¿Quién va ganando?

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¿Quién va ganando?

Para tener respuestas correctas, lo primero que tenemos que hacer es tener las preguntas ajustadas. Las luchas socio-políticas son procesos complejos, y en el caso del Estado español, especialmente.

Desde el inicio de la “Transición”, proceso para instaurar lo que se viene a llamar “Régimen del 78” y que se pone en marcha tras la muerte de Franco, aunque en la parte de su planificación bastante antes, se configuran movimientos en algunos casos de gran importancia cuantitativa y cualitativa en contra de ésta y a favor de lo que por aquel entonces se denominaba “la ruptura democrática”.

Esos movimientos tuvieron su expresión más importante en Euskal Herria y bastante notoriedad también en Galicia. En otros territorios del Estado, por diversas razones, los movimientos rupturistas con el franquismo durante la Transición tuvieron una relevancia mucho menor. Entre esas razones, una fundamental fue que una parte de las fuerzas de la oposición al Franquismo asumieron la estrategia que llevó adelante la reforma política de ese Régimen y la puesta en marcha de la Segunda Restauración Borbónica, tal como el Franquismo la había diseñado.

Esa ausencia de movimientos socio-políticos rupturistas fue especialmente evidente en Madrid y el conjunto de Castilla; ello tuvo importantes repercusiones para la no-consecución de la victoria de los movimientos rupturistas de otros territorios del Estado.

El movimiento popular en Euskal Herria tuvo lo que podríamos denominar una etapa prodigiosa entre 1973 y la primavera de 1987. En Galicia la UPG y la AN-PG (embrión del BNG) supieron poner en pie también un proceso de organización y lucha de la parte más consciente del pueblo gallego.

El Régimen del 78 nunca fue asumido con entusiasmo por la ciudadanía de los pueblos del Estado español, pero sí con resignación. El rechazo de forma masiva a este estaba centrado en los territorios antes señalados.

La década de los 80 supuso el inicio de un proceso de inflexión de esta situación. Si bien la llegada del PSOE al Gobierno en 1982 generó importantes expectativas en la sociedad, estas se vieron frustradas con bastante rapidez, muy especialmente por la política de liquidación de toda la estructura productiva llevada adelante por ese Gobierno: industria, sector agrario y ganadero…, siguiendo las instrucciones de lo que hoy llamamos Unión Europea, en aquel momento Mercado Común, con el consiguiente brutal aumento del paro y la precarización social. Además el cambio formal en la posición del PSOE con respecto a la entrada en la OTAN reforzó el descrédito del Régimen.

En ese proceso de inflexión de la década de los 80 comenzaron a construirse o tuvieron un desarrollo importante fuerzas sociales y políticas en diversos pueblos del Estado, entre ellas la UPC en 1985 en Castilla, que tenían unas claras posiciones rupturistas. Para esas fuerzas la lucha de una Euskal Herria roja y verde tenía una importante referencialidad. Pero el Sistema utiliza todos los recursos para reproducir su dominación, y por supuesto no pasa por escrito sus líneas de trabajo; normalmente hay que deducirlas de los efectos de hechos que a veces no parecen tener relación alguna con ella.

El referéndum sobre la OTAN, que el Gobierno del PSOE se vio obligado a convocar y que ganó por un pequeño margen -aun así hubo territorios como Canarias, Cataluña y Euskadi donde lo perdieron-, fue un referéndum trampa. Las presiones a las que sometieron a la sociedad fueron absolutamente brutales; ello marcó un momento clave en ese proceso de inflexión.

Si hay tres personajes que encarnan de forma singular al Régimen del 78, estos son Juan Carlos I, Felipe González y Jordi Pujol. Si los contemplamos tal y como están en la actualidad, estaremos realmente viendo el verdadero estado de la Segunda Restauración.

En los últimos diez años el movimiento democrático, ya con unos claros perfiles republicanos y soberanistas, ha tomado un nuevo impulso en el que Madrid y el conjunto de Castilla están muy presentes, pero ha sido el pueblo de Cataluña el que ha jugado un papel protagónico. De alguna manera podríamos decir que su papel ha tenido ciertas similudes, salvando por supuesto muchas diferencias, al que jugó el movimiento popular en Euskal Herria en esa etapa ya comentada.

La confrontación democrática entre Cataluña Y el Régimen del 78, que tiene su expresión más simbólica en el Referéndum del 1 de octubre de 2017, es de una importancia histórica impresionante e imprescindible. Sin esa confrontación la derrota del Régimen del 78 no sería posible, pero obviamente en aquel momento no se daba la correlación de fuerzas suficientes para infringir una derrota global al Régimen del 78; eso no quiere decir que la convocatoria del 1-O y todo el proceso fuera un error, en absoluto.

Las guerras se componen de muchas batallas, en las que los resultados no se pueden evaluar como si cada una de ellas fuera la batalla final, sino en base a si los resultados de esas batallas debilitan al enemigo, especialmente desde el punto de vista estratégico. No cabe duda de que eso ha sido así.

Ni Euskal Herria sola en su momento, ni Cataluña sola ahora podrán derrotar al Estado español y su Régimen del 78. Solo con la confluencia bien coordinada del conjunto de movimientos populares del Estado, en un nuevo “Pacto de San Sebastián” ajustado a los tiempos actuales, podremos derrotar al Régimen del 78.

Desde IzCa trabajamos en esa dirección. La candidatura II-SP (Iniciativa Internacionalista – La Solidaridad entre los Pueblos) de 2009 fue una experiencia de interés en esa dirección. Hoy las cosas se deberían hacer mucho mejor en lo cuantitativo y en lo cualitativo. Cuanto antes nos pongamos a trabajar en esa dirección, antes podremos contestar al título de este editorial de forma satisfactoria.

El Régimen está cada día más debilitado y deslegitimado socialmente. Las fuerzas que de verdad queremos su cambio estamos en condiciones de ganar, pero hemos de asumir la estrategia adecuada para ello. La sentencia del juicio al Procés puede ser un buen momento para empezar a ponerla en práctica.

Izquierda Castellana, 6 de septiembre de 2019

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