Venezuela: que los árboles no nos impidan ver el bosque.

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Venezuela: que los árboles no nos impidan ver el bosque.


Toda realidad es compleja y tiene múltiples aristas. La realidad de Venezuela no es una excepción, pero para sacar conclusiones correctas sobre algo, sin olvidarnos de los múltiples aspectos, tenemos que centrarnos en el aspecto principal de la cuestión a evaluar. La cuestión principal de lo que está ocurriendo en Venezuela, en nuestra opinión, es que EEUU considera desde el año 1823, bajo el mandato de su quinto presidente, James Monroe, que América en su conjunto ha de estar bajo la hegemonía yanqui.

A mediados del siglo XIX, este posicionamiento se empezará a conocer como la “Doctrina Monroe”. Es un momento de expansión del imperialismo-capitalismo en el mundo, un proceso de una enorme competitividad entre las diferentes potencias, habitualmente dirimida mediante guerras. Estados Unidos marca claramente su territorio: el conjunto de América. Esa doctrina, entre otras cosas, es la base para la incorporación a mediados del siglo XIX, manu militari, de territorios que anteriormente pertenecían a México, como son los casos de Texas o California.


EEUU no ha dejado desde entonces de ejercer la doctrina Monroe. La llegada de Trump a la Presidencia de ese país esta dando un nuevo impulso a tal cuestión. Es curioso como una buena parte de los medios de comunicación que tachaban a este hombre de loco, violador, hegemonista, etc. aplauden sin ningún tipo de crítica su intervencionismo en Venezuela.


Venezuela ha sido históricamente un territorio clave para EEUU por varias razones, en primer lugar por su riqueza en recursos naturales: petróleo, gas, oro…, pero también por su importancia geoestratégica con respecto al conjunto de Sudamérica.


Si Cuba tenía y sigue teniendo un fortísimo valor simbólico para EEUU, Venezuela es absolutamente irrenunciable en esa línea de dominación y hegemonía para el conjunto del continente americano, y ello cueste lo que cueste. Desde el ascenso al poder de Chávez a través de un proceso de movilización popular y de elecciones legítimas, reiteradamente ganadas por el chavismo, los yanquis no han dejado de conspirar para acabar con ese proyecto de soberanía nacional, de progreso social y de construcción de un espacio fuerte de países latinoamericanos.


El Golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que llevó a la presidencia durante tres días, hasta el 14 de abril, a Pedro Carmona, presidente de la patronal venezolana Fedecámaras, fue apoyado inmediatamente por el gobierno de Aznar, como hizo también con la invasión de Irak. Pedro Carmona, a pesar de la brevedad de su mandato, dejó claras sus intenciones disolviendo las instituciones públicas y destituyendo a los cargos afines al chavismo, además de la detención de un buen número de ellos. Tenemos que destacar que hay un sector relevante de la sociedad venezolana, las clases privilegiadas especialmente, que se sienten muy a gusto siendo una colonia yanqui de forma implícita, y probablemente explícita. No creen en su pueblo. Ese sector social proimperialista, con un gran poder económico y mediático, es el que no ha dejado de trabajar y conspirar para que se restituya la Doctrina Monroe en Venezuela. Hasta ahora han fallado sus intentos y esto muy probablemente volverá a ocurrir, pero cuentan con el apoyo cada vez más explícito de los EEUU y de fuerzas similares a esa fracción apátrida de Venezuela, sobre todo de Colombia. Están dispuestos a seguir intentándolo, aunque ello conduzca a un enfrentamiento generalizado de carácter armado.

Guaidó ha sido impulsado a la presidencia ilegítima por la administración yanqui. No es que él se proclamara presidente y los yanquis le apoyaran, sino que el proceso ha sido en sentido contrario: los yanquis le han seleccionado, le han promocionado a la presidencia de la Asamblea Nacional y le han animado a que se declarara presidente interino, por supuesto, con el compromiso de que sería reconocido por los EEUU y sus gobiernos aliados en Latinoamérica.


Los próximos días serán clarificadores sobre el inmediato futuro y sobre si ya están en esa senda de confrontación. Veremos qué recursos militares tiene disponible el movimiento golpista para confrontar con la legalidad y legitimidad vigente, es decir, con la institucionalidad presidida por Maduro; o si tienen que seguir profundizando durante un tiempo en la crisis económica y social de Venezuela antes de lanzarse abiertamente a una confrontación armada.


Desde el movimiento popular castellano no tenemos ninguna duda sobre nuestra ubicación. Estamos con nuestras hermanas y hermanos de los pueblos castellanohablantes que luchan contra el imperialismo yanqui, por la soberanía nacional y el progreso social.

No quieren ser colonias yanquis, y en eso tienen todo nuestro apoyo. Quieren, en cambio, construir la Gran Patria Bolivariana, y desde el movimiento comunero del siglo XXI empatizamos con ese proyecto que puede generar expectativas del máximo interés para el conjunto de la humanidad.

Izquierda Castellana, 24 de enero de 2019

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