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Ni las victorias ni las derrotas están predeterminadas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Izquierda Castellana   
Martes, 14 de Noviembre de 2017 09:39

La apreciación correcta de la realidad es una condición necesaria para que un proyecto de cambio pueda triunfar.


Ningún proyecto de cambio auténtico se hace sin la resistencia y oposición de los que están instaurados en el status quo.


Cualquier cambio social y por supuesto político supone un cambio del estatus social existente hasta ese momento.


Un cambio social o político que avanza, que adquiere la potencialidad de implementarse, genera adhesiones, ilusión, movilización... entre aquellos sectores sociales que lo articulan y a los que sirven. Pero genera resistencia y rechazo entre aquellos sectores que se sienten, de una u otra forma, perjudicados por ese cambio en marcha. Es por ello que la búsqueda de la correlación de fuerzas más favorable, es decir, aquella situación en la que los más amplios sectores sociales estén a favor del proyecto de cambio y los menos opuestos a él, es una tarea absolutamente imprescindible para llevar adelante ese proyecto de transformación social y/o política.


No hay cambio político de verdad sin confrontación política y social. Esta puede ser de mayor o menor intensidad en función de diversas variables. Una de las más importantes es la naturaleza, las características del Régimen sobre el -o en el- que se pretende llevar adelante ese cambio.


En el caso del Estado español, en el caso del Régimen del 78, sus propias características estructurales, más allá de la subjetividad de algunos de sus representantes, condicionan que la resistencia a cualquier cambio sea absolutamente atroz; y va asociada además a la dinamización de los sectores sociales que viven bajo su cobijo. Si ese proceso de cambio va asociado a un proceso soberanista-independentista, tal cual es el caso al que estamos asistiendo, la movilización del nacionalismo español en sus diversas variantes, pero bajo la hegemonía del nacionalismo protofascista -el de arriba España y viva Franco- está servido. Con ello hay que contar.


Cuando desde IzCa caracterizamos al Régimen del 78, y muy particularmente al Régimen 78 gobernado por la derechona, como un Régimen neofranquista, no estamos haciendo un discurso metafórico; estamos describiendo una realidad política que conocemos, también, empíricamente y con la que pretendemos ser plenamente coherentes en nuestra lucha por la democracia y la República.


Diversas corrientes del movimiento popular catalán, al que tenemos que agradecer sin ningún género de dudas que hayan puesto al Régimen neofranquista ante la mayor crisis desde su nacimiento, con el consiguiente debilitamiento de éste y el descrédito ante millones de ciudadanos y ciudadanas de Cataluña y del conjunto del Estado, han comentado que no se esperaban una reacción tan dura y autoritaria por parte del Estado.


Nuestra percepción, y así se lo transmitimos, era que la respuesta del Régimen en sus términos generales iba a ser tal como finalmente fue. Visto desde Castilla, desde las entrañas del engendro, no nos resulta difícil tener esa visión ajustada a la realidad.


En la primera movilización del Rodea el Congreso (el 25 de septiembre de 2012), en la que participaron centenares de miles de personas, algunos sectores planteaban que ésta se debía de mantener hasta que cayera el Gobierno. Desde la Coordinadora 25-S, creada al calor de esa movilización y en la que IzCa participa desde su constitución, se planteó que aquella movilización era el primer asalto de un combate que tendría bastantes, tal como está siendo; que de cada uno había que salir lo más fortalecid@s posibles para el siguiente; por el contrario, al enemigo había que irlo debilitando en cada uno de ellos hasta conseguir su derrota al final del combate.



Esa posición permitió que la Coordinadora 25-S siga en pie y que unos cuantos miles de activistas en Madrid mantengan intacta una importante capacidad de movilización que se ha puesto de manifiesto una vez más en estas últimas semanas, impulsando con otros colectivos la solidaridad con Cataluña en Madrid.


En aquella movilización –el primer Rodea el Congreso-, el Régimen del 78 se mostró tal como es. Cerca de 1500 antidisturbios participaron en la represión -por cierto, brutal- de una movilización pacífica, con el resultado de un centenar de herid@s y varias decenas de detenidos. Y, ¿cómo no? con la acusación contra 8 personas de la Coordinadora 25-S, Doris Benegas entre ellas, de "delitos contra el Estado” ante la Audiencia Nacional. En aquel entonces desde la derecha política y mediática también se hicieron comparaciones con el 23F. El juez Pedraz tuvo la inteligencia y la honestidad de archivar la causa y, además, incorporar en su resolución un juicio crítico sobre la clase política del Régimen, hablando literalmente de “la decadencia de la clase política”, lo que puso en marcha una auténtica campaña de criminalización contra él por parte de éstos y de los medios afines. ¡Qué diferencia con la jueza Lamela!


La lucha soberanista-republicana en Cataluña choca frontalmente, antagónicamente, con el proyecto nacional español y su Régimen tal y como hoy está articulado. La reacción de éste ante la declaración de la República Catalana por el Parlament, entra dentro de lo coherente con la naturaleza de este Régimen y, por tanto, con lo que era previsible.




Los gobiernos de los Estados de Europa Occidental así como las instituciones de la UE también están jugando el papel que les corresponde. Sería bueno recordar como los gobiernos de esos mismos estados dieron la espalda a la II República; no nos referimos a los gobiernos que estaban en manos del nazi-fascismo, que fueron cómplices imprescindibles del alzamiento franquista y de la guerra que provocaron cuando éste falló, sino a los gobiernos que teóricamente estaban en la llamada Europa libre, simplemente porque temían que el ejemplo del empoderamiento popular que supuso la II República, y especialmente el Gobierno del Frente Popular, sirviera de ejemplo a los pueblos trabajadores de Europa. Similar fenómeno está ocurriendo con el proceso de construcción de la República de Cataluña.




Las “inteligencias” de los bloques dominantes, incluido el español, aunque a veces no lo parezca, conocen su Historia y sacan conclusiones contundentes de ésta.



Hay aún bastantes incógnitas por resolver en el proceso catalán. El propio desarrollo de la lucha popular las irá clarificando, pero también parece claro que algunos errores de cálculo están condicionando la situación actual, que el Estado intenta aprovechar para desacreditar y debilitar al movimiento en su conjunto, especialmente su imagen. No parece que lo estén logrando; la movilización del sábado 11 de noviembre con más de 750.000 personas en Barcelona demandando la libertad de l@s pres@s polític@s y por la República es un ejemplo del gran apoyo social que sigue manteniendo el Procés. Las encuestas de proyección de voto de las elecciones del 21 de diciembre dan una clara minoría a los partidarios del Régimen del 78, pero ciertamente la situación es compleja.


Desde el movimiento popular castellano, además de reiterar nuestro agradecimiento al pueblo de Cataluña por su empuje hacia la democracia y hacia la República, queremos también poner de manifiesto nuestra visión de que la derrota del Régimen del 78 será factible en la medida en que los diversos movimientos populares del Estado, respetando la soberanía, la identidad y las características de cada uno de ellos, lleguemos a acuerdos para derrotar al enemigo común. Por otra parte, sin esa derrota será difícil que se consiga la consolidación de la libertad de cada uno de los Pueblos del Estado.



A lo largo de estos 40 años de neofranquismo, otros pueblos del Estado tuvieron el protagonismo de la primera línea de lucha como ahora lo tiene Cataluña. En Castilla venimos trabajando para que el movimiento popular de nuestro pueblo se convierta en un elemento también determinante. Pero sería muy conveniente, -y con esa filosofía impulsamos 'Iniciativa Internacionalista - la Solidaridad entre los Pueblos' en el año 2009- que se avance de forma consistente en la coordinación de las luchas para derrotar al enemigo común.


Como decimos en este artículo, esto es un combate de bastantes asaltos, pero hemos asistido a muchos y creemos que estamos en la última parte de éstos. Si queremos vencer, la preparación tiene que ser óptima.


De cada ciclo histórico, de cada experiencia de lucha popular tenemos que aprender. De la actual de primerísima importancia, hemos de aprender muy especialmente.


Izquierda Castellana


Castilla, a 13 de noviembre de 2017


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