La Molinera cierra su primer año de “resistencia” con más de cien actividades y mil participantes

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“Ladran, luego cabalgamos”, con este dicho resumen desde La Molinera su “resistencia ante las adversidades” en este primer aniversario. “Inmediatamente aparecieron críticas desde los sectores más derechizados de la sociedad al proyecto, tanto desde el Ayuntamiento como desde algunos medios de comunicación”, han denunciado en la rueda de prensa con la que este mediodía han hecho balance de su primer año de ocupación del abandonado hotel del lujo Marqués de la Ensenada en el histórico edificio de la antigua fábrica de harinas La Perla de Castilla. Durante la comparecencia, sus portavoces han estado flanqueados por decenas de militantes de diversos colectivos sosteniendo los carteles de las actividades que han realizado este año en el centro social.

Reivindican “la legitimidad, la coherencia y la utilidad social de lo que estamos haciendo en este edificio”, asegurando que han cumplido buena parte de sus propósitos: “Protección de todos los bienes muebles y del espacio, impidiendo que este se degradase más; acondicionamiento del espacio, con una limpieza integral y la retirada de cientos de kilos de basura; consecución de la soberanía energética con las aportaciones solidarias de un gran número de personas, logrando así que el abastecimiento eléctrico que se emplea en el edificio sea limpio y se genere dentro del mismo; acogida de un centenar largo de actividades culturales, políticas y sociales de todo tipo en apenas un año, en el que no se ha parado en ningún momento”, incluyendo teatro, poesía, conciertos, charlas, comidas, encuentros, proyecciones, reuniones, debates, grupo de consumo ecológico, talleres, juegos de rol en vivo, performances o actividades deportivas, habiendo superado el millar de participantes entre todas ellas.

Hacen también autocrítica, guardando en el debe aspectos como tener abierto el espacio cada día, aumentar el número de actividades o poner en marcha proyectos de carácter permanente: “Hay que seguir involucrándose en el barrio, más aún de lo que ya hemos hecho”, reconocen buscando ser una “verdadera Casa del Pueblo” y comprometiéndose a “seguir trabajando y mejorando”, invitando al vecindario de los barrios colindantes a “arrimar el hombro y a compartir con nosotras esta experiencia”.

El proyecto de La Molinera es en lo político una respuesta al “capitalismo más despiadado y voraz” que entienden este inmueble simboliza, sintiéndose además “herederas de una larga tradición de luchas en esta ciudad”. Subrayan su “reconocimiento para esas generaciones de mujeres y hombres que nunca se arrugaron ante la adversidad y cuyos nombres propios decorarán progresivamente el interior del edificio”, como Garrote Tebar, Modesta Vázquez, Valeriano Orobón, Natividad Yarza, Avelino Mata o Doris Benegas. “Con humildad, pero también con orgullo, creemos que es justo decir que desde aquí estamos contribuyendo a transformar Valladolid en un lugar mejor”, se despidieron ante la fachada lateral del edificio donde hace un año anunciaron el inicio de la historia del centro social ocupado de Valladolid.


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