En memoria de tantas Alicias que viven sus dramas en soledad

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En memoria de tantas Alicias que viven sus dramas en soledad

Alicia, mujer de 65 años, divorciada y con un hijo con el que según las informaciones en prensa no tenía relación.

Esas mismas informaciones de prensa también señalan que Alicia había acudido en el pasado mes de mayo a los servicios sociales del ayuntamiento de Madrid porque llevaba tres meses sin poder pagar el alquiler de su vivienda -vivienda por cierto propiedad de “Apartamentos Galileo”, que tiene otras seis en la misma finca- y que suponía un importe de 500 euros al mes.

Alicia llevaba seis años viviendo allí. Según cuentan sus vecinos era una mujer educada y social, con un perfil de hábitos de vida compatibles con alguien que tiene que limitar estrictamente sus gastos para poder afrontar lo que es esencial, habitualmente, en la vida de una persona: mantener su vivienda, el espacio material en el que poder desarrollar la actividad vital con un mínimo de dignidad y confort. No pudo conseguirlo. Seguramente la decisión de arrojarse al vacío, justo antes de que se hiciera efectivo el desahucio, no fue precipitada, pero seguro que fue muy dramática.

Esta mujer sola, de 65 años, materialmente empobrecida, presuntamente se suicidó antes de ser desahuciada de la que fue su vivienda durante los últimos seis años. Probablemente era su último y único refugio. Es un drama personal, pero es algo mucho más que esto: es un drama social que, como todos, hay que abordar socialmente, porque potencialmente tienen solución pero también responsables.

En el caso de Alicia no conocemos su biografía anterior, pero a efectos de esta reflexión no es imprescindible. Se da un conjunto de circunstancias que afectan a sectores muy amplios de la población: mujer, empobrecida y con recursos que no le alcanzan para pagar un alquiler de 500 euros al mes, viviendo en soledad, en un contexto institucional y social cada día más antihumano, más degradado, más beligerante con las personas, pero muy especialmente con las mujeres.

Los impagos por alquiler han crecido un 6,1% en el segundo trimestre del 2018. Se calcula que hay 120 desahucios al día por este motivo. De los 10.491 lanzamientos en ese mismo trimestre, segundo de 2018, el 61.2% ha sido por impago de alquiler.

En los últimos tiempos el coste del alquiler de la vivienda, especialmente en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, ha subido de forma brutal. Es la nueva burbuja especulativa en cuestión de vivienda, que va asociada a la concentración de esta actividad, en su propiedad o gestión, en manos de unos pocos fondos buitre de ámbito internacional. Esta burbuja se ve muy reforzada en el caso del Estado español por la transferencia de los fondos inmobiliarios de la banca, adquiridos de forma absolutamente ilícita a las familias que no pudieron pagar sus hipotecas, a esos fondos buitre internacionales.
Si las instituciones actuales no pueden impedir estas cosas, ¿para qué sirven al común de la gente? Sí que sirven a los corruptos, a los especuladores y a los mantenedores del actual régimen monárquico, pero no a la mayoría de la sociedad.

Nuestros barrios se degradan día a día: casas de juego por todas las esquinas, narcotráfico rampante, delincuencia antisocial tolerada, cuando no amparada y estimulada… Unos servicios sociales absolutamente insuficientes y con demasiada frecuencia ineficientes, y ello al margen de la voluntad de l@s que allí trabajan.

Solo hay un camino para salir de este drama social en el que están convirtiendo nuestra vida cotidiana: la organización popular. Si Alicia se hubiera encontrado en su camino con alguien de la PAH, probablemente el final de esta tragedia hubiera sido muy diferente.

Izquierda Castellana

27 de noviembre de 2018

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