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Poco transporte público, inseguridad y acoso: el día a día de las trabajadoras nocturnas PDF Imprimir E-mail
Escrito por La Marea   
Miércoles, 12 de Abril de 2017 10:57

Mujeres que eligen trabajar de noche por la mayor compensación económica que eso significa —entre 300 y 500 euros extra—. Mujeres que duermen poco o que sacrifican el sueño para poder compaginar el trabajo remunerado con el trabajo de cuidados y doméstico. Mujeres que terminan sus turnos entre las 4 y las 6 de la mañana, después de haber realizado tareas de esfuerzo durante toda la noche, como la limpieza de hospitales o aeropuertos, y que así disponen de la mañana para hacer gestiones administrativas. Mujeres que, al volver a sus casas, tienen que hacer frente a la escasez de transporte público, a la inseguridad y al acoso sexual.

Poco transporte público, inseguridad y acoso: el día a día de las trabajadoras nocturnas

Esta es la realidad de muchas mujeres que trabajan de noche y es lo que se desprende del informe Nocturnas. Mujeres que trabajan de noche en el Área Metropolitana de Barcelona coordinado por el Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas cuyo trabajo se focaliza en la equidad de género en el uso de los espacios públicos y el equipamiento. En el trabajo también han colaborado entidades como la Fundació Àmbit Prevenció, Ca la Dona, la Secretaría de la Dona de CCOO o Irídia.

A falta de datos oficiales recientes, el Ayuntamiento de Barcelona elaboró un estudio en el año 2002 sobre el mercado laboral nocturno en esta ciudad por el que corroboraba que un tercio de las personas que trabajan de noche eran mujeres, aunque no establecía una relación del trabajo nocturno con las políticas públicas de planificación urbana y movilidad. “Dentro del urbanismo feminista, la noche se ha estudiado sobre todo por temas de percepción de la seguridad y cómo esta afecta a la movilidad, pero nunca mirando específicamente al trabajo nocturno, que es algo bastante invisibilizado dentro del urbanismo. Se habla de zonas de ocio, de cuestiones relacionadas con el consumo, de restaurantes, teatros o actividades lúdicas, pero pocas veces se habla de la otra parte, la que está trabajando y ofreciendo los servicios“, explica Sara Ortiz, coordinadora de este proyecto que cuenta las vivencias de 24 mujeres que trabajan en diferentes zonas y puestos.

Cuando volver a casa a la salida del trabajo se convierte en una odisea

Para Ortiz, “trabajar de noche se vive de forma diferente si eres un hombre o una mujer”. La escasa frecuencia de transporte público en horario nocturno o los múltiples transbordos son algunas de las dificultades de movilidad que desgrana el informe. Además, las mujeres, por ser mujeres, se enfrentan a otras especificidades. “El transporte público por la noche, sobre todo el metro y el tren, en ciertos días de la semana está monopolizado por quienes vuelven a casa de fiesta y las mujeres se enfrentan a todo lo que eso conlleva en muchas ocasiones: el acoso sexual. Por eso, para las mujeres que vuelven a casa después de trabajar este es un ambiente hostil”, señala Ortiz. Además, los trayectos a pie o el tiempo de espera entre las conexiones suponen a menudo momentos de inseguridad.

“A mí, tres noches seguidas un hombre me siguió hasta el trabajo desde la parada. Me asusté un montón. A la tercera noche, que iba cagada de miedo, me bajé en mi parada, empecé a andar más deprisa y se me puso al lado y le dije que qué quería. Me dijo que era una mujer muy linda”. Situaciones de acoso como esta que narra uno de los testimonios incluidos en el informe hacen que las mujeres que trabajan de noche se vean obligadas a recurrir a estrategias como cambiar de ruta para no dejar rastro de sus recorridos cotidianos y que así nadie pueda controlar sus movimientos.

Conocer bien el barrio y el entorno u otras tácticas a nivel personal, como llevar un spray de pimienta o una laca pequeña, son, según el estudio, factores que hacen sentir más seguras a las mujeres que trabajan de noche. Sin embargo, “la percepción de seguridad asociada con la autonomía y la libertad de poder moverse, disfrutar y participar de la ciudad a cualquier hora del día y de la noche se concibe aún como algo difícil de conseguir“, añade el informe.

En este sentido, desde el Col·lectiu Punt 6 insisten en que “las mujeres seguimos siendo socializadas para tener miedo en el espacio público y en la noche” y recuerdan que “mensajes como el no camines sola de noche es uno de tantos que recibimos a través de nuestra familia, los medios de comunicación o la educación”. Por eso, y “a pesar de que gran parte de la violencia contra las mujeres tiene lugar en espacios privados y viene de personas conocidas”, la inseguridad es una de las principales sensaciones que relatan las mujeres que trabajan de noche.

Para las que además trabajan en la calle, como las empleadas de la limpieza viaria de Barcelona o las trabajadoras sexuales, la violencia está vinculada “a cómo se concibe el cuerpo de una mujer en el espacio público de noche y al tipo de trabajo, menos valorado socialmente”.

Fruto de todo ello, las mujeres que han participado en el estudio relatan efectos en su vida cotidiana diurna, en sus relaciones sociales y su salud. Sobre lo primero, las mujeres denuncian que los horarios de equipamiento y servicios para hacer trámites administrativos tengan turnos mayoritariamente de mañana o que trabajar de noche reduce su esfera de cuidado propio y de ocio.

“Muchas de las mujeres sentimos una falta de comprensión social por parte de nuestro entorno más próximo de lo que implica trabajar de noche. Por un lado, sentimos que la gente piensa que durmiendo 4 o 5 horas ya hemos descansado, o bien, asocian el hecho de dormir durante el día no al descanso sino al no hacer nada”, detallan en el informe. Junto a esta falta de sueño, los dolores de cabeza, de espalda o la ansiedad y la depresión son consecuencias de las jornadas laborales nocturnas para las mujeres.

Construir ciudades con perspectiva de género

“La visibilidad en las ciudades, temas de iluminación, la altura de la vegetación, el diseño de espacios, los muros, las zonas ciegas, cómo están diseñados los trayectos, qué elementos nos encontramos cuando caminamos, si hay túneles o puentes” son algunos de los aspectos que hay que tener en cuenta en la configuración del espacio público que describe Sara Ortiz.

Con el objetivo de mejorar la movilidad, desde el colectivo de urbanismo feminista instan a los organismos públicos a revisar la frecuencia del transporte público durante la noche, a promover el transporte colectivo a los centros de trabajo, a elaborar auditorías de seguridad urbana con perspectiva de género, a mejorar la iluminación y la movilidad a pie en zonas de trabajo como la Ciudad Sanitaria del Hospital de Bellvitge o a establecer convenios laborales con visión de género, entre otras medidas.

 
 

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