La indigencia política, moral e intelectual del actual bloque dominante español.

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La indigencia política, moral e intelectual del actual bloque dominante español

Hace unas semanas el presidente progresista, democráticamente elegido de México -López Obrador- en unas declaraciones públicas, suficientemente contextualizadas, hacía un llamamiento para que el actual rey de España y el actual Jefe de la Iglesia Católica hicieran una reflexión pública, autocrítica, sobre los abusos cometidos en el proceso de colonización de América en general y de México en particular. Cuando hacía esta solicitud no planteaba eludir otras responsabilidades en ese proceso, sino que planteaba tales cuestiones encaminadas a potenciar la construcción de un relato común desde una perspectiva progresista de esa parte de la historia que atañe a los Pueblos del continente americano, de la Península ibérica y desde luego a la Iglesia Católica.

La reacción de los portavoces del actual Estado español, desde la vicepresidenta Carmen Calvo, pasando por los partidos de la derecha clásica, pero muy especialmente los principales representantes del poder mediático al servicio del Régimen de la monarquía borbónica, ha sido de vergüenza ajena: “Felipe VI no tiene que pedir perdón por nada”; con estas palabras de la señora Calvo se expresa de forma brutal las características del actual poder español –cada vez más debilitado pero con clara voluntad de permanecer cueste lo que cueste-. Desgraciadamente esa afirmación es plenamente coherente con el entramado jurídico-político que blinda al Régimen monárquico en la Constitución de 1978, que impide que cualquiera de las fechorías cometidas por los Borbones sea ni tan siquiera investigada. Es obvio que no está el horno para bollos y según la perspectiva de “los mandatarios” hacer cualquier concesión en el relato es una vía abierta que puede conducir al final de la Institución y su Régimen.

Desde la perspectiva de Castilla, la Castilla comunera, realizar una reflexión seria sobre el proceso de conquista de América, cuestión que por otra parte viene haciéndose prácticamente desde el inicio de tal proceso, es de un gran interés. Los más “listos de la clase”, asumiendo una vez más el estereotipo de “ignorante gracioso” han señalado que los hechos sobre los que se plantea hacer una reflexión, como ocurrieron hace más de quinientos años, son completamente extemporáneos. Esos son los mismos que están sin embargo interesadísimos en la batalla de las Navas de Tolosa (que por supuesto es del máximo interés) y que ocurrió más de trescientos años antes que los hechos a los que se refiere López Obrador. Son los mismos que se oponen de una u otra forma a la recuperación de la memoria histórica de la lucha republicana y antifascista o de dar digno enterramiento a las decenas de miles de víctimas de la represión franquista arrojadas a las cunetas.

No es un problema de oportunidad histórica, es un problema de oportunismo político y ético.

Como decíamos, para la Castilla Comunera es del máximo interés hacer el ejercicio intelectual y ético que demanda el actual Presidente de México. Creemos que es muy necesario hacer una breve contextualización histórica para enmarcar aquellos hechos.

La conquista de Mesoamérica, territorio en el que se asienta actualmente México, se hará en base a un proceso de guerra contra los Pueblos que vivían en él, especialmente contra el azteca, pueblo que tenía su propia civilización, organización social y política… muy tempranamente Fray Bartolomé de las Casas, que en su biografía tuvo oportunidad de ver los hechos desde las diferentes perspectivas, primero como miembro del ejército invasor y después como defensor de los indios y obispo de Chiapas, denunció las crueldades que se cometían con la población indígena. Denuncias que consiguieron crear un clima lo suficientemente adecuado para que se llevará adelante la llamada Controversia de Valladolid, en la que se confrontaron dos visiones sobre los límites que debía de tener ese proceso de colonización en base al reconocimiento o no de los derechos sociales y políticos de los Pueblos autóctonos.

Que sepamos, no ha habido nada similar a la Controversia de Valladolid en ningún otro proceso de colonización llevado adelante por otras naciones europeas; y eso obviamente es una referencia de interés para l@s que nos consideramos hereder@s del movimiento progresista castellano, que sufrió su propia intervención imperialista en el mismo momento histórico que Mesoamerica.

Mientras Hernán Cortés conquistaba Mesoamérica al mando de las tropas imperiales de Carlos V, esas tropas imperiales mandadas por Adriano de Utrech combatían en Castilla contra la Revolución Comunera. Es muy necesario señalar que la llegada a América, aunque la pretensión de Cristóbal Colón era la de alcanzar las Indias y China, se hace bajo pabellón castellano, no español. España como entidad política no existía en ese momento histórico, pero la mayor parte del proceso de colonización posterior se hace bajo el dominio de los Austrias, empezando por Carlos V, que impulsa lo que podemos denominar la primera globalización imperial capitalista en su fase mercantil.

La Castilla imperialista, hegemónica, una vez derrotada la Revolución Comunera que defendía un proyecto soberano en lo político y autocentrado en lo económico, juega un papel significado en la construcción del Imperio que tiene efectos cada vez más nefastos para Castilla.

El 12 de octubre de 1492 se sitúa el llamado descubrimiento de América; pocos meses antes, el 2 de enero de 1492 había finalizado la conquista del reino Nazarí de Granada por las tropas castellanas y aragonesas, último territorio institucionalizado -emirato- musulmán en la Península ibérica. La opinión pública de la época, según recoge J. N. Hillgarth en su magnífica obra “Los reinos hispánicos”, consideró como una cuestión mucho más trascendente la finalización de “la reconquista de los territorios musulmanes en la Península ibérica” que el llamado “descubrimiento de América”. No es difícil imaginar que para el sector de la población más implicado en la guerra contra el Reino nazarí de Granada, que duró diez años, el descubrimiento de territorios transoceánicos sobre los que se obtuvieron derechos de conquista, otorgados por el Papado -y en los que tras la primera decepción al comprobar que estos no se correspondían con la India ni China ni se había conseguido establecer una nueva ruta de la seda y de las especias, pero que tenían cantidades inmensas de oro y plata, además de otras riquezas, tal como se comprobó muy poco tiempo después, y cuya capacidad de resistencia militar era muy inferior a la de los musulmanes- atraería a miles de aventureros en busca de posesiones y riqueza, tal como fue, y que la apropiación de estas riquezas y territorios no se hizo con un trato respetuoso para la población indígena, aunque el teórico motivo principal de “la Conquista” fuera la evangelización del “Nuevo Mundo”.

Es posible que otros procesos de colonización hayan sido aún mas brutales de lo acontecido en Latinoamérica y el Caribe, pero ello no borra los crímenes cometidos en esos procesos de colonización, tal como señalo Fray Bartolomé de las Casas desde momentos muy iniciales.

A los que estamos de verdad por colaborar en la construcción de un espacio político y cultural Latinoamericano y caribeño, cuestión en la que viene trabajando el Foro de São Paulo, impulsado por Fidel Castro y Lula en los años 90 del pasado siglo, nos parece completamente oportuna la demanda de López Obrador. No esperamos que Felipe VI atienda a esa demanda; tal solicitud es como echar flores a los cerdos. Si no ha pedido disculpas por su discurso del 3 de octubre de 2017 sobre Cataluña, alabando la represión sobre el Pueblo catalán, no podemos esperar de la pareja Leticia-Felipe una sensibilidad mayor hacia los crímenes cometidos en la colonización de América. Es, como decimos, echar flores a los cerdos, con perdón de los cerdos.

Izquierda Castellana

Castilla, a 2 de abril de 2019

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