La Santísima (Pérfida) Trinidad de la derecha española

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La Santísima (Pérfida) Trinidad de la derecha española

Mucho se habla de Vox en los medios de comunicación del Sistema, en todas sus variantes, en un ejemplo de ejercicio combinado de darle la máxima publicidad al fenómeno así como legitimarlo plenamente en la mayoría de los casos. En aquellos medios que pretenden representar un ideario democrático, asociado a una cierta línea crítica, se han centrado especialmente en la idea de que el ascenso de Vox en Andalucía es la réplica en el Estado español del ascenso de la extrema derecha en Europa; “hasta en esto somos europeos”, es el mensaje subliminal. No compartimos en lo fundamental esa reflexión.

En nuestra opinión, para comprender adecuadamente lo que es Vox, hay que partir de lo que es el Estado español, el Régimen del 78, y muy particularmente de la estrategia de los elementos fácticos, entre ellos la FAES, que influyen a la derecha española.

El franquismo, el fascismo a la española, nunca ha abandonado las instituciones del Estado. Precisamente en garantizar la continuidad de los elementos esenciales del Régimen franquista consistió el proceso de Transición: administración de Justicia, fuerzas policiales, monarquía borbónica, poder de la Iglesia, Ejército, estructura económica, canales de corrupción… Esa consideración, obvia ahora pero también antes, fue la que llevó a miles de personas a implicarse en diversos pueblos del Estado desde el inicio de la Transición en una lucha -con muchos elementos de ejemplaridad, aunque también con errores significativos- en una auténtica lucha por la ruptura con el franquismo, es decir, en la lucha por la Democracia.

Aquella fue la época más difícil para los movimientos populares, pero se consiguió mantener viva la llama y la esperanza de que se podría derrotar al Régimen del postfranquismo. Aquí no llevamos 40 años de democracia, como algunos pretenden hacernos creer; aquí llevamos 40 años de postfranquismo.

En estas décadas pasadas, la amplitud social del movimiento democrático, por la República, era menor que la amplitud del movimiento social que daba base al Régimen del 78. Este, con la inestimable colaboración de todos los medios de comunicación estatales, comprometidos en una estrategia de manipulación sistemática de la realidad para que la población no se enterara de lo que realmente acontecía, consiguió mantener un apoyo social suficiente para su reproducción.

Los escándalos de corrupción, desde hace unos años imposibles de ocultar, y los avances parciales del movimiento popular, han provocado que las costuras del Régimen empezasen a saltar de forma más que significativa. En estas circunstancias el Sistema prefiere una gobernanza del Régimen por parte de la derecha política, bien incardinada con el entramado institucional. Y a esta línea de trabajo es a lo que responde el lanzamiento “a bombo y platillo” de Vox, por cierto, con una gran inversión económica y una excepcional cobertura mediática.

Cuando el PP estaba en sus mejores momentos de solidez política e ideológica y, por otro lado, el Régimen no estaba mayoritariamente cuestionado, este partido era suficiente para cubrir todas las variantes sociológicas de la derecha española. Pero las cosas han cambiado, se han complicado, y la derecha ha buscado -y hay que reconocer que con bastante inteligencia- un planteamiento trinitario que les permita llegar eficazmente a todos los rincones del espectro sociológico de la derecha española: el PP a la derecha conservadora tradicional, la que sin desmarcarse del franquismo simplemente lo mantiene en el ámbito de lo privado; Ciudadanos supone un intento de constituir una derecha más a la europea, cuyo surgimiento en Cataluña no tiene nada de casual; y Vox, que es el fascio-franquismo sin complejos, encargado de recoger los votos de ese sector social que, o bien se abstenía en buena medida o bien se fragmentaba ineficazmente en múltiples candidaturas.

Las elecciones de Andalucía han sido un banco de pruebas más que adecuado para esa estrategia trinitaria. Había un marco común generalizado de deseo de acabar con el susanismo -como en otro momento histórico, a nivel del Estado, ocurrió con el felipismo– por todos los elementos de corrupción estructural y continuada presentes en Andalucía. Y hay, cómo no, una conformación sin complejos de un sector social con unos valores explícitamente ultrareaccionarios: machismo sin disimulos (“la Manada” tiene ahí sus raíces, y Vox es la expresión institucional de las diversas manadas); españolismo directamente heredado del bando de los nacionales del 36; racismo y clasismo que entronca de forma plena con la odiosa tradición del señoritismo andaluz…

Por supuesto que Vox va a apoyar un gobierno del PP y Ciudadanos en Andalucía; y por supuesto que no van a entrar en ese gobierno de forma visible, aunque se aprovecharán de ello; sería quemar su proyecto. Como es lógico, lo que pretenden es seguir engordando su imagen de derecha española pura, dura y no contaminada.

La llegada de Vox al Parlamento Andaluz no supone la llegada del fascismo español a las instituciones del Régimen del 78. Este es en sí mismo de naturaleza fascio-franquista. Si no es así, ¿cuál es entonces la explicación de lo que está ocurriendo con el movimiento soberanista-republicano en Cataluña, o con el movimiento republicano en general?, ¿cuál la explicación de las sentencias de los Altos Tribunales como las de “la Manada” o las de los impuestos en relación con las hipotecas?, ¿cuál la explicación para la admisión a trámite por parte del Tribunal Supremo del recurso de la familia Franco en relación con la exhumación de los restos del genocida dictador del Valle de los caídos?

El lanzamiento planificado de Vox en el Estado español a través de Andalucía no es en lo esencial una réplica del ascenso de la extrema derecha internacional aquí. Se da por supuesto en ese contexto, pero es un fenómeno autóctono “español”, en el peor sentido del término. Evidentemente no debemos despreciar el ascenso electoral y social de Vox, pero eso no nos tiene que despistar. Vox es un nuevo instrumento de la derecha española, y por tanto, del Régimen del 78.

El Régimen postfranquista es nuestro verdadero enemigo, el principal impedimento para alcanzar la Democracia y la justicia social para nuestro pueblo y para el conjunto de pueblos del Estado español.

Frente a la monarquía postfranquista, con Vox o sin Vox, República feminista y comunera.

Izquierda Castellana, 7 de diciembre de 2018

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