“El rostro de la prostitución en España es una mujer pobre y migrante captada en su país de origen”

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Mabel Lozano (Toledo, 1967)  fue modelo, actriz y uno de los rostros más populares de la televisión en la España de las décadas de los 90 y 2000. Esta mujer carismática, vehemente y que habla sin parar es una bofetada sin manos a los prejuicios que nos hacen reducir a las mujeres guapas a lo banal y la frivolidad. “Yo siempre he sido comprometida, aunque la gente me viera como si fuera una mujer objeto”, me espeta tras salir de dar una conferencia, enmarcada en unas jornadas organizadas por el Ayuntamiento de Sevilla para conmemorar el Día Mundial Contra la Explotación Sexual. La vida de Mabel cambió cuando, hace 12 años, conoció a Irina, una joven rusa a la que su novio vendió a una red de trata de mujeres para la explotación sexual. El testimonio la zamarreó  en lo más profundo de su ser y, desde entonces, su vida no ha vuelto a ser igual. Por Irina  se dedica en cuerpo, alma y corazón a luchar contra la trata de mujeres para la explotación sexual y por la abolición de la prostitución.

Con este objetivo, ha escrito ‘El proxeneta’, un libro donde cuenta, gracias al testimonio de Miguel ‘El Músico, un exproxeneta que ha estado tres años en prisión y al que llega a través de un amigo policía, cómo funcionan las redes de trata de mujeres que nutren de prostitutas los burdeles españoles. El 23 de octubre estrenará en la Semana Internacional de Cine de Valladolid ‘Paso lento, mala leche’, la versión cinematográfica del libro que ha abierto en canal el negocio de la trata y la prostitución y dado a la policía una información valiosísima para luchar contra una mafia que en España está controlada por 20 hombres y que es el segundo negocio ilícito del mundo.

Su imagen y vida profesional estaban muy asociadas al papel de mujer objeto, de chica guapa, presentadora de televisión, programas de entretenimiento, de frivolidad, ¿qué le ha ocurrido para dar este cambio radical y ahora ser una referente del movimiento feminista en la lucha contra la trata?

Fíjate, lo que cuentas son papeles. En España somos muy prejuiciosos, muy de poner etiquetas. Los prejuicios siempre son injusticias. Esta mujer, como hace papeles de chica objeto, debe ser así de fatua, así de frívola. Nadie sabe cómo tú eres de verdad. Tú estás ahí trabajando y nadie sabe si eres lista, si no eres lista, si sufres, si eres comprometida o si no. Yo representaba un papel, muy condicionado por mi físico, pero yo no era así. De repente la gente piensa que a mí me han dado un golpe en la cabeza, que me han hecho una lobotomía y de ser fatua ahora soy comprometida, de ser tonta ahora soy lista. Yo estaba trabajando y es algo de lo que nunca me he arrepentido; al contrario.

Pero no cabe duda de que ha dado un giro radical a su carrera.

Sí, doy un giro que hubiera dado mucho antes. Yo soy de un pueblo muy pequeño de Toledo. Cuando yo era pequeña no había ninguna referencia de mujeres que hacían cine. Estaba Josefina Molina y ya. Las mujeres hemos carecido de referentes. Yo hubiera sido mucho antes directora de cine si hubiese sabido que las mujeres podíamos ser cineastas.

¿Cómo llega al cine documental y a implicarse en la lucha contra la trata de mujeres para la explotación sexual?

Por Irina, una víctima de trata que me cuenta su experiencia en primera persona. El día 25 de noviembre de hace 12 años, en la conmemoración en la Puerta del Sol del Día Internacional contra la Violencia Machista, me presentaron a Irina. Hace 12 años nadie hablaba de este delito, porque la trata es un delito. Yo pensaba que lo que me estaba contando sólo me lo estaba contando a mí, en secreto, y que nadie lo sabía. Me parecía imposible que alguien supiera que había mujeres que estaban sufriendo esclavitud extrema y que esos burdeles siguiesen abiertos.

¿Qué le contó Irina?

Me contó que era pobre y no podía estudiar. Su novio, que es un método de captación muy normal, la enamora y la trae a España desde Rusia. Y la lleva a las afueras de Madrid, en una ciudad que no conoce, un idioma que no sabe. Ella ve que a él le dan un sobre con 3.000 euros: ¡La había vendido! Más de 800 hombres españoles, de todas las edades, pagaron por los servicios sexuales de esta mujer, en contra de su voluntad. Y nadie la ayudó.

¿Y qué se siente  mientras se escucha un relato como el de Irina?

A mí Irina me cambio la vida totalmente. De repente, me rebelé. Me parecía imposible que nadie hubiese hecho nada para evitar lo que me estaba contando. Luego me enteré de que la trata llevaba en España muchos años antes.

Usted cuenta en tu libro que en España hay un momento donde pasamos de una prostitución casera a una de escala transnacional, globalizada, con la que inauguramos la trata de mujeres.

Eso es una de las cosas más interesantes que me cuenta Miguel ‘El Músico’, el proxeneta que ha sido mi confidente. Él me narra cómo se produce la transición de la prostitución en manos de chulos y macarras a la trata de seres humanos. Él cuenta que esas mujeres jamás fueron libres, porque cuando él entró en la prostitución en los años 80 esas mujeres estaban ya en manos de chulos y macarras. No había libertad en esas mujeres. De ahí llega un momento muy importante, la bonanza económica de nuestro país de los 90. Hay bonanza y hay dinero para vicio. Llega la época de bonanza y no hay mujeres. No nos damos cuenta de que la prostitución tiene rostro de migrante. La mayoría de las mujeres prostituidas en nuestro país son migrantes.

¿Por qué vincula prostitución y trata?
Porque la prostitución y la trata son lo mismo. La prostitución se nutre directamente de la trata. El rostro de la prostitución en España es una mujer captada en su país de origen por su vulnerabilidad. En muchos casos, las mujeres han dicho sí a ejercer la prostitución, han dado su consentimiento. Lo que tenemos que diferenciar, que la gente no diferencia, es entre consentimiento y voluntariedad. Yo consiento ir a ejercer la prostitución porque no tengo para dar de comer a mis hijos, no tengo recursos, pero eso es muy diferente de la voluntariedad.

Ha acompañado en varias ocasiones a la Policía Nacional y la Guardia Civil a diferentes redadas en puticlubs. ¿Qué se ha encontrado?

Normalidad. Lo que ven los clientes de un puticlub es absoluta normalidad. Las mujeres no llevan cadenas, porque las cadenas no están en los tobillos, las cadenas están en las cabezas. Las coacciones, las vejaciones, las multas, la deuda, los proxenetas hablan de mujeres de deuda. Todo eso está en sus cabezas, esas son sus cadenas.

¿Cuál es el itinerario de una mujer víctima de trata?

Son mujeres que, antes de salir de sus países, ya tienen una deuda que al llegar a España sólo hace aumentar y aumentar. Lo primero que les hacen es retirarles el pasaporte. La captación en su país de origen se produce a través de captadores, quienes les dicen que van a ejercer la prostitución, que van a ganar mucho dinero, que les van a arreglar los papeles y luego podrán regresar a su país con todo el dinero o que se podrán quedar en España con un buen trabajo. La trata se nutre del sueño migratorio de ser feliz. Y cuando llegan aquí, se encuentran con un sistema perverso de explotación, que es la diaria. Tienen que pagar entre 60 y 70 euros diarios por vivir en los puticlubs.

¿Cuál es la cara del negocio de la prostitución en España?

Es el segundo negocio ilícito que más dinero genera en el mundo. Es como el narcotráfico, es un negocio boyantísimo. La trata en España está controlada por 20 hombres, que son los dueños de los grandes burdeles españoles. Antes traían a las mujeres directamente a los burdeles para aleccionarlas y ahora, como la policía también ha aprendido, las llevan primero a pisos y luego pasan a los burdeles. Una vez que las explotan salvajemente y ya no les sirven, esas mujeres van a las rotondas, a los descampados, a la calle, al mundo de las adicciones para soportar la situación. Estamos hablando de esclavas sexuales.

¿Por qué si los gobiernos y la policía saben que en los burdeles hay víctimas de trata no se cierran?

Porque no hay voluntad política.

¿Hay recursos sociales disponibles para que cuando una mujer es rescatada pueda rehacer su vida?

Cuando se rescata a una mujer, afortunadamente, hay muchas asociaciones que trabajan muy bien. Pero no hay oportunidades reales. Una mujer que ha venido porque no tiene para darle de comer a sus hijos lo que necesita es un trabajo. Y si tú no le ofreces trabajo al final acaban en el círculo de la prostitución: vendiendo droga en los clubes, en la calle, de mamis (encargadas de controlar a las mujeres prostituidas en los burdeles). No se puede salir de un círculo del que sólo se sale con oportunidades reales.

¿De qué manera ha afectado a la trata de mujeres para la explotación sexual la legalización de la prostitución en aquellos países donde se ha legalizado?

En países como Holanda y Alemania, donde está legalizada la explotación, tú miras informes de la policía de Ámsterdam y dicen que tienen narcociudades. Tú le has dado una herramienta legal a los proxenetas. Lo que la gente no entiende es que el abolicionismo no es prohibicionismo. Si tú eres libre, mayor de edad, si no tienes a nadie que te explote, nadie te impide que ejerzas la prostitución. La abolición va contra las mafias, contra el proxenetismo y contra el demandante para educar que no puedes comprar a un ser humano.

¿Ha corrido peligro en alguna ocasión?

No.

Yo creo que sí pero en un acto de generosidad se niega a poner el foco en usted.

Es que tú me convertirías en protagonista.

No.

Sí, todos los periodistas lo haríais. Pondrías un titular: “Mabel Lozano la han amenazado y tal”. Y entonces yo quitaría el foco de lo importante, que son las mujeres. Yo al final vivo en España, en un Estado garantista, soy cineasta. Estoy en Colombia, en Bolivia, pero vuelvo a mi casa, a mi círculo de confort. Sería muy egoísta por mi parte poner el foco en mí, cuando lo importante no es eso. Lo que me haya pasado a mí no tiene ninguna importancia.

¿Miguel, el exproxeneta que ha sido su confidente, ha tenido problemas tras confesarle cómo operan los proxenetas?

Sí. Ha sido muy valiente. No es lo mismo que él hubiera hablado de las mujeres, cómo las explota, cómo las exprime, cómo es el sistema de captación, eso a los proxenetas les hubiera dado igual porque les dan igual las mujeres, porque para ellos las mujeres tienen menos valor que un refresco que venden en los burdeles. Lo que les ha importado y hecho daño es que hemos puesto a las fuerzas de seguridad del Estado 50 casillas por delante de los proxenetas en el parchís, porque hemos contado cómo es el entramado, cómo los clubes no están a su nombre, sino al de testaferros, las complicidades, cómo los burdeles no reciben inspecciones. Miguel ha contado la impunidad y esa impunidad les hace mucho daño a los proxenetas.

Cuenta también que los proxenetas tienen complicidades con muchos alcaldes y con clubes de fútbol de municipios pequeños.

Sí, la trata, los burdeles de municipios pequeños llegan a financiar a los equipos de fútbol locales y fiestas patronales y a cambio no reciben inspecciones. Hay un artículo de una madre orgullosa enseñando la camiseta de un equipo de fútbol infantil patrocinado con el dinero de la trata. Lo que cuenta ‘El Músico’ es la complicidad y la impunidad con la que campean, cómo es el blanqueo y las complicidades con abogados y hasta con el Estado. Desde hace 25 años que empezó la trata, nadie ha hecho nada. Ni este gobierno, ni el anterior, ni el otro.

¿Cómo se acabaría con la trata en España?

Con una ley abolicionista, con mucha educación a los jóvenes, con mucha formación a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y, sobre todo, con una ley que tipifique todas las caras del proxenetismo. En España, el proxenetismo consentido no está tipificado como delito. En España el proxenetismo sale muy barato, tenemos leyes muy laxas. Hay que legislar contra los amos de vidas ajenas, contra las mafias, nunca contra las mujeres.

¿Por qué no le gusta usar el término putero para referirse a los demandantes de prostitución?

Porque yo no trabajo con putas, trabajo con mujeres prostituidas. Si entiendo que la mujer con la que trabajo no es una puta, sino una mujer prostituida, el demandante no es un putero sino un prostituyente. Yo no puedo estigmatizar una vez más a las mujeres.

 

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