Como siempre, en el Régimen del 78 la Corona vuelve a marcar las líneas rojas

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Como siempre, en el Régimen del 78 la Corona vuelve a marcar las líneas rojas

Los juicios constan esencialmente de cuatro partes, una vez finalizada la instrucción e iniciada su fase oral: el interrogatorio a l@s acusad@s por las partes (Fiscalía, Abogacía del Estado, acusaciones en caso de haberlas y defensas); la prueba testifical; la prueba documental; y las conclusiones de las partes, previo derecho de l@s acusad@s a la última palabra. Después de las conclusiones de las partes, el juicio queda visto para sentencia.

El martes 26 de febrero parece que finalizará la fase de interrogatorio a l@s acusad@s. Algunos sectores de opinión sostienen la idea de que l@s acusad@s en general están saliendo muy bien parad@s de los interrogatorios y que el sostenimiento de la acusación de rebelión, o incluso de sedición, se hace ya insostenible.

Es muy cierto que las versiones bien trabadas de l@s pres@s polític@s dejan en evidencia a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado, y para nada coinciden con la tipificación del delito de rebelión o de sedición en el código penal. Pero sería un tremendo error que nos olvidáramos que estamos ante un juicio político y que la sentencia responderá a ese planteamiento de fondo. El Presidente del Tribunal está siendo exquisito en las cuestiones formales, porque tienen la convicción de que este proceso acabará en el Tribunal de Estrasburgo, pero no hay que confundir la liturgia con la teología. La liturgia son las formas y la teología es el fondo, y ya comprobaremos, desgraciadamente, como en la teología no hay avances significativos.

De momento el relato lo van ganando claramente l@s acusad@s, pero posteriormente entraremos en la fase de prueba testifical en la que declararán los servidores del Régimen, y posteriormente en la fase documental. Es muy importante recordar que en ambos casos, tanto los testigos como la prueba documental son seleccionadas por el Tribunal que juzga y que los servidores del Régimen no tienen ningún inconveniente en utilizar la mentira para dar credibilidad a sus versiones. Es seguro que el relato que salga de ambas fases va a ser sustancialmente diferente del que se ha configurado en la fase de los interrogatorios.

A pesar de todo es importante que el juicio se esté retransmitiendo por televisión. Ello permite que centenares de miles de personas puedan seguirlo; desde luego contribuye a un mejor y directo conocimiento del Procés y a alguno de sus protagonistas, y también mejora el grado de racionalidad en la opinión pública sobre el tema. Conocimiento y racionalidad van estrechamente asociados. Este hecho, el del acceso a una información de calidad, conjuntamente con otros elementos, influye en que haya ya una mayoría de la opinión pública en el conjunto del Estado español favorable a una solución dialogada del llamado problema catalán.

Pero la sentencia, no parece que haya dudas, será punitiva y no simbólica como algunos empiezan a apuntar; no sabemos si lo hacen confundiendo sus deseos con la realidad o simplemente como partícipes de una maniobra de intoxicación puesta en marcha para inducir la desmovilización. En este sentido el Borbón Felipe VI ya emitió doctrina sobre por dónde tiene que ir la sentencia, aprovechando la clausura del Congreso Mundial del Derecho, como puede verse en estas dos noticias: El rey ve inadmisible “apelar a una supuesta democracia sin respetar la ley”, La Vanguardia, miércoles 20 de febrero; El rey: “No es admisible apelar a una supuesta democracia por encima del derecho”, El País, miércoles 20 de febrero.

Este es el problema de fondo en este Régimen y con el bloque dominante en España, expresión más correcta que “español”, encabezado por los Borbones y por el conjunto de poderes fácticos: IBEX-35, medios de comunicación…, que no contemplan bajo ningún concepto reforma significativa alguna de carácter profundo del actual status quo. Según la filosofía (teología) que sustenta el Borbón que ocupa la Jefatura del Estado (esos sí que son ocupas ilegítimos), el derecho de pernada o los principios generales del movimiento seguirían plenamente vigentes.

Pedro Sánchez, el ilusionista político, ha aclarado también su “comunión de ideas” con Mariano Rajoy en el tema de Cataluña; y también por cierto con el rey. Tal como decíamos en nuestro anterior editorial, su táctica de convocar elecciones para el 28 de abril así como otros gestos para la galería le darán a corto plazo probablemente buenos resultados, pero a medio plazo y en la medida que esos movimientos no van a resolver cabalmente ninguno de los problemas reales que afecta a las clases trabajadoras y pueblos del Estado español (y cuando hablamos de medio plazo no nos referimos a tiempos contados en años, sino en meses) la situación se expresará en todo su dramatismo tal y como realmente está: una derechona que cada vez tiene más ansiedad por seguir eliminando derechos civiles, sociales y políticos en un contexto internacional que además creen que les favorece; y una izquierda institucional con algunas argucias tácticas ocurrentes pero sin proyecto estratégico propio alguno, ni a nivel de Estado español ni a nivel internacional -la posición del Gobierno español en el conflicto de Venezuela es un claro ejemplo de ello-. Pero existe también, y eso es lo que realmente nos importa, un movimiento popular republicano que avanza a buen ritmo en Castilla y en otros Pueblos del Estado. Es muy importante que ese movimiento republicano tenga referencialidad en Castilla en estos próximos meses de aturdimiento electoral. Esa es la única garantía para el avance hacia el cambio que las gentes en Castilla necesitamos y también en el conjunto de Pueblos del Estado.

Izquierda Castellana, 22 de febrero de 2019

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