¡BASTA YA DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES!

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El 25 de noviembre ha llegado y nos toca hablar de lo que ya hablamos todos los días. Desde la rabia y la indignación, pero también desde la certeza de que las mujeres ya no nos vamos a callar, ya no nos escondemos. Toca romper con el silencio.

En el día internacional contra la violencia hacia las mujeres hay que visibilizar esta en todas sus formas. Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual, psicológico y económico, incluidas las amenazas de tales actos, la prostitución y los vientres de alquiler. La violencia de género es la manifestación más brutal de las desigualdades entre hombres y mujeres.

El sistema patriarcal y el capitalismo reproducen de forma brutal la violencia contra las mujeres: el primero conceptualiza a las mujeres como un objeto hecho para la satisfacción del hombre, mientras el capitalismo dice que todo objeto (la mujer es tomada como tal) es susceptible de ser comprado y explotado a fin de obtener beneficio.

La violencia de género hunde sus raíces en la propia estructura de la sociedad patriarcal. Cualquier sistema ideológico autoritario –y el sistema patriarcal lo es en grado sumo- necesita transmitir sus postulados de manera incuestionable con el fin de que se pueda sostener como verdades absolutas el conjunto de principios y valores en los que se inspira. En el sistema patriarcal, la diferencia sexual se presenta como razón suprema, base y fundamento de la discriminación. Se imparte mediante el adoctrinamiento socializador desde el nacimiento y a lo largo de la formación del individuo como persona. Las personas así socializadas, cuando llegan a la adultez, se convierten en defensoras y militantes de la ideología impuesta y, convencidas de sus valores aprendidos, los propagan irremisiblemente. Consecuencias de tal proceso son la firme resistencia al cambio por parte de la sociedad en su conjunto.

Vivimos en un mundo globalizado, cuya clave es la libertad de movimiento de capitales sin ningún tipo de restricción, así como la libertad de movimiento de mercancías, sobre todo en dirección a los países con elevado desarrollo. La mundialización neoliberal crea grandes bolsas de pobreza, hecho que afecta especialmente las mujeres. La feminización de la pobreza en un mundo globalizado empuja a muchas mujeres a situaciones de migración, a que los vientres de alquiler, la prostitución y resto de negocios relacionados con el sexo se conviertan en actividades que adquieren una importancia enorme como opciones de supervivencia. El contexto en el que tienen lugar este proceso es un mercado libre y sin límites que ha entendido que los cuerpos de las mujeres son una mercancía de la que se extraen plusvalías necesarias para la reproducción social del patriarcado contemporáneo y del capitalismo neoliberal.

El sistema patriarcal y neoliberal utiliza la violencia para asegurarse la dominación sobre el conjunto de mujeres como grupo. El patriarcado y neoliberalismo necesitan de la violencia para su perpetuación. Los crímenes de odio hacia las mujeres dejan historias y cifras devastadoras. Estamos asistiendo a un repunte de la violencia hacia las mujeres, solo hay que ver las cifras de los últimos años, violencia que se explica:

* Primero, por la necesidad cada vez mayor que el neoliberalismo tiene de cuerpos de mujeres para su explotación (mano de obra más barata, vasijas para los vientres de alquiler y cuerpos para el tráfico de personas, prostitución y demás negocios relacionados con el sexo).

* Por otro lado, la de los hombres (como género) que se resisten a una sexualidad que no esté a su servicio, una sexualidad que para los hombres significa la posibilidad de usarla con total libertad y que para las mujeres supone la disponibilidad sexual al servicio de los varones, sexualidad que se articula en torno a la idea de que el placer erótico es un derecho masculino y donde el placer de las mujeres se invisibiliza.

* La familia en la actualidad sigue siendo una institución heteropatriarcal, necesaria para la reproducción de la sociedad patriarcal, donde se desarrollan relaciones de poder entre hombres y mujeres (y en muchos casos de violencia y abuso sexual), y aunque cada vez más nos encontramos con nuevos conceptos de familia (monoparentales, homosexuales, sucesión de parejas o ausencia de ellas…) no se ha acabado con el concepto del amor romántico, ni con el modelo dominante de maternidad.

No debemos obviar que los hombres (como género) se benefician de ello, que para no perder sus privilegios defienden tenazmente sus posiciones mediante la violencia, la coacción, el chantaje o la persuasión. Estos privilegios de que gozan los hombres, a costa de las mujeres, no van a desaparecer espontáneamente, por voluntad o iniciativa de ellos.

La violencia institucional es otra de las bases de la violencia; a pesar de haber aprobado una ley integral contra la violencia de género, esta deja fuera del ámbito de intervención toda la violencia que sufren las mujeres en el ámbito público por el hecho de ser mujeres. Fenómenos tan graves como el acoso sexual, la violencia sexual o la trata de mujeres con fines de explotación sexual quedan fuera del alcance de esta ley integral con las graves consecuencias que esto supone para sus víctimas. Leyes, además, que no se dotan de cantidades presupuestarias suficientes para llevarlas a cabo.

Otra institución que se opone al cambio de la ideología patriarcal es la institución judicial. El Estado español es el país con más sentencias machistas por segundo año consecutivo (según informe de la asociación Women’s Link). Un poder judicial que pasó íntegro del franquismo a la “democracia”. La llamada “Transición democrática” preservó los mismos jueces que hubo durante la dictadura, que tan solo fueron cambiando por “ley de vida”, aunque dejaron a sus herederos. La Constitución les garantiza la inamovilidad de por vida, son la casta de jueces. Entre ellos se lo guisan y se lo comen. El poder judicial instaurado por la reaccionaria Constitución del 78 es un poder acorde a la democracia para ricos en la cual vivimos: casos como el de la Manada, el caso Juana Rivas, que un juez se ría de una mujer maltratada, poner en libertad a violadores, sentenciar con condenas ridículas a tantos y tantos agresores sexuales y maltratadores… son ejemplos de cómo actúa esta justicia en los casos de violencia de género. Es hora de que pidamos responsabilidad a cada uno de los jueces que emite una sentencia injusta, es hora de hacer que asuman su responsabilidad en el mantenimiento de la violencia hacia las mujeres.

Por todo ello, las mujeres de movimiento comunero acudiremos a las manifestaciones que se tienen lugar el 25 de Noviembre, día Internacional contra la violencia de género. Hacemos un llamamiento a la participación de todas las mujeres, porque sin movilización social, no hay conquistas sociales.

¡BASTA YA DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES!

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