La mirada crítica y plural del documental ‘¡Folk!’ a la maltratada música tradicional

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Parte del equipo técnico del documental: Miguel Sánchez González, Pedro del Río, Pablo García Sanz, Jaime Alonso de Linaje, Víctor Hugo Martín. FOTO: Jorge Ovelleiro
Parte del equipo técnico del documental: Miguel Sánchez González, Pedro del Río, Pablo García Sanz, Jaime Alonso de Linaje, Víctor Hugo Martín. FOTO: Jorge Ovelleiro

Durante el último año ‘¡Folk! Una mirada a la música tradicional’ ha sido todo un fenómeno, objeto incluso de debate en esta escena musical, reflejando con voces tan autorizadas como las de Joaquín Díaz, Eliseo Parra, Vanesa Muela, Mayalde o El Naán, incluso el propio Agapito Marazuela, la situación de este arte “maltratado y llevado por un callejón que convertía Castilla y León a nivel de identidad musical en jotas y poco más”, como reflexiona el vallisoletano Carlos Soto.

El premiado filme, rodado íntegramente en la Comunidad, se podrá ver todos los lunes de mayo en los cines Broadway de Valladolid en dos sesiones, a las 18:30 y las 21:00, siendo ayer las dos primeras. Pablo García Sanz señalaba antes de la proyección que esta pieza es “una pequeña parte de la cultura de nuestra Comunidad” que sin duda es “parte de nuestro patrimonio”, en muchas ocasiones desconocido. “También son desconocidas todas las personas, hombres y mujeres, que día a día luchan por conservar, mantener y recopilar nuestras músicas tradicionales”, quiso reconocer el director.

Más allá de los grandes nombres que ofrecen su arte y reflexiones para este documental, el gran referente al que se reconoce desde el primer minuto es Agapito Marazuela (Valverde del Majano 1891 – Segovia 1983), represaliado del franquismo y la Guerra Civil, quizás el más importante folclorista castellano. Recuperando su imagen y su dulzaina, en primera persona reconoce cómo se “encariñó” con las canciones populares desde los 5 años, guardándolas en su “archivo” que era su memoria, para luego transcribirla y salvar del rodillo de la desmemoria gran parte del patrimonio cultural de su tierra.

El documental recoge diversas piezas enlazando diferentes interpretaciones, desde las más fieles a cómo se recogieron hace décadas en voz y toque, sobre todo de mujeres, a las revisiones más o menos innovadoras de grupos actuales. “¿Qué es preservar la tradición?”, se preguntan desde el grupo zamorano Ringorrango, adentrándose en uno de los debates de mayor vigencia, cómo afrontar la revisión y fusión de estas músicas tradicionales. “Está muy bien siempre y cuando conozcas la raíz” reflexiona Vanesa Muela, cantante y percusionista de Laguna de Duero, idea que apoya Aleix Tobías del grupo catalán Coetus, alertando del peligro de “confusión en vez de fusión”. Otras voces, como la del etnomusicólogo Miguel Manzano, directamente no ven cabida para ciertos instrumentos modernos, apostando por ser lo más fiel posible a la tradición recopilada y su contexto. No obstante, también se toca la pertinencia de revisar y “tirar a la basura” ciertos aspectos de este legado, como el machismo inherente a la sociedad que estas canciones retratan, como destaca el periodista Gonzalo Pérez Trascasa.

“Hay que evitar que la modernidad acabe con nuestro patrimonio”, asegura Joaquín Díaz, uno de los más destacados folcloristas contemporáneos, tratando los peligros de la globalización adquiriendo “una cultura que nada tiene que ver con la nuestra”. Y no solo desde otros países, por ejemplo “haciendo el más absoluto de los ridículos vistiendo Castilla de faralaes” mientras se olvidan y desprecian los bailes y ritos de esta tierra, según apostilla el folclorista Paco Díez. Eusebio, del grupo Mayalde, con su particular vehemencia y pasión por los saberes populares, defiende en este documental, como en cada concierto, el valor y la necesidad de agradecer a nuestros antepasados la herencia de los cantos de trabajo, la creación de música con los aperos más humildes como unas tijeras de esquilar o un plato y una cuchara. Recoge también una de las preguntas que mucha gente joven se hace tras ver sus espectáculos: “¿Por qué nadie me había contado esto?”, una de tantas cuestiones que el documental deja para la reflexión.

Cabe entonces cuestionarse por qué el folclore castellano y leonés tiene un aire rancio para el gran público, mientras que en comunidades con una fuerte carga identitaria como Galicia, Euskadi o Cataluña éste se valora, preserva y reproduce generación tras generación. Reflexiona Carlos Soto en el documental sobre la denominación de rock celta que endosaron a Celtas Cortos, aunque gran parte de sus fundadores venían de la música folk, advirtiéndoles desde la discográfica de que “a esto no lo llames folk porque inmediatamente no va a venir nadie a verlo”, apostando por acabar con este estigma.

Pablo García Sanz y Pedro del Río, director y guionista respectivamente. FOTO: Jorge Ovelleiro
Pablo García Sanz y Pedro del Río, director y guionista respectivamente. FOTO: Jorge Ovelleiro

Desde Tabanera de Cerrato, el grupo El Naán analiza algunos de los porqués de esta “especie de complejo” que existe entorno a este arte, defendiendo que “no se supo valorar porque valorar la música tradicional es valorar esas formas de vida, es la pobreza, es el humo, es el barro en las calles, es la realidad, es más bonito identificarse con la catedral de Burgos, con un pasado más esplendoroso”, explica Carlos Herrero. Diego Galaz, productor y músico del dúo Fetén Fetén, destaca la vocación de convivencia que subyace en esta cultural frente a un “patriotismo malentendido”, subrayando además el valor musical de estas piezas con “ritmos difíciles que te hacían pensar” con una gran complejidad en cuanto a melodías y compases de amalgama frente al imperante y manido cuatro por cuatro.

Mientras éstos y otros vericuetos se van desenvolviendo, en ‘¡Folk! Una mirada a la música tradicional’ subyace un argumentado tirón de orejas a las instituciones por consentir y perpetuar esta situación: “Si hay dinero para arreglar cualquier monumento de Castilla y León tiene que haber dinero, o por lo menos intención política, para mantener este otro patrimonio intangible, tiene que ir de la mano”, reivindica Jaime Lafuente, coguinista de ‘¡Folk!’. Además de esta reclamación, también se apuesta por un papel más comprometido de los medios de comunicación con este arte más allá de sus propios intereses mercantiles.

Al menos los responsables de este documental y sus protagonistas no se resignan, visibilizándose un sobresaliente plantel de artistas y folcloristas que no cejan en su empeño por mantener vivas estas canciones, estos ritmos y estos saberes. En un momento en el que la defensa del mundo rural está de absoluta vigencia, la música tradicional es la banda sonora de la España vaciada, las canciones que tocaba una mujer pandereta en mano, sin micrófonos ni altavoces, y hacían bailar a un pueblo entero o las que compartían al calor de la lumbre, sin radio ni tele, haciendo arte de los aperos más humildes como las cucharas, las sartenes o los morteros.

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