No es la investidura; es la capacidad de formar un Gobierno que pueda gobernar.

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Al final de la primavera de 2018 (31 de mayo-1 de junio), lo fundamental para Pedro Sánchez era ganar la moción de censura contra Mariano Rajoy y ser por tanto investido Presidente del Gobierno. Desde esa plataforma, tal como ocurrió en alguna medida, se trataba de ir desgranando un programa de intenciones y, a través de ese proceso, mejorar de forma sustancial la correlación de fuerzas parlamentaria para el PSOE en unas elecciones que era obvio que serían anticipadas. Así fue, pero no en la proporción suficiente; los 123 escaños del PSOE (antes 84), aun mejorando mucho la situación anterior, no dan para la formación de un Gobierno encabezado por Pedro Sánchez que tenga la fortaleza suficiente que las circunstancias aconsejan desde su punto de vista.

El problema para Sánchez, el PSOE y la fracción del bloque de poder que representan no es conseguir la investidura, cuestión esta perfectamente factible. La cuestión es ser capaces de formar un Gobierno que pueda gobernar, es decir, con los apoyos parlamentarios estables y coherentes con el programa de gobierno que Pedro Sánchez pretende llevar adelante. Programa que en sus términos generales tiene la pretensión de poner en marcha una pseudo tercera vía en el tema de los derechos políticos democráticos -Soberanía y república-; mantener la línea de recortes en servicios públicos y sociales, incluyendo la revisión sustancial del sistema de pensiones, pero todo ello hecho de una forma más ordenada de como lo hacía el PP y con una presentación a la opinión pública más edulcorada, es decir, tensionando lo menos posible a la sociedad con sus políticas en las diversas áreas. Pero saben que esto, sobre la base de una investidura de apoyos heterogéneos, no es suficiente. La necesidad de conseguir el apoyo de una fuerza como Ciudadanos se hace estratégicamente imprescindible en esa perspectiva.

Así deben entenderse todas las maniobras para debilitar a Albert Rivera, personaje que se ha convertido en el principal impedimento para que Ciudadanos juegue ese papel estratégico complementario al PSOE y a esa fracción del Régimen del 78 a la que Pedro Sánchez pone cara; Ciudadanos se considera imprescindible para darle continuidad al menos durante un tiempo.

Pedro Sánchez no va a hacer concesiones significativas a Unidas Podemos porque estos no tienen casi nada que ofrecer, a parte de sus 42 diputad@s actuales. En Ferraz ya saben que si la solución fuera la investidura sin más, tendrían asegurados los votos de UP; pero a partir de ahí no les tienen otras utilidades, y menos después de los resultados electorales en Grecia. Podemos no tiene ya capacidad para frenar los movimientos populares como tuvo en alguna medida al principio de su existencia, ni tienen tampoco la capacidad de paralizar al movimiento soberanista republicano catalán, tal como también intentaron en sus primeros tiempos. Parece que cada día que pasa Pedro Sánchez y sus asesores están en la línea de convocar elecciones anticipadas para noviembre. Desde su punto de vista no les falta razón. Tienen la experiencia de un Gobierno que no ha podido gobernar y eso no tuvo mayor importancia porque en 2018 la intención era la de estar en el gobierno fundamentalmente con una finalidad publicitaria. Pero el nuevo gobierno tendrá que gobernar, y eso es lo que está difícil con la actual correlación de fuerzas parlamentaria.

Convocar elecciones en noviembre, con la expectativa de mejorar significativamente los resultados, va a ser un elemento de desgaste importante para el Régimen del 78; poner un Gobierno en marcha incapaz de llevar un programa propio adelante seguramente sería una situación de desgaste aún mayor. Tienen que elegir entre Guatemala y Guatepeor y ello porque el Régimen del 78 no da más de sí.

Pero aún puede surgir una situación más caótica o cómica, según la definición que prefiramos para definirla: que Pedro Sánchez salga investido Presidente del Gobierno en contra de su auténtica voluntad el 25 de julio si obtiene más votos a favor de su investidura como Presidente que en contra; la aritmética parlamentaria da para ello. Ese quizás fuera el peor escenario para el Presidente del Gobierno en funciones.

IzCa, 8 de julio de 2019

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