La banca nacional no ha querido perderse el festín de la deuda pública española. Desde 2008, ha suscrito en torno al 20% de las emisiones realizadas por el Tesoro. Gracias a ello, se ha embolsado alrededor de 50.000 millones de euros en concepto de intereses durante los últimos diez años. Una cifra superior al coste del rescate bancario reconocido por el Gobierno.

La deuda pública española ha engordado como una auténtica bola de nieve a raíz de la crisis económica, hasta superar el 100% del Producto Interior Bruto (PIB). De 439.000 millones de euros contabilizados en 2008 ha pasado a más de 1.100.000 millones, debido a la creciente incapacidad de las administraciones públicas para cubrir sus gastos con los ingresos que generan.

Conforme aumentaba la deuda pública, muy especialmente durante el mandato de Mariano Rajoy, también se han incrementado los intereses que hay que pagar puntualmente por ella. El año en que estalló la crisis, no llegaron a los 16.000 millones y la previsión para éste es que sumen 30.000, después de un ligero descenso respecto a 2016, en que tocaron techo.

Desde 2008 a 2017, ambos incluidos, los intereses de la deuda han exigido el pago de más de 255.000 millones de euros, a razón de 70 millones diarios, que han ido a parar al bolsillo de los acreedores. Entre ellos figuran grandes prestamistas nacionales e internacionales, públicos y privados, para los que las dificultades financieras del Estado español han sido un buen negocio.

Especiales rendimientos extrajeron en los momentos en que la prima de riesgo (el diferencial con el bono alemán) escaló hasta máximos históricos, poniendo al país al borde de la intervención. Hubo subastas en que el tipo de interés de las emisiones de deuda llegó al 7,7% en julio de 2012, so pretexto de la dudosa capacidad de España para hacer frente a sus compromisos.

De esta situación sacó ventaja la banca nacional, que suplió a los inversores extranjeros que sucumbieron a la desconfianza. Fueron años en que su participación sobre el conjunto de la deuda pública superó el 30%, muy por encima de los niveles precrisis y del 18% en el que se encuentra ahora, contabilizando las letras, bonos y obligaciones del Tesoro que tiene en su poder.

La cifra exacta de los ingresos que eso le ha proporcionado no es fácil de obtener. Pero teniendo en cuenta que acumula en torno al 20% de la deuda pública emitida durante la crisis y que los intereses generados en ese periodo superan los 255.000 millones de euros, es posible hacer un cálculo aproximado. La banca se habría embolsado unos 50.000 millones.

Esos beneficios los consiguió a costa de los problemas de las administraciones públicas para cuadrar sus ingresos y gastos, entre los que figuraban, paradójicamente, los derivados del rescate bancario. Se movilizaron entonces 56.865 millones de euros para subsanar, sobre todo, la quiebra de las cajas, de los que 42.590 millones no se recuperarán nunca, según cálculos oficiales.