Francisco ya puede descansar con Nicolasa

LA ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA BUSCA EL CUERPO DEL PASEADO FRANCISCO ALONSO, EN LA CURVA DE GERAS
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A Francisco le arrebataron la vida y a Nicolasa el corazón (y al padre de sus dos hijos). Ochenta y un años después de que aquel hombre de 27 años que se ganaba la vida como carnicero de San Andrés, como lo hacían su padre y sus hermanos, se convirtiera en una de las más de 100.000 personas desaparecidas en España a consecuencia de la represión franquista.

Francisco Alonso, oyó la familia, fue paseado, acusado de comunista, tras la caída del frente norte en León en 1937. Pero poco se sabía de la historia con certeza, aparte de un certificado de defunción que su madre consiguió en La Pola de Gordón.

Pasaron los años y aquel día, frente a la tumba de Nicolasa, cuando se removieron sus restos del cementerio viejo de Trobajo del Camino al nuevo, Luis prometió que buscaría a su padre para enterrarlos juntos.

Hoy ya puede cumplir ese sueño. Después de que los pasados 20 y 21 de septiembre se exhumaran los restos que Salomé señaló en la curva de Linares, en Geras de Gordón, la confirmación del ADN acaba de cerrar el círculo.

Los restos, encontrados por personas voluntarias de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (Armh) corresponden a los de Francisco Alonso. Después de dos pruebas genéticas, porque la primera muestra no era suficiente, los laboratorios han corroborado lo esperado.

Su hijo Luis «no tenía ninguna duda», aseguraba ayer tras conocer el resultado tras más de dos meses de espera. «Después de que hablamos con aquella mujer, con lo que nos contó y cuando aparecieron los restos, yo sabía que era mi padre», añadió.

Luis está tranquilo desde el día en que aparecieron los restos del esqueleto que durante 81 años han estado enterrados en la curva de Geras que sube hacia el puerto de Aralla. Para su hija Camino Alonso, que ha librado la batalla de la búsqueda durante casi diez años, han sido dos meses de zozobra. «Me puse a llorar, porque aunque estuviéramos seguros en este tiempo es cuando te planteas los ‘y si’…», comenta Camino.

Una de las primeras personas a quien se lo quiso comunicar fue a Salomé, la mujer que ha conservado la memoria de aquellos acontecimientos transmitida oralmente por otras mujeres. Las indicaciones que dio sin hablar, arrojando un pañuelo sobre el lugar donde estaba enterrado Francisco, no pudieron ser más precisas. Ahora Francisco y Nicolasa ya pueden descansar juntos. Como le dijo su nuera el pasado día 1 en el cementerio, «ya no queda nada para que te traigamos a tu compañero».

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