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Matilde Zapata, una voz por encima del silencio PDF Imprimir E-mail
Escrito por El Diario.es   
Martes, 28 de Marzo de 2017 09:59

La periodista y activista de los derechos femeninos fue condenada a muerte y fusilada en 1938 después de que las tropas franquistas tomaran Santander

Tras el asesinato de su marido, Luciano Malumbres, se había hecho cargo del periódico La Región dando voz a los trabajadores más desprotegidos

A través de su actividad política y de sus artículos en la prensa reclamó los derechos de las mujeres y defendió una igualdad en el ámbito laboral y cultural


Matilde Zapata nació en Sevilla, en 1906, y era una niña cuando su familia se instaló en Santander. Su padre encontró un trabajo como conserje en la Escuela Náutica y empaquetó vida y obligaciones en un tren camino del norte. Santander, a comienzos del siglo XX, era la ciudad del sanatorio del doctor Madrazo, de la Escuela Normal de Maestras donde se graduó Consuelo Berges; la playa de provincias que María Blanchard cambió por París, la ciudad aristocrática de Concha Espina, la ciudad obrera que esperaba a Luciano Malumbres, el paisaje urbano que miraba, desde Cueto, Matilde Camus cuando abría el cuaderno de sus primeros poemas.

En el centro de la vida de Matilde Zapata siempre hubo política. Cuando todavía era una niña se afilió al PSOE y llegó a ser presidenta del Grupo Infantil de la organización en Santander. De ahí pasó a las Juventudes Socialistas. A juzgar por todo lo que ocurrió después, nunca ignoró que tomar partido en un país que se encaminaba a la guerra tenía consecuencias. Por eso el destino siempre la encontró de pie.

La proclamación de la II República en abril de 1931 cambió el escenario y la vida de Matilde Zapata, que como tantos otros empezó a pensar que había otro futuro posible. Después de una década de dictadura, la izquierda se ponía al frente del país para abordar reformas que habían sido postergadas durante demasiado tiempo. Matilde Zapata, desde su lugar en la historia, se dedicó al trabajo de hacer realidad lo que hasta entonces solo había sido utopía.

En La Región

Santander estaba lejos del ojo de huracán de los acontecimientos, pero como un corazón que late y reparte la sangre por todos los miembros del cuerpo, el torrente de la historia arrastraba al país entero, desde el centro a la periferia. En cada ciudad española, durante los años treinta, latía una pulsión de cambio y una pulsión contraria de resistencia; en cada ciudad se abría un camino que conducía al futuro y otro que llevaba a la destrucción. El país respiraba el mismo aire, avanzaba y retrocedía al mismo paso. En cada ciudad se libraba un combate de agitación, propaganda, contrarreacción y política.

En el ambiente izquierdista de Santander todo el mundo conocía el periódico La Región. Su director, Luciano Malumbres, lo definía como "una barricada viva contra la reacción santanderina". Zapata y Malumbres se conocieron durante los albores de la República. Se casaron. Compartían ideas y un proyecto común que se sostenía sobre la línea editorial de La Región: visibilizar el movimiento obrero de la ciudad, dar voz a los que nunca habían tenido voz y denunciar la impunidad de los grandes empresarios. 

Matilde Zapata se convirtió en una de las principales colaboradoras del periódico. A través de sus artículos reclamó los derechos de las mujeres y defendió una igualdad efectiva en el ámbito laboral y cultural. Sus escritos en La Región y su trabajo -silencioso y silenciado durante años- en el Partido Socialista, la convirtieron en un arquetipo de la mujer izquierdista, libre, culta y luchadora.

En 1933 la derecha ganó las elecciones y se hizo con el Gobierno del país. Se abrió un periodo de contrarreforma y leyes derogadas. Las ocho páginas de La Región se convirtieron en un lugar todavía más incómodo para los que no estaban acostumbrados a escuchar reproches de quienes hasta entonces habían trabajado a su servicio sin abrir la boca. Zapata y Malumbres empezaron a transitar un terreno peligroso.

El país zozobraba hacia el conflicto violento y, en febrero de 1936, cuando el Frente Popular gana las elecciones, la ruptura comenzó a hacerse evidente. La tensión se acumulaba en las instituciones, en los cuarteles militares, en las páginas de los periódicos. Al hogar de Zapata y Malumbres comenzaron a llegar amenazas de muerte. El matrimonio se mantuvo firme. La Región se publicó puntualmente, y puntualmente siguió denunciando las prácticas de los terratenientes agrarios y la burguesía santanderina, la miseria de los trabajadores y los ganaderos.

Zapata conoció a su marido, Luciano Malumbres, durante la II República. Malumbres dirigía el periódico La Región, donde Zapata publicó sus primeros artículos en prensa. En ellos reclamó un papel más activo de la mujer en la sociedad y reclamó la igualdad de derechos.

Zapata conoció a su marido, Luciano Malumbres, durante la II República. Malumbres dirigía el periódico La Región, donde Zapata publicó sus primeros artículos en prensa. En ellos reclamó un papel más activo de la mujer en la sociedad y reclamó la igualdad de derechos.

Hasta que alguien decidió que Luciano Malumbres se había convertido en una voz demasiado incómoda. El asesinato se planea desde Madrid. Un pistolero experimentado es enviado para poner fin a La Región y a Malumbres. La historia recoge un nombre: Amadeo Pico Rodríguez, militante de Falange. El 3 de junio de 1936, en el bar La Zanguina, Amadeo Pico dispara dos veces sobre Luciano Malumbres, que se encuentra jugando una partida de dominó con unos amigos. El periodista es trasladado a la Casa de Socorro y, posteriormente, al hospital de Valdecilla, donde lo operan dos veces. El asesino se da a la fuga, pero es acorralado por un grupo de obreros y termina muerto de un disparo.

La noche se echa encima de Luciano Malumbres, que muere a la mañana siguiente. La noticia del atentando ocupa la primera página de La Región. Matilde Zapata se ha encargado de ello. Mientras su marido agoniza en el hospital, Zapata dirige la noche más larga en la redacción del periódico. Y envía un mensaje a los asesinos: La Región seguirá adelante.

Durante todo el mes de junio el periódico no dejó de publicarse un solo día. Zapata se convirtió en la directora oficiosa del medio. Compaginó el cargo con su trabajo de auxiliar en la Biblioteca Municipal de Santander. Desde las páginas de La Región investigó la muerte de su marido, señaló a los responsables, denunció la impunidad y continuó ejerciendo de portavoz de los trabajadores. Mantuvo vivo el legado de Malumbres, sin miedo a los asesinos.

En la guerra

El 18 de julio de 1936 comenzó la Guerra Civil. En el Santander republicano La Región siguió imprimiéndose a pesar de las dificultades propias de la situación. El Gobierno del Frente Popular se negó a dar un trato preferente al periódico que dirigía Zapata, equiparándolo al resto de medios locales. Las noticias que llegaban desde el frente resultaban desalentadoras: la República cedía posiciones y las tropas sublevadas se acercaban a Santander. En 1937 Matilde Zapata abandonó el Partido Socialista, se afilió al Partido Comunista y radicalizó la línea editorial de La Región.

Ni La Región ni el Santander republicano ni Matilde Zapata sobrevivieron a la guerra. El periódico publicó su último número el 29 de junio de 1937. El 14 de agosto el general Varela comenzó la ofensiva sobre Cantabria bombardeando Reinosa y Mataporquera. Las defensas apenas resistieron. El 24 de agosto el ejército sublevado ocupó Torrelavega y el general Gamir Uribarri, responsable del republicano en Cantabria, ordenó la evacuación de Santander.

Matilde Zapata se encontraba entre los cientos de personas que marcharon hacia Asturias. El 26 de agosto las tropas de Varela entraron en la capital cántabra. En los días posteriores detuvieron a 17.000 personas. El 17 de septiembre, el ejército franquista ocupó Tresviso, la última localidad cántabra controlada por la República.

La periodista siguió realizando labores de propaganda en Asturias, alentando a la resistencia frente a un enemigo que continuaba avanzando. La situación no tardó en hacerse insostenible y, a principios de 1938, Zapata embarcó rumbo a Francia, camino del exilio, pero fue detenida por la flota franquista. La condujeron de vuelta a Santander, donde fue sometida a un Consejo de Guerra. Se la acusó de apoyar la causa marxista y de arengar a las masas. Le impusieron dos condenas de muerte. Zapata, sin perder la calma, le dijo al juez que se guardara una de las condenas para sí mismo, porque algún día podría llegar a necesitarla.

Pasó sus últimos días de vida en una cárcel para mujeres improvisada en el Grupo Escolar Ramón Pelayo. Le afeitaron la cabeza, como al resto de reclusas, y la encerraron a esperar la muerte. Cuarenta mujeres fueron ejecutadas en Cantabria por los vencedores de la guerra entre 1937 y 1942. Matilde Zapata fue conducida al cementerio de Ciriego en la madrugada del 28 de mayo de 1938. La fusilaron al amanecer. Seis hombres murieron con ella. Tenía 32 años.

Durante un tiempo corrió el rumor de que había sido ejecutada mediante garrote vil en la prisión provincial. Su memoria no se apagó con su muerte. Pocos republicanos sobrevivieron a la depuración que siguió a la toma de Cantabria, pero entre los que lo hicieron se mantuvo el recuerdo de una mujer de convicciones firmes a la que el destino encontró siempre de pie, como aquella noche interminable en la que cargó con un periódico a la espalda mientras su marido agonizaba en Valdecilla por los disparos de un pistolero fascista. Sus restos siguen enterrados en una de las nueve fosas comunes del cementerio de Ciriego, junto a otras 835 personas ejecutadas por el ejército franquista en los años posteriores a la caída de Santander.

Zapata fue detenida en Asturias en 1938, y sometida a un Consejo de Guerra en Santander. Murió fusilada el 28 de mayo de ese año. Sus restos mortales están enterrados en una de las nueve fosas comunes del cementerio de Cirieigo, que albergan a otros 835 ejecutados por la dictadura franquista.

Zapata fue detenida en Asturias en 1938 y sometida a un Consejo de Guerra en Santander. Murió fusilada el 28 de mayo de ese año. Sus restos mortales están enterrados en una de las nueve fosas comunes del cementerio de Ciriego, que albergan a otros 835 ejecutados por la dictadura franquista.

Los estudiantes del Ciclo Formativo de Técnico Superior en Ilustración de la Escuela de Arte número 1 de Puente San Miguel son los encargados de retratar, a través de distintas técnicas pictóricas, a figuras reconocidas en distintos campos dentro de la sección 'Cantabros con Historia'. En este caso, el trabajo de ilustración es obra de Sara Fuentes.

 
 

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