Elecciones 28 de abril: una táctica inteligente pero que no resolverá los problemas de fondo

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Elecciones 28 de abril: una táctica inteligente pero que no resolverá los problemas de fondo

Hay que reconocer que Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que tiene inteligencia táctica y valentía para impulsar este tipo de maniobras que, a él y al proyecto político que encabeza, que no es otro que recuperar la legitimidad social para el Régimen del 78, le pueden tener una cierta utilidad temporal. Se trata de perfilar la cara más amable -y flexible- que la que presenta la derecha española, especialmente en los últimos tiempos.

Pero Pedro Sánchez y su proyecto tienen un problema de difícil solución: las maniobras tácticas, por hábiles que sean y por convicción que se ponga en ellas, si chocan con la realidad no llegarán a configurar un proyecto estratégico; y en eso andamos.

La moción de censura que llevó a Sánchez a la Moncloa solo fue posible con el apoyo de las fuerzas soberanistas y republicanas, que optaron por dar ese apoyo sobre la base de que un gobierno de la izquierda española ofrecería un escenario más favorable que el de la derecha para el avance en la solución del problema catalán. Así ha sido en algunas cuestiones -digamos ambientales-, pero no en el núcleo fundamental del asunto, que no es otro que el derecho a decidir sobre la relación de los pueblos con el Estado y en lo relativo a la forma del Estado mismo: monarquía o república.

De la Constitución monárquica del 78 se pueden hacer lecturas con matices distintos, pero no hay posibles interpretaciones diferentes sobre lo que podemos llamar su núcleo duro: la forma de Estado; la indisoluble unidad de España garantizada por el Ejército; la jefatura del Estado hereditaria y depositada en la familia de origen francés -los Borbones-; la irresponsabilidad penal de esa jefatura de Estado; la posibilidad tal y como ha ocurrido de anular la autonomía de un territorio; la exigencia de que las finanzas públicas atiendan antes al pago de los intereses a la banca internacional que a la cobertura de las necesidades sociales…

Esas posiciones y otras no están puestas ahí por casualidad; no, son el fruto de un proceso de Transición en el que el bloque dominante español, aun sin respaldo social para ello, impuso un marco jurídico-político que protegiera plenamente sus intereses. En cuanto la representación política y social del bloque dominante español atisba un mínimo riesgo, no ya para el sostenimiento de sus privilegios, sino para que estos sigan avanzando, tal como ha ocurrido en los últimos años, tocan a rebato.

Durante estos casi 9 meses de Gobierno de Pedro Sánchez, este intentó frenar y revertir en alguna medida la deriva dramáticamente antisocial y antidemocrática de los gobiernos del PP y, simultáneamente, frenar el proceso de deslegitimación acelerado del Régimen. Pero tal tarea se ha demostrado materialmente imposible.

Ahora Pedro Sánchez ha dado paso a la táctica de convocar elecciones para mejorar su posición política y la de su partido. Este objetivo seguro que lo conseguirá, a pesar del fuego amigo, y el PSOE con Sánchez a la cabeza muy probablemente será el partido más votado el 28 de abril, pero eso no será suficiente para formar gobierno; y aún en el caso no imposible, pero tampoco seguro, de que consiguiera un apoyo parlamentario suficiente para formar gobierno, este no le va a permitir afrontar cabalmente las problemáticas políticas y sociales que afectan a los pueblos del Estado español en el actual marco jurídico-político.

El Régimen monárquico del 78 no va a permitir, por las buenas ni por las malas, un proceso soberanista-republicano en Cataluña, ni en ninguno de los pueblos del Estado; tampoco parece, a pesar de las posibles maniobras a las que asistamos, que la mayoría social que está por la República y la independencia en Cataluña se vaya a diluir.

Estas consideraciones no restan una cierta brillantez a la línea táctica por la que ha optado Pedro Sánchez, en la que además no se verá contaminado por los procesos electorales de las municipales y autonómicas previstas para el 26 de mayo; incluso podrá aportar una cierta influencia positiva, desde su perspectiva, sobre estas, si finalmente, tal como parece probable, gana las Elecciones generales. Seguramente el 26 de mayo aún no se habrá formado nuevo gobierno, pues la aritmética parlamentaria será muy compleja después del 28 de abril. Ya después de las elecciones del 26 de mayo tendrá sobre la mesa las condiciones para optar por un socio de gobierno a su izquierda (en una reedición del gobierno salido de la moción de censura) o a su derecha, reintentando el gobierno con Ciudadanos, al que seguramente Podemos, en franco proceso de deterioro, opondrá menos pegas que en la anterior ocasión. Sin embargo, los principales problemas estructurales seguirán sin resolverse.

Cuando se formó el actual Gobierno pusimos de manifiesto sus limitaciones, y así han sido. La operación en marcha, aunque pueda durar unos meses más que la que salió de la moción de censura, tiene también fecha de caducidad.

En cualquier caso, desde el movimiento comunero del siglo XXI preferimos un gobierno, al menos inicialmente, encabezado por Pedro Sánchez que un tripartito de la derecha española protofascista.

La campaña electoral, que durará al menos hasta junio, va a ser de un gran interés político y social. IzCa, en principio, no va a participar electoralmente en ninguna de las citas previstas, pero desde luego que participaremos muy activamente desde el punto de vista político y social, dinamizando y potenciando el movimiento y el empoderamiento popular, porque consideramos que esa es la principal tarea y el único camino en Castilla para avanzar hacia una república feminista y comunera.

Izquierda Castellana, 15 de febrero de 2019

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