El caso Cursach: una nueva demostración de cómo las estructuras del Estado sirven para proteger a los corruptos y a la corrupción.

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El caso Cursach: una nueva demostración de cómo las estructuras del Estado sirven para proteger a los corruptos y a la corrupción.

El Sr. Cursach durante décadas, según la información publicada en diversos medios, organizó y sacó provecho de una auténtica red mafiosa en Mallorca, que incluía a miembros de la Administración de Justicia, cuerpos policiales, entramado político y mediático; y por supuesto, a la familia Borbón.

Las actividades de esa red mafiosa eran múltiples, incluyendo el “negocio urbanístico” en sus diferentes fases: compra y correspondiente recalificación de terrenos, construcción inmobiliaria, venta o alquiler de esos productos… casi todo en negro para que el negocio fuera más redondo.

Pero la estrella de la red mafiosa era el ocio nocturno, es decir, el tráfico de drogas y la explotación de mujeres. Y todo ello realizado sin dificultad alguna durante décadas. No es difícil imaginarse que para que tal cosa ocurriera las complicidades tenían que ser muchas y muy cualificadas. Teniendo en cuenta que Juan Carlos I, el Emérito, era uno de los relacionados con el Sr. Cursach, nos podemos hacer una idea de la composición del resto de los eslabones de esa cadena de mierda que rodea el caso.

Finalmente se ha abierto una investigación judicial sobre el asunto, pero se ha decretado el secreto de sumario no vaya a ser que al menos una parte de la verdad sea conocida por la opinión publica. A pesar de ello, algun@s periodistas han decidido informar. Esta vez, y con una rapidez que solo ponen en marcha cuando se trata de defender al Régimen de la corrupción, la maquinaria judicial y policial se ha puesto “a trabajar” para evitar que se siga informando y además para castigar por “revelación de secretos” a las fuentes de los/as informadores/as. Pero sobre todo se trata de dar un aviso a esos informadores e informadoras: “si os salís de la línea ya sabéis lo que os pasará”.

Según nos cuentan algunos en sesión del Senado, se equivocaron al evaluar la situación de Venezuela en el pasado. Son esos que se equivocan nueve de cada diez de las veces que hablan. Afirman una cosa y la contraria sobre el mismo asunto sin el menor pudor. Ahora nos dicen que Venezuela está muy mal, y no nos cuentan nada de lo que ocurre en el Estado español, que debe de mejorar cada día según su percepción. Aquí, tal y como podemos comprobar, cada vez hay más libertades políticas, más derechos sociales, mejor funcionamiento de los servicios públicos, se refuerza la cultura de resolución democrática de los conflictos de naturaleza política… Vamos, que la evolución de las cosas no puede ser más positiva… ¡Anda ya! Se puede ser más memo pero no es fácil.

La corrupción no es solo un fenómeno que afecte a las cuestiones materiales, también y de forma muy grave a las cuestiones morales e intelectuales, aunque por supuesto este nivel de corrupción suele ir asociado al primero.

No hay futuro para nuestro Pueblo en el marco del Régimen del 78. Sólo hay un camino para el cambio que necesitamos: la Unidad Popular y la República.

Izquierda Castellana, a 14 de diciembre de 2018

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