Víctimas de violencia sexual denuncian fallos en el sistema judicial: “No me sentía interrogada sino cuestionada”

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Los avances que las distintas administraciones y el poder judicial han hecho para prevenir y perseguir la violencia sexual contra las mujeres chocan, en algunos casos, con prácticas deficientes en el día a día del sistema. Más allá de casos mediáticos como el de ‘la manada’, el centro Iridia, en colaboración el Ayuntamiento de Barcelona, presentará este viernes un informe en el que víctimas ponen deberes a jueces, fiscales, policías y abogados para evitar una doble victimización al entrar en la sala de vistas o en comisaría.

Los casos denunciados muestran cómo las víctimas sienten que el proceso penal las juzga a ellas en vez de a su agresor, y que su declaración no siempre se acoge con presunción de veracidad. “La juez me miró y me preguntó si tenía trabajo o era limpiadora. Me puse a llorar, era la primera pregunta. ¿Qué tenía que ver si yo limpiaba o no con que mi marido me hubiera violado?”, relata Marita.

Otra víctima, Martina, recuerda: “Me preguntaron cosas como por qué no grité o no lloré. Yo pensaba que lo único que me quedaba era un poco de dignidad, y por eso no lloré”. El informe también recoge la agresividad y la insensibilidad de algunos letrados de los presuntos agresores para exculpar a sus clientes, como el abogado que le preguntó a Eva por qué había rehecho su vida “tan rápido” tras romper con la pareja que la agredía. Y Virgina atestigua que en su declaración judicial no se sentía “interrogada sino cuestionada”. “Sentía que me estaban juzgando por como vestía, como me expresaba… Tenía lagunas sobre los hechos y el juez dijo ‘usted va diciendo sobre la marcha’…”, abunda.

Las lagunas de las víctimas en los interrogatorios son precisamente uno de los temas del estudio. En palabras de Tania: “La mirada de la juez me echó para atrás y entonces lo dijo: ‘¿Usted ve que hay cosas que no recuerda, no?’ Como si lo que sí sabia fuera mentira por no acordarme de todo”. La abogada Carla Vall explica que no en pocas ocasiones jueces, fiscales, abogados o policías rechazan la veracidad del relato de una víctima por presentarse con lagunas o desordenado, cuando es precisamente algo propio de haber vivido un trauma como es una agresión sexual.

“En cambio, el agresor puede instrumentalizar el proceso judicial ejercer más violencia a la víctimas mediante un relato lineal considerado más veraz”, lamenta Vall. De las cuarenta mujeres entrevistadas en el informe, solo una ha sentido que una que el proceso judicial ha cumplido con todas sus expectativas. El resto se han sentido mal atendidas, cuando no maltratadas por el sistema, víctimas otra vez de la denominada “violencia institucional”.

En este sentido, el estudio propone repensar las preguntas de los operadores jurídicos en los interrogatorios para poner el foco en el agresor y no en la víctima. “¿Cómo hiciste saber que no querías estar con él?; ¿Dijiste que no?; ¿Opusiste resistencia?; ¿Cómo ibas vestida?; ¿Habías bebido?”, son preguntas que se formulan habitualmente y que, según el informe, contribuyen a reforzar estereotipos y a dar por descontado el consentimiento de las mujeres.

“Parece que si la mujer no dice nada todo vale, como si hasta el momento en que dice ‘no’ el agresor tuviera barra libre, cuando en realidad él se da cuenta mucho antes de que ella no quiere”, explica Vall. El testimonio de Frida lo expone de esta forma: “Me lo dijo mi abogada: van a decir que la denuncia es falsa porque yo me fui con él. Y sí, yo me fui con él. Era mi cita de Tinder. Intentaron demostrar que yo era una ‘puta’, que una puta no puede ser violada. Pues no, yo quería defender mi sexualidad libre y por mi experiencia en el terreno sexual sabía distinguir qué es sexo y qué es violación”.

Otra de las recomendaciones del estudio es tener más en cuenta el dolor y que los elementos afectivos que exponen las víctimas no se vuelvan en su contra. Es el caso, por ejemplo, de Sabina, una victima que denuncia que una jueza le explicó que denegaría la orden de alejamiento respecto a su pareja porque ella le había mandado un mensaje “y esto demostraba que no le tenía miedo”. El mensaje decía: “Eres un ser repugnante, me has destrozado la vida, tengo tanto miedo que no puedo dormir”.

El informe también pone de manifiesto que algunas sedes judiciales, en especial las que no están en grandes ciudades, no cuentan con una sala adecuada para que las víctimas esperen su turno para declarar. Y que dentro de la sala los funcionarios no son del todo diligentes. “Me dijeron que él no me vería pero cuando el funcionario movió la mampara para acercarme un papel, me vio. No podía ni hablar, lloraba y cuando mi abogada pidió un receso la jueza dijo ‘en seguida se calma que ya terminamos y no podemos estar todo el día”, asevera Marta.

“La formación jurídica no siempre es suficiente para que los operadores se alejen de los estereotipos”, concluye Vall, que aboga por un trabajo conjunto entre sociedad, administraciones públicas y operadores jurídicos para que de una vez por todas las víctimas de violencia sexual superen los obstáculos del sistema.

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