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Vientres de alquiler: violación del derecho a la salud materna y primal PDF Imprimir E-mail
Escrito por tribuna feminista   
Jueves, 13 de Julio de 2017 12:08

Introducción

Como mujer, hija, madre y feminista no tendría mucho que decir ante esta barbaridad de los vientres de alquiler que nos están metiendo por los ojos como un problema de actualidad, cuando los problemas reales de la maternidad son otros, son los que vivimos las mujeres que somos madres, o las que no los somos, porque no queremos, o porque queremos y no podemos en este mundo horrible que hemos construido. El problema de la maternidad, desde luego, no es el de los ricos que quieren comprar criaturas.

No diría mucho sobre este tema, más que, igual que no se mata, no se viola, no se agrede… no se pueden comprar bebés y no se puede explotar sexual-reproductivamente a las mujeres para satisfacer yo que sé qué deseos, porque ¿acaso a esto se le puede llamar deseo de paternidad/maternidad?, ¿dónde se quebró ese deseo de paternidad/maternidad convirtiéndose en algo que implica el ejercicio de la violencia sobre el origen de la vida?

Las mujeres no parimos “algo”, parimos a “alguien”. Puedes comprar algo, pero no puedes comprar a “alguien”. Punto.

El deseo legítimo de tener criaturas se quebró seguramente en el mismo espacio oscuro de la (des)humanidad, dónde el deseo y el placer sexual quedó enterrado bajo la pulsión de dominación, subyugación, violencia.

Las mujeres no parimos “algo”, parimos a “alguien”. Puedes comprar algo, pero no puedes comprar a “alguien”. Punto.

Afirmar esto debería ser suficiente; sin embargo, voy a desarrollar una argumentación más extensa en contra la práctica de los vientres de alquiler apoyándome en el trabajo de mujeres cuyas aportaciones a este debate me han “tocado” en lo más profundo, y que, además, se asientan en una profunda reflexión, así como en la evidencia científica disponible en torno a la gestación, al parto y al postparto.

He tratado de dar un enfoque centrado en destacar el valor del origen materno de la vida, sobre el que creo somos todos muy ignorantes como sociedad; y la vulneración del derecho a la salud maternal y primal que implica esta práctica. Derechos que, por cierto, en general, también desconocemos para nosotros, por lo que es tremendamente fácil que asumamos como legítima una violencia para otros, que ya asumimos personalmente.

Reflexionaré sobre los vientres de alquiler centrándome en las consecuencias de esta práctica en la salud y el bienestar de las mujeres y los bebés; y por tanto, en la salud y bienestar de la humanidad. Analizaré tres cuestiones fundamentales ligadas a la maternidad subrogada y su impacto en la salud; entendida la salud desde una perspectiva amplia, como un estado completo de bienestar físico, mental y social:

  • La cosificación y mercantilización de las mujeres y los bebés así gestados.
  • La explotación sexual reproductiva de las mujeres gestantes.
  • La violación del derecho a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, y la violación del derecho a la salud primal de las criaturas.

El deseo y la cosificación de las mujeres

Parto de la premisa de que la maternidad subrogada no existe. Lo que existe es trata de seres humanos, los niños y las niñas, a través de la explotación sexual reproductiva de las mujeres. La condición previa para que se de esta explotación, dirigida a la satisfacción del deseo de paternidad/maternidad genética, es la cosificación y mercantilización de la vida humana.

La maternidad subrogada no existe. Lo que existe es trata de seres humanos, los niños y las niñas, a través de la explotación sexual reproductiva de las mujeres.

El deseo de tener hijos es absolutamente legítimo, pero la incapacidad de concebir naturalmente, no puede convertir el deseo en una necesidad y menos en un derecho, a costa de la explotación de terceros.

La sociedad capitalista de consumo se basa en la creación permanente de nuevas necesidades, que deben ser satisfechas para alimentar el crecimiento económico. Puesto que la maternidad subrogada, ligada a la industria de tecno-reproducción, se presenta como uno de los negocios transnacionales más floreciente en el contexto de la economía global, generando millones de dólares al año; deberíamos reflexionar, por un lado, sobre el origen del deseo de tener hijos con nuestra propia herencia genética, a pesar de los impedimentos fisiológicos y/o biológicos que podamos tener; y por otro, sobre las causas de la crisis de fertilidad en la que estamos inmersos en la actualidad, y sobre cómo la propia definición de infertilidad se ha construido y variado a lo largo del tiempo, según las definiciones hayan sido proporcionadas por las ciencias demográficas o médicas.

Deberíamos reflexionar, por un lado, sobre el origen del deseo de tener hijos con nuestra propia herencia genética, (…) y sobre cómo la propia definición de infertilidad se ha construido y variado a lo largo del tiempo

En este artículo no abordaré estas cuestiones, pero me gustaría señalar que el análisis de ambos temas resulta crucial para situar la práctica de los vientres de alquiler en su contexto, ya que ésta se presenta como una técnica más de reproducción asistida, disponible tanto para las mujeres (y sus parejas, o no) que no pueden, o no quieren gestar hijos propios por razones médicas, sociales y/o personales; como también dirigida a los hombres (y sus parejas, o no) que por razones biológicas obvias, no pueden gestar, presentándose esta opción como una opción legítima para que los hombres puedan tener un bebé propio sin que exista una madre.

Hay que señalar que las personas que desean formar una familia a través de contratos de gestación subrogada tienen un deseo muy específico. No les es suficiente adoptar a un bebé, o criar a una niña o niño más mayor. Lo que desean es una criatura con su propia carga genética y sobre la que tener la custodia en exclusiva. Esto no es sólo deseo de criar un hijo o hija, sino que también exige que la madre que gesta y da a luz desaparezca, y con ella, el derecho de filiación, que tanto nos ha costado a las mujeres conseguir; antes de que la mujer conciba y alumbre a la criatura.

Hay que señalar que las personas que desean formar una familia a través de contratos de gestación subrogada tienen un deseo muy específico. No les es suficiente adoptar a un bebé, o criar a una niña o niño más mayor. Lo que desean es una criatura con su propia carga genética y sobre la que tener la custodia en exclusiva.

Lo que encontramos aquí es que el anhelo por conseguir unos hijos o hijas propios se convierte por un lado, en el derecho de cosificar, instrumentalizar y explotar la capacidad reproductiva de la mujeres para nuestros propios fines, a la vez que se cosifica a las criaturas convirtiéndolas en un producto comercial con control de calidad.

Lo que subyace a esto es violencia, es un atentado a la dignidad de las mujeres y las criaturas. La potente cultura del rendimiento económico hace que sea muy fácil convertir los deseos de los grupos económicamente poderosos en derechos.

La filósofa feminista María José Guerra Palermo señala que para justificar el negocio de los vientres de alquiler, la bioética neoliberal elimina de su discurso las consideraciones de justicia e igualdad y abandera la supuesta autonomía y libre consentimiento de las mujeres, obviando cuestiones fundamentales que tienen que ver con los privilegios, las desigualdades de clase social, género, localización geográfica y geopolítica que están implicadas en la gestación por subrogación. Estas variables, sin embargo, son clave en el análisis del problema ya que la tendencia es que los clientes de la gestación subrogada procedan de países desarrollados, dispongan de gran poder adquisitivo o tengan acceso al crédito, y contraten a través de las agencias intermediarias los servicios de mujeres gestantes en países empobrecidos, o con grandes bolsas de población femenina empobrecida.

Los clientes de la gestación subrogada procedan de países desarrollados, dispongan de gran poder adquisitivo o tengan acceso al crédito, y contraten a través de las agencias intermediarias los servicios de mujeres gestantes en países empobrecidos, o con grandes bolsas de población femenina empobrecida.

En el contexto de la economía global, no podemos obviar que es la pobreza, la que está haciendo que la maternidad subrogada prospere como una opción para las mujeres más vulnerables. Se han creado “centros” internacionales de subrogación en todo el mundo, EEUU, México, Ucrania, India, Pakistán o Vietnam, países con unos altos índices de pobreza femenina donde las mujeres son fáciles de reclutar debido a su vulnerabilidad socioeconómica.

Es necesario repetir una y otra vez, que la mayoría de las mujeres que optan por gestar una criatura para un tercero lo hacen debido a la falta de educación y desempleo. Necesitan dinero para subsistir, dinero para comida, alquiler y matrícula escolar para sus hijos.

La cosificación de las mujeres que van a participar en estos contratos se produce en dos direcciones. Por un lado, externamente, la mujer es cosificada por la industria de la tecno-reproducción, las agencias intermediarias, los clientes, y en muchas ocasiones por los propios maridos y familiares que animan a las mujeres a alquilar su vientre para poder mejorar la situación económica familiar, a la vez que desarrollan su generosidad y altruismo para hacer feliz a terceros.

Por otro lado, como señala Kajsa Ekman, autora de “El ser y la mercancía. Prostitución, vientres de alquiler y disociación” la cosificación se produce internamente. La propia mujer asume la cosificación. Divorcia su mente de la realidad que está sucediendo en su cuerpo y así se disocia de la realidad que está viviendo. De este modo, puede afirmar internamente que ella no se vende, sino que vende su capacidad de gestar. La capacidad de gestar es vista por la propia mujer como una función separada de su “Ser” y así puede mantener una distinción entre lo que se alquila (el útero) y el Yo. La idea de que el Ser es completamente distinto del cuerpo es la que sustenta la idea de que es posible vender el cuerpo sin venderse a una misma.

La mujer es cosificada por la industria de la tecno-reproducción, las agencias intermediarias, los clientes, y en muchas ocasiones por los propios maridos y familiares

Hay aquí un paralelismo entre la maternidad subrogada y la prostitución, no sólo sobre la base de “vender el cuerpo”, sino sobre la base del desapego psicológico similar que es necesario para llevar a cabo estos “servicios”. Esta disociación, esta fragmentación del propio ser, entre lo que soy y lo que vendo, es increíblemente perjudicial para una persona porque rompe su integridad esencial. Los investigadores ya no llaman a este intento de disociar, simplemente un “mecanismo de defensa”, sino más bien lo consideran un síntoma de trastorno de estrés postraumático.

Sin embargo, la mujer que gesta para otros, tiene un mayor desafío que la mujer prostituida en su tarea de disociar su Ser de su cuerpo y de la criatura que lleva en su vientre. Ella no puede desconectarse de su cuerpo tan fácilmente. Mientras que la mujer prostituida puede escapar de su situación viviendo destructivamente, todos los mecanismos de creación de distancia física son imposibles para la madre que gesta. La mujer que está gestando un hijo para otros, no puede ignorar su situación tomando drogas, fumando o bebiendo, tiene que cuidar de sí misma, debe vivir para el bebé y pensar en él en cada acción diaria.

Estas mujeres a menudo necesitan la ayuda de grupos de apoyo para sobrellevar psicológicamente su gestación y reafirmar constantemente esta mentalidad dualista durante y después del embarazo. Estos grupos de apoyo, proporcionados por las propias clínicas, alientan a las mujeres a “verbalizar el dolor” en lugar de reprimirlo y tratan de actuar como una “válvula de seguridad” para las madres que experimentan problemas. En mi opinión, lo que realmente hacen estos grupos de apoyo es adiestrar a las mujeres para que aprenden qué sentimientos son correctos y cuáles incorrectos, en el contexto del contrato de subrogación que han suscrito.

Estas mujeres a menudo necesitan la ayuda de grupos de apoyo para sobrellevar psicológicamente su gestación y reafirmar constantemente esta mentalidad dualista durante y después del embarazo.

Por lo tanto, mientras que los clientes de la subrogación cumplen sus deseos y completan su familia, realizando así su proyecto vital, la mujer que va a gestar para ellos, se fractura y se quiebra. La mujer crea una familia para sus clientes, pero no le está permitido formar parte de ella. Esto, desde mi punto de vista, no apunta a las nuevas formas de familia que señalan muchas personas partidarias de los vientres de alquiler, sino a algo muy antiguo que es la apropiación de criaturas ajenas por parte del poder y la aniquilación de la madre.

Al eliminar a la madre, física y simbólicamente, la gestación subrogada cosifica y reduce el trabajo reproductivo de las mujeres a una forma de trabajo alienado y deshumanizado. Obliga a la madre a reprimir el vínculo maternal que siente por la criatura y que tiene una base biológica, y le pide primero, que renuncie a su capacidad de interpretar y controlar el significado de su trabajo reproductivo y después, que desaparezca de escena.

Por todo esto, reitero, la maternidad subrogada no existe. Lo que existe es explotación sexual reproductiva sobre la base de la cosificación e instrumentalización de las mujeres y la alienación de su capacidad reproductiva. Como veremos más adelante, esta práctica somete a las mujeres a unas condiciones de concepción, gestación, parto y lactancia, estipulados en los términos de los contratos de subrogación, que atentan contra su dignidad, su salud mental y sus derechos sexuales y reproductivos.

Lo que existe es explotación sexual reproductiva sobre la base de la cosificación e instrumentalización de las mujeres y la alienación de su capacidad reproductiva. 

Cabe puntualizar que utilizo el término explotación sexual reproductiva, en lugar de explotación reproductiva para enfatizar el hecho de que la concepción, la gestación, el parto y la lactancia forman parte de la sexualidad de la mujer.

Las criaturas: ¿Por qué existo? Existo porque alguien pagó por mí

En cuanto a la cosificación a la que son sometidas las criaturas, la maternidad subrogada plantea cuestiones éticas particulares ya que las criaturas son concebidas como un producto comercial que será comprado y vendido. La gestación subrogada reafirma la consideración histórica de los hijos e hijas como una propiedad de sus padres.

El artículo 2 del “Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía” establece que “por venta de niños se entiende todo acto o transacción en virtud del cual un niño es transferido por una persona o grupo de personas a otra a cambio de remuneración o de cualquier otra retribución”. Esto significa que la subrogación facilita la venta de niñas y niños a los ojos del derecho internacional y de los derechos humanos, ya que éstos literalmente existen para cumplir los términos de un contrato comercial.

La gestación subrogada reafirma la consideración histórica de los hijos e hijas como una propiedad de sus padres.

Desde el punto de vista de las criaturas, la pregunta esencial que se plantea es ¿por qué existo? La respuesta que arroja la gestación subrogada es “Yo existo porque alguien pagó por mí. Y cuando alguien paga cuantiosas sumas de dinero se llega a asumir que no sólo se tiene derecho a recibir el bebé sino que además éste ha de tener unas características concretas y ofrecer ciertas garantías de calidad.

Por este motivo, los procesos de selección de las madres incluyen pasar por numerosas pruebas y exigencias para garantizar la calidad de las criaturas, cuyo sexo o raza, entre otras características, podrá ser seleccionado si se desea y se paga. También este proceso incluye la selección y el descarte de los embriones que no interesen a los clientes. Y esto, no nos equivoquemos, no tiene nada que ver con el derecho al aborto de las mujeres, las cuales deberían ser las únicas con la autoridad para decidir sobre la interrupción de su embarazo.

También este proceso incluye la selección y el descarte de los embriones que no interesen a los clientes.

Otra cuestión relacionada con la cosificación a la que son sometidas las criaturas es el constante riesgo de abandono al que son expuestos. Los bebés nacidos a través de la subrogación están continuamente en riesgo de abandono, por ejemplo, cuando existe una anomalía fetal, o si la pareja que encarga al bebé rompe su relación antes de que éste nazca.

Otra cuestión importante que va a impactar en la salud emocional de las criaturas se refiere a la identidad. Existe una fuerte evidencia de que los niños y niñas están profundamente interesados ​​en conocer su historia, en conocer su parentesco. Sin embargo, en muchos casos, específicamente, en los acuerdos transfronterizos, una criatura nacida a través de la subrogación puede que no conozca nunca a su madre gestante (independientemente de si ella proporciona material genético o no).

(…) viola el derecho de la criatura a conocer su origen e identidad garantizados en el Artículo 7 y 8 de la Convención sobre los Derechos del Niño.

Muchos países, como Ucrania (donde la pareja que encarga el bebé se nombra inmediatamente en el certificado de nacimiento del bebé), no contemplan que los niños y niñas al llegar a la edad adulta puedan conocer su parentesco biológico real.

La división del papel de la madre entre las diferentes mujeres (donante de óvulos, compradora y madre gestante) y el papel de padre (donante de esperma y comprador) y la ocultación de este hecho, viola el derecho de la criatura a conocer su origen e identidad garantizados en el Artículo 7 y 8 de la Convención sobre los Derechos del Niño.

Violación del derecho a la salud de las mujeres gestantes

La salud materna, que comprende todos los aspectos de la salud de la mujer desde el embarazo, al parto y el posparto, se va a ver seriamente comprometida por las condiciones de los contratos de maternidad subrogada.

Antes de abordar los riesgos para la salud de esta práctica, creo necesario señalar qué implica la gestación, qué supone el embarazo en la vida de una mujer.

Existe un gran desconocimiento y banalización del origen materno de la vida, tanto de los profundos cambios fisiológicos y psicológicos (y en el caso de algunas mujeres, espirituales y políticos) que experimentamos las mujeres durante el embarazo, como sobre el trascendental impacto que tiene en la sociedad las condiciones en las que las mujeres concebimos, gestamos, parimos, amamantamos y nos vinculamos con nuestras criaturas.

Existe un gran desconocimiento y banalización del origen materno de la vida, tanto de los profundos cambios fisiológicos y psicológicos (y en el caso de algunas mujeres, espirituales y políticos) que experimentamos las mujeres durante el embarazo

La madre no es un contenedor aséptico dentro del cual se desarrolla el feto como si estuviera en una cápsula. La madre es el primer hábitat de la criatura. Entre la madre y la criatura se va a ir gestando el vínculo materno-fetal, cuyo centro neuronal está en el cerebro y que se produce tanto a nivel celular, como en el apego afectivo. La madre gestante y su bebé desarrollan un nexo, una comunicación e intercambio, que tiene una fuerte base biológica desde las primeras semanas de la gestación.

Las investigaciones están confirmado que esa comunicación se da incluso antes de que el embrión se implante en el endometrio y que las gestantes son capaces de variar la genética de su futuro hijo aun cuando el óvulo es de otra mujer, como sucede en los casos de ovodonación.

La ovodonación es la técnica de reproducción asistida que más se está empleando en la gestación subrogada, a fin de evitar las posibles reclamaciones de las madres gestantes cuando éstas aportan sus propios óvulos. Sin embargo, estos argumentos ignoran esta capacidad de la gestante de modular los genes del bebé.

La ovodonación es la técnica de reproducción asistida que más se está empleando en la gestación subrogada, a fin de evitar las posibles reclamaciones de las madres gestantes

La psiquiatra perinatal e investigadora Ibone Olza, describe el vínculo materno- fetal como una relación cálida e íntima que se establece entre el bebé y su madre y cumple la función biológica de promover la protección, la supervivencia y, en última instancia, la replicación.

Además, en esta simbiosis entre la madre y la criatura se produce otro hecho fascinante: el microquimerismo fetal. Se trata de un intercambio de células entre la madre y el bebé que hace que algunas células madre de la sangre del feto y la placenta pasen a la circulación de la madre, y algunas células de la madre pasen a la circulación del feto.

Ibone Olza explica los cambios que se dan en la gestante son neuroquímicos, morfológicos y funcionales: se modifica para siempre la estructura cerebral de la madre, cambian especialmente las regiones implicadas en las relaciones sociales, la neuroplasticidad alcanza su punto álgido, creándose nuevas neuronas, mientras que otras se eliminan y/o migran. El cerebro, a medida que avanza el embarazo, se vuelve cada vez más emocional, las gestantes afinan su capacidad de discriminar estados emocionales en otras personas y agudizan su intuición. La mujer está en un estado de hipersensibilidad emocional e hipervigilancia, que le permite ponerse en el lugar del bebé y ocuparse de sus cuidados. Pero al mismo tiempo, este estado hace a la madre más vulnerable, y si las condiciones sociales, culturales y/o personales de la gestante no la acompañan, no la sostienen, y no están en sintonía con este trascendental momento vital, existe un riesgo alto de que se puedan desencadenar los trastornos mentales perinatales que muchas mujeres sufren en el embarazo y el posparto.

Veamos ahora algunas de las consecuencias de la gestación subrogada para la salud de la mujer:

Por un lado tenemos las complicaciones que se pueden asociar en general con todo embarazo: embolias, anemia materna, hemorragias, diabetes gestacional, hipertensión arterial, preeclampia, eclampsia, e incluso muerte. Además gestar un hijo que genéticamente no es propio supone un mayor riesgo de complicaciones graves como la preeclampsia.

Complicaciones que se pueden asociar en general con todo embarazo: embolias, anemia materna, hemorragias, diabetes gestacional, hipertensión arterial, preeclampia, eclampsia, e incluso muerte.

Por otro lado, encontramos toda una serie de riesgos específicos asociados a las condiciones de concepción, gestación y parto impuestas en los contratos de subrogación, que comprometen la salud materna de las gestantes.

La hiperestimulación hormonal necesaria para la preparación del cuerpo de la mujer para mantener el embarazo pueden tener muchos efectos secundarios, similares a los riesgos asociados a la donación de óvulos, como el síndrome de hiperestimulación ovárica que produce dolor, que a veces exige hospitalización, fallo renal, posible infertilidad futura, e incluso la muerte.

La hiperestimulación hormonal necesaria para la preparación del cuerpo de la mujer para mantener el embarazo pueden tener muchos efectos secundarios

La transferencia de múltiples embriones para aumentar las tasas de éxito constituye otro de los peligros para la salud de la mujer. El deseo de los clientes de asegurarse la obtención de un bebé, junto al propio interés de la clínica en tener éxito, hace que a las mujeres a menudo se les implante más de un embrión a la vez, lo cual está desaconsejado desde el punto de vista médico. La transferencia de varios embriones aumenta las posibilidades de que se produzcan embarazos múltiples, los cuales se asocian a mayor riesgo de hipertensión, preeclampsia, diabetes gestacional y hemorragia postparto, así como incrementan la posibilidad del uso de intervenciones traumáticas para deshacerse de algún embrión.

En este tipo de embarazos también se realizan sistemáticamente pruebas de amniocentesis para garantizar la integridad genética del gestado. Los riesgos asociados a esta prueba son el dolor, las infecciones, el sangrado y el aborto.

En un altísimo porcentaje el parto es inducido y por cesárea. Se trata de cesáreas absolutamente innecesarias y se realizan para facilitar la programación y maximizar el número de nacimientos en la clínica y también para facilitar a los clientes que puedan asistir al nacimiento de la criatura que han comprado. La cirugía abdominal para extraer al bebé del útero conlleva riesgos bien documentados, incluyendo cortes quirúrgicos erróneos a la mujer y al bebé, infección, hemorragias, histerectomía, dolor severo y/o dolor a largo plazo en la zona de la pelvis, o en la cicatriz de la cesárea, e incluso, muertes maternas relacionadas con la anestesia o con el mismo procedimiento.

En un altísimo porcentaje el parto es inducido y por cesárea.

La investigación también indica que las mujeres que han tenido cesáreas tienen más probabilidades de tener problemas para quedar embarazadas de nuevo. Además ésta es una condición que debería tenerse en cuenta para evitar riesgos graves en futuros partos, como ruptura uterina y condiciones como la placenta previa, la placenta accreta, o desprendimiento placentario. Por este motivo los futuros partos vaginales deberían realizarse en unas condiciones que tengan en cuenta esta circunstancia previa, lo cual no siempre va a quedar garantizado cuando las mujeres regresan a su entorno social.

La privación de libertad de la madre y el acceso restringido a la familia para controlar el embarazo es otra condición del contrato que perjudica la salud y el bienestar de las madres. Por estipulación del contrato, durante el embarazo las madres suelen estar recluidas en residencias de maternidad, quedando aisladas de sus hijos y familia, y de su entorno social. Se les priva de la libertad de gestionar su propia salud y bienestar, restringiendo sus relaciones sexuales, controlando su alimentación y limitando sus relaciones sociales. El coste de estas restricciones es imposible de cuantificar, pero no es difícil de imaginar que no son las condiciones más adecuadas para llevar a término un embarazo saludable.

Si la mujer desea ejercer su derecho al aborto, y por lo tanto desea terminar con el contrato, no podrá hacerlo.

Otra cuestión gravísima es que se priva a la mujer del derecho a la toma de decisiones informada sobre su propio embarazo. Si la mujer desea ejercer su derecho al aborto, y por lo tanto desea terminar con el contrato, no podrá hacerlo. En ese caso tendría que pagar grandes sumas de dinero a los clientes de la subrogación, imposible de afrontar. Tampoco podrá continuar con el embarazo si ella así lo desea, en el caso de que los clientes decidan que la mujer aborte uno o más de sus fetos, cuando por ejemplo, los clientes no quieran ser padres/madres de múltiples, o se detectan anomalías fetales.

La ausencia de seguimiento y atención postparto es, desde mi punto de vista, el remate final a toda esta violencia ejercida sobre la mujer. Los contratos de subrogación no contemplan el apoyo postparto para las madres. Las mujeres no reciben atención ni médica, ni psicológica durante la fase de recuperación postparto la cual suele ser lenta y complicada.

La ausencia de seguimiento y atención postparto es, desde mi punto de vista, el remate final a toda esta violencia ejercida sobre la mujer.

A nivel físico, las madres deberán recuperarse de las cesárea, pero no van a contar con asistencia sanitaria, ni ayuda de algún tipo, regresando a sus comunidades donde ejercen de cabeza de familia y acarrean con la mayor parte de las responsabilidades.

A nivel psicológico se quedan solas frente al impacto de haber entregado a su criatura. Tendrán que gestionar la lactancia, que puede ser inhibida farmacológicamente, con sus correspondientes consecuencias; o estar incluida dentro del contrato. En este último caso, se incrementa aún más el sufrimiento, ya que la mujer deberá extraerse mecánicamente leche durante unos meses para enviarla a los clientes. A esto hay que añadir la vuelta al núcleo familiar y comunitario y posiblemente tener que hacer frente al posible estigma social.

Bajo estas condiciones, no es de extrañar que otro de los problemas que pueden sobrevenir a la madre subrogada, con más frecuencia que a otras madres, es la depresión posparto, el estrés postraumático e incluso la psicosis puerperal y el suicidio, pudiendo quedar su salud mental comprometida de por vida.

Violación del derecho a la salud primal de las criaturas

Como hemos visto, los riesgos para la salud de la madre subrogada incluyen los riesgos propios de cualquier embarazo, más los riesgos asociados al propio contrato de subrogación.

En el caso de las criaturas, todos los riesgos para su salud y repercusiones a largo plazo responden o son consecuencia directa de dicho contrato de subrogación y de las condiciones materiales, psicológicas, emocionales y tecnológicas que se imponen de manera unidireccional a la madre gestante.

En concreto, algunos de los riesgos para la salud derivados de la gestación subrogada que hemos mencionado para la madre, afectan igualmente a las criaturas.

La inducción al parto y el nacimiento por cesárea compromete la salud de las criaturas.

Los embarazos múltiples pueden resultar en nacimientos prematuros o pretérmino con pesos de nacimiento inferiores al promedio. Los bebés nacidos como resultado de embarazos múltiples están en mayor riesgo de prematuridad, parálisis cerebral, dificultades de aprendizaje, desarrollo lento del lenguaje, dificultades de conducta, enfermedad pulmonar crónica y retrasos en el desarrollo.

La inducción al parto y el nacimiento por cesárea compromete la salud de las criaturas. La Organización Mundial de la Salud recomienda que la inducción al parto o los partos por cesárea no se planifiquen antes de las 39 semanas, a menos que se indique médicamente. Los riesgos de las cesáreas para los bebés pueden incluir problemas respiratorios y reducción del aporte de sangre desde la placenta al recién nacido al nacer; las implicaciones a más largo plazo incluyen los riesgos relacionados con la diabetes infantil, el asma, las sensibilidades alimenticias y las alergias.

La salud física de la madre gestacional también tiene un efecto sobre el embarazo. Entre las mujeres de países del sur de Asia, por ejemplo, la anemia es común. Los efectos a largo plazo en las niñas y niños, de algunas condiciones físicas de la madre, como la nutrición deficiente en el embarazo, son bien conocidos.

Los contratos de subrogación son el marco de referencia que define las condiciones en las que los bebés van a ser concebidos, gestados y paridos, y el acuerdo sobre el que se legitima su compra. Estos contratos, además de vulnerar los derechos humanos y la dignidad de las criaturas, como ya he mencionado, están ignorando intencionadamente que lo que la criatura vive en el embarazo, en el parto y en los primeros días condiciona en muchos aspectos su salud física y psíquica.

La “teoría de la programación fetal” explica como ciertas condiciones de la gestación pueden provocar efectos adversos en la vida adulta. Durante el embarazo, algunos sistemas del bebé van a programarse para dar una respuesta a un tipo de ambiente externo, por lo tanto, las condiciones sociales, culturales, ambientales y personales en las que una mujer gesta un hijo, pueden condicionar la salud física y emocional del bebé.

Lo mismo puede decirse del nacimiento. Cada vez es mayor la evidencia que demuestra cómo la experiencia del parto queda profundamente grabada en la psique y en el cuerpo de las criaturas.

Durante el proceso del parto, se libera gran cantidad de oxitocina que es la hormona de la vinculación afectiva o emocional. El vínculo hormonal de la oxitocina, firmemente establecido entre la madre y la criatura durante la gestación, se refuerza después del nacimiento a través de las interacciones físicas de la madre con el bebé, por ejemplo a través de la lactancia materna, el contacto piel con piel y la observación visual. La oxitocina no sólo facilita los procesos fisiológicos clave en el desarrollo del bebé, sino que también ayuda a la madre a recuperarse después del parto.

La liberación de oxitocina promueve los patrones de unión entre la madre y el recién nacido y crea el deseo de contacto adicional. Y lo que es más importante para las criaturas, los estudios muestran que un nivel alto o bajo de oxitocina controlará permanentemente la organización de la parte del cerebro del bebé encargada de manejar el estrés, promoviendo a la larga, características de apego seguro o inseguro en la adolescencia y la adultez.

Todo este vínculo y reconocimiento materno-infantil, todo este proceso neuro-hormonal cuya función es generar el enamoramiento entre la madre y el bebé es truncado violentamente, es intencional y planificadamente interrumpido cuando el bebé, literalmente, es extraído del vientre de la gestante y entregado a los clientes de la subrogación, a menudo momentos después del nacimiento; degradando aún más a la mujer y a la criatura.

El bebé que es separado de su madre vive esta separación como si su madre hubiera muerto. Es una situación muy violenta y dolorosa para el bebé y la madre y es lo que se conoce como la herida primal. Nils Bergman, experto en neurociencia perinatal, sintetiza toda la evidencia que muestra lo traumático que es para los bebés ser separados de su madre nada más nacer al afirmar que “lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”.

La separación del bebé de la madre, también va implicar la ausencia de lactancia materna y la privación para madre y bebé de los beneficios para la salud física y emocional asociados a la lactancia. La lactancia materna es otro derecho humano que la gestación subrogada arrebata a los bebés y a las madres.

Así que, para terminar, insistir, que en relación a las criaturas, la maternidad subrogada implica una violación intencionada del derecho de los bebés a la salud primal. Los bebés son concebidos, gestados y paridos bajo unas circunstancias y mediante unos procedimientos que pueden tener graves consecuencias sobre su salud física y mental.

Mujeres inseminadas y explotadas sexual reproductivamente, bebés nacidos para ser comprados, de esto va la maternidad subrogada. Las criaturas y sus madres son heridas en lo más profundo de su ser, son convertidas en  productos y servicios, cosificadas, instrumentalizadas, despojadas de su dignidad y de los derechos humanos que tanto esfuerzo y sufrimiento nos ha costado conquistar. Como humanidad, en algún momento deberíamos comprender que fascinados por la tecnología y heridos de nacimiento somos los esclavos perfectos.

Charla impartida el pasado 18 de junio de 2017 en las Jornadas: “Vientres de alquiler: ¿Libertad de elección o libre mercado?, organizadas por la Red Feminista de Extremadura.

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