No hay solución para las clases trabajadoras ni para los Pueblos del Estado en el marco del Régimen del 78.

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No hay solución para las clases trabajadoras ni para los Pueblos del Estado en el marco del Régimen del 78.

Pedro Sánchez está intentando lo que podríamos definir como la cuadratura del círculo: articular un gobierno que dando continuidad al Régimen, presente la cara “más amable” de este, con la pretensión de relegitimarlo y ofertarlo como una opción aún válida para afrontar la solución del conflicto catalán y otros conflictos territoriales.

El relato en esta cuestión es que fueron las políticas del PP, ya encabezado por Mariano Rajoy, las que consiguieron que el Estatut aprobado por el Parlament el 30 de septiembre de 2005, con entrada en vigor en el 2006, fuera recortado de forma obscena por las Cortes Generales y declarado inconstitucional por el Tribunal correspondiente.

El PP acompañó su solicitud de inconstitucionalidad del Estatut, ya aprobado y que además estuvo en vigor entre 2006 y 2010 “sin que ocurriera desastre alguno”, con una campaña de recogida de firmas y de movilizaciones, incluida una concentración en la Puerta del Sol de Madrid, en la que según los “medios oficiales” asistieron 200.000 personas (es decir, que debieron de construir al menos cuatro plantas sucesivas en la citada plaza, porque su aforo al completo no supera en ningún caso las 50.000 personas) con un claro contenido anticatalanista que incluía llamamientos explícitos al boicot de productos catalanes; esto es, todo un ejercicio de catalanofobia.

El Estado español, con el conjunto de sus instituciones al frente, abortó aquella oportunidad de dar una cierta salida a las aspiraciones del Pueblo de Cataluña y puso de manifiesto la incapacidad del Régimen del 78, además de su falta de voluntad, para avanzar en la solución de las demandas sociales y políticas de Cataluña y del conjunto de Pueblos del Estado español.

El Estado español y su Régimen del 78 es el problema, pero Pedro Sánchez pretende articular una nueva imagen de éste que genere ciertas expectativas, además de un significativo apoyo electoral en unas hipotéticas próximas elecciones.

Ya lo intentó en las elecciones generales de abril de 2019 pero la cosa le salió sólo a medias: con 123 diputados es muy difícil poner en marcha un gobierno que genere ciertas expectativas en un situación política y social tan compleja, no solo en el Estado español si no a nivel europeo y mundial.

Su estrategia en relación con el proceso de   investidura ha puesto  claramente de manifiesto el poco entusiasmo porque este proceso se resuelva ahora con su nombramiento como Presidente. Más bien se deduce que está interesado en una convocatoria de elecciones anticipadas para noviembre, en las cuales según los actuales sondeos demoscópicos tendría unos resultados significativamente mejores que los actuales. Parece ser que es su opción favorita, pero tiene el problema de que quien aparezca como responsable principal del adelanto electoral, presumiblemente pagará un alto coste político y por tanto electoral.

Estamos pues en una dura lucha por el relato, en el que nadie quiere aparecer como culpable del “no acuerdo”.

Pero es obvio que el acuerdo que le puede interesar a Pedro Sánchez será difícil de asumir para Pablo Iglesias y el que le puede interesar a Pablo Iglesias es inadmisible para el PSOE, y esto va a funcionar así mas allá de lo que ocurra este jueves.

Porque sintiéndolo de veras -ya nos gustaría que fuera así- lo que está en cuestión no es la formación de un gobierno de izquierdas. Tal cosa no está en las previsiones de Pedro Sánchez, pero tampoco en las de Pablo Iglesias. Lo que esta en cuestión es la formación de un gobierno de “salvación del Régimen del 78”, en solitario del PSOE, o en coalición con Podemos.

Podemos presiona sin pudor alguno  por esta segunda opción porque una vez perdida una importante cuota de poder institucional es la única vía que les queda para recuperarla, al menos parcialmente, pero también es obvio que el poco capital que les queda como teórica organización de izquierdas se les irá al garete de formar parte de ese gobierno de coalición. Al márgen de las envolturas el próximo gobierno no se saldrá un ápice de las exigencias de las instituciones del actual Régimen, que ya conocemos a fondo, y además asumirá toda la políticas de recortes impuestos desde la UE y que no serán menos de 7.000 millones de euros en lo que respecta a servicios públicos y pensiones.

¿Y cuál es la posición de las fuerzas soberanistas y republicanas en el Estado Español? ERC ha votado en contra de la investidura pero ya ha comunicado que si hay acuerdo PSOE-Podemos su voto cambiaría para favorecer la formación de tal Gobierno. Bildu ya ha votado a favor de la investidura de Pedro Sánchez, tras un discurso político de su representante poco coherente con la tradición de lucha histórica de la izquierda abertzale. Junts per Cataluña ha trasladado un discurso que se corresponde con la realidad de forma absoluta: “el Estado español es el problema”.

Las ensoñaciones, las fantasías políticas, solo llevan a la derrota, a la frustración y a la melancolía. Los diagnósticos precisos no garantizan por sí solos el triunfo del movimiento popular, pero los equivocados son una plena garantía para la derrota.

En relación con la derecha española, esta está en un claro proceso de “bunkerización”, retomando la terminología de los inicios de la Transición, que no solo se expresa en el ideario político de Vox, más reaccionario que el tardo-franquismo, sino en la autentificación de Ciudadanos como partido neofranquista sin complejos y además con un estilo y una estética absolutamente ordinarios. No es difícil imaginar que cualquier veleidad, especialmente en el ámbito territorial, será contestada de forma brutal por esa derecha bunkerizada y sus apoyos institucionales y mediáticos.

Solo hay un camino real, eficaz y posible, para el avance en la solución de los problemas de las clases trabajadoras y los pueblos del Estado español: el cambio republicano, que ya está en marcha.

El movimiento comunero del siglo XXI no se va a implicar en la menor medida en apoyar a un gobierno que, en solitario o en coalición, tendrá como objetivo principal la continuidad del Régimen del 78, y que además estará condenado al fracaso a corto plazo, y que aún por encima alimentará la llegada de las derechas al gobierno.

Las cosas están ya muy claras, aunque haya quien intente generar confusión: continuidad del Régimen postfranquista o República.

 

Izquierda Castellana, 25 de julio de 2019

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