La monarquía y el Régimen del 78 impiden cualquier proyecto digno para el futuro de Castilla y del conjunto de Pueblos del Estado español.

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La Fiscalía Anticorrupción y en general las administraciones de este Estado corrupto y protofascista, incluyendo la Hacienda Pública, han decidido que no hay nada que investigar en relación con las grabaciones de Corinna, una de las ex-amantes del rey Juan Carlos I, hechas públicas hace unas semanas. En ellas se relataban algunas de las fechorías de este personaje, nombrado por Franco para sucederle en la Jefatura del Estado a título de rey, alegando que no ofrecían credibilidad. Bien saben, conociendo su trayectoria, que esas conversaciones en las que se denunciaban diversas y nuevas fechorías del rey emérito tienen una absoluta credibilidad. Lo ocurrido es simplemente una expresión más de que este Régimen está podrido hasta la médula.

La hasta ayer Ministra de Sanidad, la Sra. Montón, ha sido un personaje puesto en el punto de mira por los sectores más vinculados a los procesos de privatización del Sistema Sanitario Público, que no le perdonan entre otras cosas la reversión del hospital de Alzira al sector público, proceso realizado siendo la Sra. Montón Consejera de Sanidad del País Valenciano; y también por el lobby del gay-capitalismo por su posicionamiento en contra de los vientres de alquiler. Montón se ha visto obligada a dimitir por un máster realizado en la Universidad Rey Juan Carlos, cuestión que le ha venido por cierto como anillo al dedo al Gobierno de Pedro Sánchez, porque le ha permitido opacar en los medios de comunicación la impresionante movilización, de un millón de personas, a favor de la República Catalana, así como hacer acopio de argumentos de cara a las exigencias de dimisión sobre Pablo Casado.

La Universidad Rey Juan Carlos, cuyo nombre es muy coherente con las prácticas sistémicas de corrupción que parece que allí se dan, está apareciendo como una fábrica de certificaciones “académicas” para mejorar los currículum de l@s polític@s profesionales, prescindiendo del menor rigor en cuanto a los auténticos méritos académicos se refiere. Aunque seguramente, con mayor o menor intensidad, estos procedimientos no son exclusivos de la Rey Juan Carlos. Si algún día se hiciera una investigación sobre cómo se desarrollan los másters en diversos centros académicos u otras actividades formativas y de investigación en una buena parte de las universidades españolas, nos encontraríamos entre otras cosas con las razones del porqué, exceptuando alguna de Cataluña, no hay ninguna institución académica en el Estado español que se encuentre entre las cien mejor valoradas de Europa. Amig@s, esto es España bajo el dominio de los Borbones. Fernando VII, uno de los representantes más “cualificados” de esa familia de golfos y tarados que tan buen servicio cumplen y han cumplido a la no menos tarada y golfa clase dominante española, mantuvo cerradas durante varios años todas las universidades del territorio porque las consideraba un espacio de riesgo para la reproducción de su poder.

La derecha española se mueve entre el grito de “Viva la muerte, muera la inteligencia” de Millán Astray y el de “Viva la corrupción, muera la inteligencia” del sector más pragmático de esa misma clase dominante. Desde luego, lo que tienen en común es su odio a la inteligencia y todo lo que ello significa en su sentido más amplio.

Es bueno recordar el lema del intelectual más importante de la derecha española, Ortega y Gasset: “que inventen ellos”, refiriéndose a Europa. Eso cuando en el tránsito hacia el siglo XX España como provecto nacional apareció tal como era y como sigue siendo: un cortijo al servicio de los señoritos de siempre y de algunas nuevas incorporaciones por los servicios prestados; y sin ninguno de los atributos que se entiende debería de tener un Estado moderno.

El Régimen del 78 y la monarquía que lo cohesiona no hacen sino garantizar la reproducción de ese estatus de atraso, de corrupción, de perversión en todos los planos. El Régimen del 78 y la monarquía borbónica son un impedimento global para el avance democrático y civilizatorio de los Pueblos del Estado. Es por tanto una obligación moral y social derribarlos. Y eso solo se puede hacer una manera: a través de la lucha y de la organización popular. Solo con la movilización popular podemos derrotar a este Régimen inmoral que impide la construcción de un futuro digno para nuestros pueblos. A partir de ahí podremos empezar a construir aquello a lo que tenemos derecho: Repúblicas y justicia social.

 

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