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Brasil, el país en el que cada dos horas y media una mujer sufre una violación colectiva PDF Imprimir E-mail
Escrito por Público   
Martes, 29 de Agosto de 2017 11:20

No pasa un mes sin que en la prensa brasileña se lea un titular como éste: “Una joven de doce años violada por cinco jóvenes”. Varía el número de violadores pero el 85% de las víctimas son menores de edad. El país todavía recuerda el caso de la carioca de 16 años que fue violada durante horas por 32 hombres en una favela de Rio de Janeiro hace apenas un año. De los 15 imputados tan solo dos han sido condenados.

“Cállate la boca que te van a reconocer”, dice uno de los cinco chicos que violaban a la niña de doce años, mientras otros cuatro completamente desnudos esperaban su turno. Esta menor de la Baixada Fluminense de Rio de Janeiro, pasó tres semanas sin confesar la pesadilla por la que había pasado. Fue su tía la que descubrió el vídeo de la violación en las redes sociales y la obligó a denunciar.

Esta semana el Ministerio de Salud ha publicado los números del crimen tipificado como “violación colectiva”. Los resultados han dejado chocados a los brasileños: cada dos horas y media una mujer sufre una violación colectiva en algún lugar del país. Diez víctimas al día. Un total de 3.536 mujeres fueron violadas por más de dos hombres en 2016. Unas cifras que se han duplicado respecto a 2011 cuando por primera vez se empezaron a distinguir las violaciones individuales de las colectivas.

Un total de 3.536 mujeres fueron violadas por más de dos hombres en 2016

Si miramos las cifras de las primeras vemos que cada diez minutos violan a una mujer en Brasil. Los expertos coinciden en afirmar que los números de este crimen, como del colectivo, podrían ser mucho mayores. Por un lado porque el 30% de los municipios brasileños no le ofrecen datos al Sistema de Notificación de Agravios de los centros de salud (Sinan). Por el otro, porque buena parte de las víctimas no se atreve a denunciar. A su vez el ministerio de Salud le asegura a Público que la mayoría de los casos ni siquiera llegan a ser investigados por la Policía, lo que no anima a las mujeres a ir a una comisaría.

Según el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) apenas el 10% del total de las violaciones son notificadas. Si al año se registran 50.000 casos en comisarías y hospitales, el Ipea calcula que la cifra real de víctimas podría alcanzar las 450.000 mujeres. “La violencia sexual es un crimen invisible en este país, los datos que ha ofrecido el Ministerio de Salud son apenas la punta del iceberg”, nos dice Daniel Cerqueira, investigador del Ipea.

“La fiesta del machismo”

El trauma emocional que genera la violación colectiva es según la psicóloga Daniela Pedroso, “mucho más grave” que en el de otro tipo de crímenes: “El sentimiento de vergüenza y humillación es mucho mayor, y por eso son los casos menos notificados. A veces solo lo cuentan a la familia, o lo denuncian en el hospital cuando se enteran de que están embarazadas, lo que empeora todavía más el trauma”.

Para Cerqueira el papel de los medios en los últimos años ha sido “clave” para que un mayor número de víctimas denuncien: “El revuelo que ha generado en la prensa muchos de estos casos ha mostrado a las víctimas que la opinión pública está de su parte, porque muchas veces sus propias familias las culpan”, nos dice este investigador que define la violación colectiva como “la fiesta del machismo” en la que “el interés no es tanto el acto sexual sino la ostentación de tener el control del cuerpo de la mujer”.

Sin embargo, los mensajes virales en las redes cada vez que se da a conocer uno de estas violaciones, no son de apoyo a las víctimas sino todo lo contrario. “Era muy fiestera”, “le gustaba salir con narcotraficantes”, “se vestía como una puta”, son algunas de las frases que se leen para justificar el crimen.

“Ya la propia violación colectiva demuestra cómo es un hecho cultural que se comparte en grupo, y después en las redes sociales”

En una visita a un colegio público de la zona este de Sao Paulo (una de las áreas más humildes de la ciudad), los adolescentes de entre 16 y 17 años, al ser cuestionados por el tema tuvieron reacciones parecidas a las que se leen en el Facebook. Un chico decía: “no tenía que haber bebido tanto, así no se comporta una mujer”. Algunas alumnas le increpaban, pero muchas le apoyaban: “Era la responsabilidad de la chica, ella había dicho que le gustaba acostarse con varios hombres”. Otra compañera seguía: “Parece que el primero fue consentido porque era su novio…”.

-“¿Y los otros 31?”-, preguntó la profesora en relación a la violación de hace un año que sufrió una joven carioca.

Ante la pregunta las respuestas eran más vagas. Todos los alumnos reconocían que había sido una violación, pero casi la mitad culpabilizaba a la víctima. Según la antropóloga Débora Diniz este tipo de respuestas tienen que ver con “la cultura de la violación” que hay en Brasil. “Ya la propia violación colectiva demuestra cómo es un hecho cultural que se comparte en grupo, y después en las redes sociales”, dice Diniz.

De los últimos 51 casos publicados en la prensa al menos 14 tenían vídeos del crimen que se habían colgado en las redes, lo que según Diniz sería “una necesidad que tienen los agresores de filmar la violencia en la que esos vídeos se entienden como un souvenir de la conquista, un fetiche macabro”.

 
 

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