Un escenario lleno de incertidumbres

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 Vivimos en una época en la que las certidumbres son cada vez menos y las incertidumbres cada vez más. Esta circunstancia no es para nada nueva en la historia de la humanidad; por el contrario, podríamos decir que al menos en los aspectos políticos, económicos, demográficos y de salud, las incertidumbres han sido la pauta común en extensos periodos históricos. El ciclo de varias décadas que se abre con la derrota del nazi-fascismo en la II Guerra Mundial con el protagonismo clave de la URSS, y que se cierra con la caída de esta en la década de los noventa del siglo XX, se caracterizó sin embargo por la previsibilidad relativa de las cosas a nivel global, aunque por supuesto fue una etapa histórica que estuvo atravesada por conflictos extensos e intensos en diferentes regiones del mundo. En aquella certidumbre tuvo que ver lo que se decía en los años sesenta y setenta del siglo XX acerca de la destrucción nuclear mutua asegurada entre EEUU y la URSS, que dificultaba en gran medida el que se desencadenara un conflicto global entre las dos grandes superpotencias. Ahora ese escenario de destrucción mutua también está asegurado y, sin embargo, la política guerrerista del presidente de EEUU es más agresiva que nunca, especialmente hacia China.

La existencia de la URSS como superpotencia junto con los EEUU no era sólo un elemento con repercusión militar, sino político y social de primer orden. Se trataba de una época, aunque casi nadie parezca interesado en recordarlo, en que se decía -y era cierto- que el socialismo, aunque fuera en formas muy primarias y a veces circunstanciales, avanzaba sin cesar. Así ocurría en África, en Asia y en Latinoamérica en los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo XX.

En lo que se llamaba por aquel entonces el Primer Mundo o Mundo Desarrollado, especialmente en Europa Occidental, el capitalismo se veía forzado a hacer importantes concesiones a las clases populares: sanidad y educación pública, sistema de pensiones y seguro de desempleo… es decir, un conjunto de prestaciones sociales que vinieron a configurar lo que se denominó como “Estado de bienestar”, en contraposición a los estados socialistas; ello con la finalidad de mantener a las clases populares en el ámbito del capitalismo. Las fuerzas comunistas tenían mucha influencia en varios países de Europa Occidental, y el crecimiento de las organizaciones socialdemócratas o la reconducción de las organizaciones comunistas a esos planteamientos ideológicos-políticos exigía tales políticas de concesiones a las clases populares.

El socialismo, incluso el realmente existente en la Europa del siglo XX, incorporaba algo de primordial importancia para la especie humana y el pequeño mundo que habitamos: la planificación, aunque esta fuera con frecuencia defectuosa. Ese concepto de planificación estaba plenamente incorporado a los valores culturales del socialismo. A estas alturas la planificación, incluyendo la relativa a la supervivencia de nuestro hábitat, cada vez se practica menos. Esta cuestión, asociada al desarrollo del neoliberalismo capitalista-imperialista, son en muy buena medida las que nos han metido de lleno en esta coyuntura histórica llena de incertidumbres.

Para las personas y organizaciones que luchamos por cambios profundos que ofrezcan posibilidades reales para solucionar los tremendos problemas que hoy ocurren en nuestro mundo, no hay otra alternativa que ir a la raíz de tales problemas. Y en ese sentido, un escenario de incertidumbre favorece la puesta en marcha y el apoyo social a esas líneas de trabajo. También es obvio que la incertidumbre no es el estado deseable para la humanidad y su hábitat, pero hasta aquí nos ha traído el neoliberalismo; y además cada vez de una forma más intensa y brutal. Y una vez instalad@s en esa coyuntura, tenemos que aprovechar al máximo su potencial transformador.

El imperialismo, sus terminales ideológico-culturales y políticos buscan, con la colaboración plena del entramado mediático a su servicio, impedir la articulación de respuestas globales a la situación actual a nivel nacional, estatal o regional. Una de sus estrategias preferidas, presentada con frecuencia con rostro progresista, es la del fraccionamiento de las luchas sociales y muy especialmente de la lucha política, creando antagonismo entre l@s diferentes sujetos para llevar a buen puerto un proyecto revolucionario transformador, prácticas que debilitan la lucha en común, absolutamente imprescindible para alcanzar la victoria.

Todo movimiento popular tiene importantes contradicciones internas que hay que saber resolver para que ese proceso no se quede vacío como un cascarón. Pero la clave es precisamente esa, resolverlas, y no elevarlas a la categoría de antagónicas. En esa tesitura no sería posible llevar adelante un proyecto revolucionario de cambio y por tanto estaríamos haciéndole un gran favor al enemigo.

El histórico lema de “socialismo o barbarie” de nuevo está de plena actualidad práctica y esto se irá constatando en el inmediato futuro. Durante un tiempo la barbarie es la que va a avanzar, la correlación de fuerzas no nos permite impedirlo ahora mismo. Con el paso del tiempo, el menor posible y en función de nuestro trabajo, las tornas cambiarán.

Es fundamental conocer bien la historia, porque el futuro se construye sobre el presente aprendiendo del pasado. Hay una época histórica con grandes similitudes de fondo con la actual, aunque por supuesto con significativas diferencias formales y de protagonismo principales: se trata de los momentos de ascenso del nazi-fascismo en los años veinte del pasado siglo. Aquella época también estaba llena de incertidumbres y estas, precisamente, fueron una de las bases sobre las que se construyó ideológica y políticamente el propio nazi-fascismo, pero también fue una de las bases sobre las que se construyeron proyectos revolucionarios y transformadores. Un mismo ambiente puede generar lo peor y lo mejor socialmente hablando, depende en lo fundamental de la ‘inteligencia’, de la capacidad política y de la organización de las diversas corrientes y sujetos sociopolíticos.

Si en estos momentos hay pocas certidumbres, lo que si hay de forma muy clara es una agudización de forma extensa e intensa de las contradicciones sociales y políticas, a nivel local, regional y global. Contradicciones que se hacen cada vez más antagónicas y que no se podrán resolver sin un cambio profundo en el escenario a todos esos niveles.

El 16 de agosto de 2018 Vicent Navarro publicaba en el diario digital Público, un articulo titulado Las falsedades de la supuesta recuperación económica promovida por el pensamiento neoliberal dominante en el que se incorpora una reflexión sobre la desregulación de la fuerza de trabajo a nivel global y sus repercusiones sociales y políticas en Europa. Nos parece del mayor interés por ser de las pocas reflexiones serias que se han hecho desde una perspectiva progresista de este dramático problema:

…El nacionalismo, por ejemplo, es una protesta frente a la globalización. Su antiinmigración es un indicador de rechazo a la globalización del mundo del trabajo, en respuesta a su ansiedad y temor a la pérdida su empleo o a la dificultad en encontrarlo.

…Es característico del establishment político-mediático definir como “retrógrados” y “basura social” -como hizo la Sra. Clinton- estas protestas de los que se han opuesto a las medidas neoliberales que han dañado enormemente la calidad de vida de las clases populares. En realidad, era fácilmente predecible que Trump ganaría las elecciones …”

Si ese es el panorama a nivel global, a nivel del Estado español las cosas son similares pero especialmente agudizadas. El bloque dominante español, y muy especialmente su “inteligencia”, no tienen el futuro nada claro, no hay más que ver los editoriales de El País o los artículos de opinión de sus oráculos, por ejemplo el de Juan Luis Cebrián el lunes 20 de agosto titulado “La tregua y el consenso constitucional”.

En los años veinte de pasado siglo, los Pueblos del Estado español respondían al avance del nazi-fascismo derrotando a la monarquía borbónica, proclamando la República e instaurando el gobierno del Frente Popular. Enfrentándose después a ese nazi-fascismo de forma absolutamente coherente y digna en la guerra antifascista de 1936-1939, ejemplo para los pueblos del mundo y sin cuya experiencia difícilmente se hubiera derrotado aquel proyecto criminal en la II Guerra Mundial.

Estamos en un momento clave, la victoria contra el Régimen Monárquico-postfranquista del 78 es perfectamente posible, pero la derrota también. Solo nuestra inteligencia, capacidad política y organizativa, determinará el resultado final. En los últimos tiempos se han dado muchos pasos adelante, pero este próximo otoño tiene que ser el avance definitivo para la proclamación de la República.

Izquierda Castellana

Castilla a 21 de Agosto de 2018

 

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