¿MAFIA BORBÓNICA O REPÚBLICA COMUNERA?

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En los últimos tiempos se puede observar cómo l@s apologetas del Régimen del 78, especialmente en su zona mas templada, han ido variando su discurso. Ya no nos cuentan que Juan Carlos I fue el que trajo la “democracia” a España; que la Transición del franquismo al post-franquismo fue un modelo virtuoso de alcance global; que el Estado Autonómico español da más competencias a las Comunidades Autónomas que cualquier Estado Federal a nivel mundial; o que por supuesto la calidad democrática de éste Régimen, incluida la separación de poderes, era de un nivel similar o superior a la de cualquier democracia parlamentaria europea. Mentiras tan burdas no se pueden sostener indefinidamente.

Ahora algun@s aceptan que hay algunos defectos de origen y que es posible que haya cosas que se deban de mejorar, o que incluso Juan Carlos I no era tan ejemplar como nos contaban, a sabiendas que no lo era. Pero a pesar de esas impurezas, nos dicen que el aún vigente Régimen del 78 es el mejor “invento” que se podía hacer para sustituir al Régimen del “movimiento nacional” construido contra la República, después de una guerra criminal contra los Pueblos del Estado, con una participación mayoritaria de ejércitos extranjeros nazi-fascistas, en lo que a ese llamado bando nacional se refiere.

Parecería una obviedad que esa Transición de dictadura a democracia se hubiera articulado a través de un proceso constituyente dirigido por un gobierno provisional de amplia representación democrática. Proceso en el cual se hubieran resuelto entre otras cosas, lo referente a la forma de Estado: monarquía o república; la organización territorial; el modelo económico… Pero no, aquí no hubo ningún proceso constituyente. Hubo unas elecciones generales convocadas por un Gobierno del antiguo Régimen, presidido nada más y nada menos que por el secretario general del movimiento, el Sr. Adolfo Suárez.

Después de esas elecciones generales del 15 de junio de 1977, se constituyó una comisión constitucional que sabía muy bien cuáles eran los límites de su trabajo. Entre otras cosas no tocar a la monarquía y rechazar tajantemente cualquier planteamiento democrático en lo referente a la cuestión nacional en el Estado español, por poner dos ejemplos.

Ya por aquel entonces amplios sectores de la población, especialmente entre el pueblo vasco, gallego y catalán, pero también en Castilla o Andalucía, rechazaron esa jaleada (por el Sistema) transición de la dictadura a la post-dictadura. No se consiguió el objetivo en aquella coyuntura histórica de los años 70 y 80 del pasado siglo de obtener la correlación de fuerzas suficientes para conseguir poner en marcha auténticos procesos constituyentes que condujeran a un auténtico sistema democrático. Sin embargo sí que sirvieron tales años para consolidar a aquellos movimientos de resistencia democrática y una base social lo suficientemente sólida para que, con el paso de los años y teniendo en cuenta la previsible dificultad progresiva para ocultar por mucho tiempo las taras y auténticas perversiones del Régimen del 78, y con la consiguiente pérdida de legitimidad y apoyo social a este, fuera factible la planificación de un auténtico cambio democrático.

La corrupción, la falta de calidad democrática, la ausencia de una auténtica separación de poderes, el autoritarismo, la represión como única alternativa a todos los problemas de naturaleza política… no son cuestiones accidentales, no; son cuestiones intrínsecamente unidas a la naturaleza del Régimen del 78, porque este es el fruto de un cambalache con el Franquismo. Y es por ello que en nuestra anterior editorial decíamos que estaba muy bien sacar a Franco del Valle de los Caídos, pero que lo que realmente hace falta es depurar al Régimen del 78 del Franquismo conceptual y estructural que pervive en él. Y ello sólo podrá ser posible mediante un auténtico proceso constituyente.

Hay todo un sector, que se visibiliza muy especialmente en el mundo mediático, que se opone a que tal proceso se produzca, aunque teóricamente se sitúen en el mundo progresista. Para estos apologetas del Régimen del 78 con discurso cambiante, si bien es cierto que las cosas no son perfectas, las incertidumbres y peligros que acarrearía un proceso auténticamente constituyente pesan mucho más que “los pequeños déficits” del actual Régimen. No hay que decir que esa posición está sustentada en el estatus de privilegio social y económico del que han gozado y siguen gozando con el actual Régimen; y que intuyen desaparecería si tuviéramos una auténtica democracia que no puede tener otra forma que la republicana. Perderían su papel de cortesan@s o bufones.

Obviamente el discurrir de la historia no les acompaña; cada vez más amplios sectores sociales están dispuest@s a comprometerse en un proceso de cambio, de búsqueda de alternativas que den nuevas oportunidades individual y colectivamente. Ello no por aventurerismo, sino por la imposibilidad cada vez mayor de vivir con un mínimo de dignidad material y espiritual bajo este Régimen monárquico-mafioso.

Durante un tiempo se puede esconder la basura debajo de las alfombras, pero hay un momento que no hay suficientes alfombras para esconder tanta basura. Ese momento ha llegado. Los defensores del Régimen están desconcertados. Unos recurren al más puro estilo falangista-franquista, compitiendo entre ell@s para ver quien da más. Otr@s inventan alternativas que quizás hace 10 o 15 años les podrían valer, pero ya ha pasado su tiempo. Si no fuera porque es un auténtico drama simplemente sería para un ataque de risa.

Desde los movimientos populares republicanos se va avanzando y madurando. El proceso soberanista-republicano catalán ha abierto una ventana de oportunidades. Pero para conseguir derrotar a la mafia monárquica del 78 es necesario articular un auténtico y potente movimiento republicano en Madrid y en el conjunto de Castilla. En ello andamos.

Izquierda Castellana

Castilla, a 5 de septiembre de 2018

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