“Primero te quedas en shock. Seguido, te sientes desesperada. Ahora intentas no pensar demasiado para no volverte loca y seguir adelante”. Igone Goikoetxea habla de sus sentimientos sin anestesia. Quiere que otras Igones en otros lugares sepan que ellas, mañana, podrían vivir lo mismo. Koldo Arnanz lo resume en otra frase: “Si esto crea precedentes, será muy peligroso”. No es broma: el hijo de Koldo podría ser castigado a 62 años y medio de cárcel, mientras que el de Igone enfrenta una petición de pena de medio siglo. Todo por una pelea de bar a última hora de la madrugada.

Este domingo, cerca de cinco mil de Igones y Koldos salieron a las calles de Altsasu para gritar que tienen memoria. Y que quieren justicia. Algo parecido hicieron hace exactamente un año, cuando recién empezaba todo. Entonces sus hijos llevaban algo menos de diez días en la cárcel. Hoy ya superan los 12 meses. Se llaman Jokin Unamuno y Oihan Arnanz. Sus nombres, al igual que el de Adur Martínez de Alda –ahora preso en Aranjuez- aparecieron con especial intensidad en la prensa durante aquellos días de noviembre de 2016. La cosa no pintaba bien, y en Altsasu lo sabían.

Si en Madrid hablaban de terrorismo, en este pueblo situado a cincuenta kilómetros de Iruñea hablan y seguirán hablando de ensañamiento. Igone, Koldo o Bel Pozueta, la madre de Adur, lo dicen con un documento judicial en la mano: en total hay ocho jóvenes imputados por la pelea que se registró aquel 15 de octubre de 2016 a las cinco de la mañana, durante una de las fiestas anuales de esta localidad. A raíz de la trifulca, dos guardias civiles sin uniforme que se encontraban en el bar junto a sus parejas sufrieron lesiones leves.

No era la primera vez que dos agentes fuera de servicio se veían involucrados en una reyerta de este tipo –existen sentencias por agresiones en distintas partes del estado-, pero el caso de Altsasu cogió otro cariz. COVITE, una entidad que representa a varias familias de víctimas de ETA, se personó en la Audiencia Nacional como acusación, alegando que aquel incidente nocturno tenía un toque terrorista. La Fiscalía compró esta versión, y hoy los ocho imputados se enfrentan a penas que suman, en total, 375 años de cárcel.

“Más unidos que nunca”

Los nombres de Adur, Jokin y Oihan estaban en la pancarta que este domingo, cuando el reloj marcaba las 13.00, empezó a recorrer las calles del municipio. También en la gargantas de los manifestantes, que no dejaron de corear sus nombres. Hacía frío y por momentos llovía, pero a nadie le importaba. Entre el público había gente de todas las edades. “Si creían que con todo esto iban a partir a nuestro pueblo, se equivocaban: hoy estamos más unidos que nunca”, señala Koldo Arnanz. Ese sentimiento se resumió en otra imagen: desde un balcón, una señora mayor aplaudía a los padres que encabezaban la protesta. Desde abajo, la gente también aplaudió. "Queremos justicia", corearon entonces.

La localidad de Altsasu vuelve a salir a la calle para pedir justicia./PÚBLICO

Dura espera

Minutos antes de que comenzara la movilización, los bares situados en el entorno de la Plaza Iortia eran un hervidero. Entre cafés y zuritos, muchas y muchos comentaban la última noticia que llega desde Madrid y que afecta directamente a los acusados. Por fin hay fecha de juicio. El problema es cuándo: no empezará hasta el 16 de abril, lo que seguramente implicará que los tres jóvenes que hoy se encuentran presos en Estremera, Aranjuez y Navalcarnero sigan estándolo hasta esa fecha. Pero no es el único temor. Hace algunos días, los abogados que llevan este caso denunciaron que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional había rechazado la mayor parte de las pruebas que habían solicitado, lo que deja a los ocho jóvenes en una situación de “indefensión absoluta”.

“Le conté a Jokin por teléfono que ya había fecha de juicio. Él me respondió que estaba muy tranquilo”, comentó Igone antes de la movilización. Cuando le preguntan por su hijo, ella responde que está bien. “Tiene días mejores y otros peores”, subraya. Tanto él como Adur han empezado a estudiar Derecho a través de la UNED, mientras que Oihan está cursando el Bachiller. “Cuando le detuvieron estaba estudiando decoración. El instituto donde estaba apuntado le ofreció la posibilidad de seguir vía online, pero tuvo que abandonarlo porque no le permiten acceder a internet”, comentó su padre.

Plaza desbordada

La manifestación de este domingo, que había sido convocada por la plataforma de apoyo creada en Altsasu, avanzó bajo incesantes gritos de apoyo hacia los detenidos. Tampoco faltaron las miradas y gestos de respaldo hacia sus familiares. “Todo esto nos da fuerza para seguir adelante”, apuntaba Koldo Arnanz a Público.

Al final del acto, integrantes de la plataforma de apoyo leyeron un manifiesto, en el que volvieron a agradecer las muestras de solidaridad de sus vecinas y vecinos y, al igual que en anteriores ocasiones, reclamaron justicia y proporcionalidad. Y repitieron, una vez más, que "los ocho de Altsasu" no son terroristas. Sus madres y padres sacaron una nueva pancarta, en la que solamente aparecía un "eskerrik asko" ("muchas gracias"). En ese preciso instante, la plaza del pueblo estaba, otra vez, desbordada. Igual que aquel 26 de noviembre de 2016, cuando la pesadilla recién comenzaba.