente, en su capacidad de lucha, en su capacidad de comprensión y de apoyo a una linea justa de trabajo.

Pero para que la gente luche y apoye una línea clara de trabajo, tiene que existir esa táctica y esa estrategia clara. Si se siembra confusión y desconfianza entre las propias fuerzas, no se puede recoger nada bueno.

Desde la IzCa, y esperamos que desde el conjunto del movimiento popular castellano, nos movemos sobre la base de estos planteamientos ideológicos y políticos, la situación no esta para perder el tiempo en debates de salón.

Por supuesto esta filosofía política impregna toda nuestra actividad, incluyendo la lucha contra el fascismo y contra la Monarquía.

En la lucha contra el Régimen Monárquico nos deberíamos de encontrar tod@s l@s antifascistas, y ese debería de ser un gran objetivo táctico para los movimientos populares de las diversas naciones del Estado.

En la lucha por la República ciertamente las cosas ya no son exactamente igual, la lucha por el cambio republicano, si realmente queremos llevarlo adelante tendrá que partir precisamente de la realidad de los movimientos populares de cada nación.

Posiblemente en el SXIX cuando se estaba configurando el actual proyecto nacional español, hubo la opción de construir tal proyecto con un contenido político de otras características menos reaccionarias.

La realidad histórica hoy es que la construcción de ese proyecto nacional, fue hegemoneizado por las fuerzas de la reacción, hoy ya es demasiado tarde para replantearse su reconstrucción desde otra perspectiva. El Régimen Franquista fue la expresión nítidamente fascista del proyecto nacional español.

El actual Régimen Monárquico–Borbónico es la expresión de todo lo lejos que puede llegar la organización democrática y social bajo un proyecto nacional–español.

Volviendo con la interrogante que daba título a este artículo: ¿Se puede ser español y revolucionario en el SXXI?. Hacerse esta pregunta es similar ha hacerse la siguiente ¿Se puede ser imperialista y revolucionario a la vez?. Obviamente la respuesta es no.

Castilla, 20 de noviembre de 2008 IzCa, www.izca.net


 
 

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