Urgencias de Atención Primaria de Aranda, por primera vez sin médicos de guardia

Comparte este artículo:

Es la primera puerta que se encuentra una persona enferma ante una urgencia, pero ayer allí no había ningún médico. El Servicio de Urgencias de Atención Primaria de Aranda de Duero (SUAP) quedó ayer sin personal médico desde las tres de la tarde hasta las ocho de la mañana de hoy. Solo había una celadora y dos enfermeras. «Es algo que no había pasado nunca», advierte, Eva Asensio, la coordinadora de atención primaria en el ambulatorio Sur, inquieta «porque esto puede volver a pasar».

La noticia llegó ayer al centro de salud a las 15 horas y tras el impacto inicial no quedó otra: había que tomar medidas. Según explica, se acordó valorar primero a los pacientes para ver quién podía esperar a ser atendido hoy: los que requiriesen un médico serían derivados al hospital o al pediatra del centro de salud.

La solución, sin embargo, no convence al servicio de Urgencias del hospital Santos Reyes, que se enfrentó ayer a una dura jornada en un departamento que lleva demasiado tiempo en precario.

El director de la unidad de Urgencias, Javier Hernández, lo tiene muy claro: ante la falta de personal, a día de hoy, sólo hay dos soluciones, «reestructurar» los servicios con medidas como derivar a uno de los dos médicos del centro de Roa al Suap de Aranda, donde la actividad es mucho más intensa, y «apechugar». «Nosotros hemos estado con 7 de los 10 médicos de baja durante quince días, y no nos hemos quedado nunca sin médicos», reprocha al recordar que mientras los médicos de Atención Primaria trabajan de lunes a viernes -más las tres guardias del Suap que están obligados a hacer al mes-, mientras que ellos están mañanas, tardes, noches, fines de semana, navidades… «La mayor parte de la carga asistencial de la noche llega al Santos Reyes y no al Suap», subraya preocupado por una plantilla que no da más de sí.

El goteo de despedidas es constante. De los diez médicos con los que cuentan en plantilla, solo hay operativos en este momento seis, ya que tres están de baja y otro se fue el 1 de marzo. «Ya me ha advertido otro que si continúa la sobrecarga se irá también en mayo», adelanta a este periódico, a sabiendas de que de los que están de baja, solo se prevé la incorporación próxima de uno de ellos.

Con este panorama, la tensión se palpa en el ambiente. «Como jefe de servicio todavía no he podido disfrutar las vacaciones de 2018; pensaba cogérmelas ahora en abril pero con esto de atención primaria, veremos», lamenta convencido de que de seguir así, «la gente se seguirá yendo. Yo llevo aquí 19 años y ya hasta me lo planteo yo».

Hernández insiste en su llamamiento a la atención primaria. «Tienen que dar una atención continuada, y no están asumiendo esa responsabilidad», zanja. En su opinión, dada la sobrecarga actual, hay que repartir más que nunca la tarea. «Aquí lo lógico es que lleguen las urgencias graves y críticas; el resto debería verse en atención primaria».

Bajo su punto de vista, la solución que en una reunión propuso el nuevo gerente de atención primaria (y ex gerente del hospital Santos Reyes), Santiago Rodríguez, para derivar a los dos médicos del Suap al hospital Santos Reyes, para unificar las urgencias, no es factible. «No hay espacio», rechaza.

Soluciones

Aunque todos coinciden en que la lucha contra la fuga de especialistas y la falta de médicos no tiene una única solución ni responde a un solo motivo, el jefe de Urgencias apunta como posible remedio, establecer una estrategia que lejos de la mala gestión de los últimos años, facilite el acceso a la formación universitaria; garantice una periodicidad en los concursos de traslados y recupere la docencia en el hospital ribereño. «Aquí se vive bien», anima con el deseo de que el futuro sea más esperanzador para todos.

Lo cierto es que la situación es límite en Urgencias y en el Suap. Según detalla la coordinadora del ambulatorio Sur, Eva Asensio, tras la marcha de otros dos profesionales, en diciembre, solo quedan tres de los nueve médicos que debía haber en el servicio de urgencias. Lo mismo ocurre en Rural, donde hay cuatro de nueve. «Las cuentas no salen», advierte.

Si en algo coinciden todos es en la importancia de que los ciudadanos hagan un uso responsable de ambos servicios. «Aquí debería llegar lo más grave pero llega de todo», lamenta el jefe de Urgencias del Santos Reyes, consternado porque el colapso no solo afecta al enfermo que espera durante horas en una sala; también perjudica la calidad laboral del equipo médico y enfermero. «El desfile de compañeros que llevan aquí años es continuo y no sé cómo acabará esto», termina.

Comparte este artículo: