El pueblo de los enfermos olvidados: “Hay meses en los que el médico ni viene”

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Existe una extensa zona de España donde puedes tirarte más de un mes sin médico, donde tardas tres cuartos de hora en llegar a las urgencias de un hospital, donde el pasado verano se recogieron hasta 120 incidencias por facultativos que no aparecieron u otras carencias sanitarias y donde lo de menos es quién da la vez. Porque -dada la despoblación- casi ya no hay a quién dársela.

Jesús Antolín, 71 años, tuvo la suerte de no estar allí cuando le pegó el infarto de miocardio.

Le pasó en 2011. Desde entonces, el agricultor toma ocho pastillas diarias para el corazón. «El infarto me dio estando en Palencia capital. Si me llega a dar aquí en el pueblo…».

El pueblo es uno más de Tierra de Campos, la comarca natural más grande de Europa, un territorio que se extiende por Palencia, Valladolid, Zamora y León.

En un lugar del mapa, en medio de una geografía de ausencias, cautivo y desarmado, resiste Arconada.

Hablamos de un pueblo que tuvo hasta 500 habitantes repartidos en tres barrios y que hoy tiene 12. De uno que tuvo carnicería, estanco, dos bares, tienda, una fragua, escuela con 35 niños, un taller de carpintería y una panadería; de uno que tuvo futuro, decimos, y hoy sólo tiene pasado.

Lo dicen los ancianos: en el último (y frío) mes de enero, el médico no apareció ni un solo día por el consultorio del pueblo.

El viaje iniciático lo hacemos subidos al Renault Laguna de Auxiliadora Delgado, trabajadora en el Centro de Desarrollo Rural de Carrión de los Condes y miembro de la plataforma Tú Haces Comarca, volcada en la dinamización del territorio.

Conduce a 50 por hora de pedanía en pedanía y entra en ellas. Va señalando emocionada las casas aquí y allá como la que te enseña Florencia.

Pero es mucho más que Florencia: hasta los nueve años, Auxiliadora vivió en Castrillejo. Desde los nueve a los 18, lo hizo en Torre de los Molinos. Luego se fue a estudiar Magisterio lejos. Regresó a los 27. En el primero de los pueblos quedan cuatro vecinos y en el segundo, otros cuatro.

Ella no se está dando cuenta, pero el tour está consistiendo en una detallada descripción de ausencias.

«Aquí había un palomar que se cayó». «Ésta es una iglesia que está cerrada todo el invierno». «Aquí había una chopera que cortaron y que ahora mismo nos estaría dando sombra».

Su marido se lo dijo un día: primero se llevaron los olmos y luego, las almas.

«Los pueblos salieron de la posguerra, poco a poco vino la bonanza, esperaban un buen futuro. Pero con el paso del tiempo todo fue abandono. Entonces nuestros padres nos educaron para irnos», comenta. «Esta gente vivió del entorno de un modo sostenible, esta comarca de cereal dio de comer a toda España tras la guerra. Queremos reivindicar que no somos paletos y que la cultura del medio rural merece la pena».

Volvemos a Arconada, donde hay tres vecinos que nos vienen con su historia.

Carmen Montero -esposa del infartado- nos cuenta la historia de su fémur. «Me lo rompí al caerme cogiendo fruta en la puerta de casa hace tres años. Jesús me llevó a Carrión, que está a 10 minutos, esperé a que me miraran y me mandaron al Hospital de Palencia, que está a más de media hora».

Teófila Bahíllo -83 años- nos cuenta la historia de su dolor de cabeza: «Si viene el médico y no hay nadie, se va sin esperar. Hay meses en que ni siquiera ha venido».

Y luego está la historia del corazón suertudo de Jesús Antolín.

No hablamos de grandes cosas. Ni tan siquiera de cosas.

La palabra en el medio rural es rexistencia.

Jesús, Teófila y Carmen, en las antiguas escuelas del pueblo.

El problema no es la España vacía, el problema es la España abarrotada

Chelo García, de la Plataforma Tú Haces Comarca

La maleza asoma por entre las grietas de la carretera como si los ancestros que antaño se dejaron los huesos hoy sacaran las uñas.

Por algo el Renault Laguna es como el DeLorean de Regreso al futuro.

Auxiliadora tira millas. «En este solar había una casa muy bonita». «En este lugar había unos molinos». «Aquí antes había una escuela».

Para reponer lo que no hay, Chelo García nos cuenta que en el Centro de Desarrollo Rural hacen cosas como recuperar semillas autóctonas, llevar comida a domicilio a 40 personas que no se valen por sí mismas o hasta revivir pueblos: Amayuelas de Abajo -que estaba muerto y enterrado- ya suma 20 vecinos.

«¿Tú sabes el coste energético que supone llevar alimentos a diario para los tres millones de habitantes de Madrid? El problema no es la España vacía, el problema es la España llena, abarrotada, la que no es sostenible».

Hablamos con Juan Rico, que es ingeniero agrícola, tiene 44 años, trabaja cultivando cereal, forraje, alfalfa, girasol o lavanda y nació y vive en Frómista (700 habitantes), a 12 kilómetros de nuestro punto de partida.

El día en que en Frómista suprimieron el segundo médico de guardia para la zona, los vecinos salieron a protestar y los de Tú Haces Comarca decidieron crear la llamada Red de Alerta Rural sanitaria, una suerte de torre vigía con la que documentan, denuncian y dan parte a la Administración de las ausencias médicas o cambios de hora sin aviso. Desde 2018 llevan registradas cerca de 350 incidencias en sólo 10 localidades.

«Todavía persiste una mirada ridícula hacia el medio rural que consiste precisamente en pensar que lo guay es vivir en la ciudad y lo cutre es quedarse a vivir en el pueblo», concluye Juan Rico.

Y cuenta la anécdota de siempre.

Ésa con la que advierte a los que amagan con irse o cogen las maletas para hacerlo.

«Es la de ese amigo que se fue a la capital diciendo que el pueblo se le quedaba pequeño. Que quería ir más al cine y apuntarse al gimnasio. Te lo encuentras al cabo del tiempo. Le preguntas por el gimnasio. ‘Uy, es que me dio pereza’. Le preguntas por el cine. ‘Uy, es que allí no tengo tiempo ninguno’. Yo digo: ‘¿Entonces para qué coño te fuiste?».

 

https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/07/25/5d309ce0fc6c837d298b45f4.html

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